Foto: Óscar Jiménez

Óscar Jiménez

Guanajuato.- Alfredo enclava la mirada hacia la izquierda. Parece recordar algo mientras pasa suavemente las yemas de los dedos por el costado del nudillo; ahí tiene un pequeño tatuaje, inentendible, despintado, pero que parece desvelar con cierta nostalgia. Dice, se lo hizo cuando era un “puberto” con una aguja para pespuntar.

El tatuaje ya es mucho más que eso.

En los últimos 20 años, en Guanajuato —y en muchos lugares del mundo— se pasó de esa práctica informal, primitiva e improvisada de Alfredo a toda una industria; el tatuaje ha proliferado en brazos, piernas, torso de cientos que ahora lo ven como un arte que entrelaza simbología, cierto misticismo… y ¿por qué no? Todavía ciertas ‘críticas’.

La Secretaría de Salud del Estado de Guanajuato mantiene en sus registros un total de 212 estudios de tatuajes con permisos para operar en la entidad. A ellos, hay que agregar un puñado casi igual de quienes lo hacen en la informalidad y clandestinidad, con todo lo que ello implica.

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El primero de esos centros llenos de cuadros, tinta, un olor peculiar y el chirriante taladrar de las pequeñas máquinas con ligas, y que por supuesto, ‘colindan’ con lo que pudiese entenderse como semiología, se tiene registrado desde 2002 en Guanajuato. Es el Centro de Tatuajes ‘Acadermia Lupita’, con ubicación en Salamanca y del que no hay siquiera referencia digital.

“Ha cambiado bastante, ha evolucionado en todos los sentidos, desde la adquisición del material hasta la misma mentalidad de la gente ha cambiado; antes era muy difícil encontrar un estudio y ahora parecen hasta tienditas”, dice Toño Rogers de Eternal Ink, un local del centro de León que te recibe con una colorida entrada decorada con el diseño de una daga que se enclava en un corazón, papel picado y cempasúchil, por eso de las fechas.

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Detrás de Toño, mientras habla, se observan cuadros de todos tamaños. Tienen una peculiaridad: son diseños propios que van desde lo que podría entenderse como surrealista, hasta esos que combinan el concepto tradicional (u old school) con anclas, corazones, espadas u otros simbolismos. Por eso surge la pregunta de cómo se ha transformado la concepción del cliente, ¿qué pide ahora?

“Hay cambios muy drásticos porque lo de antes era lo tradicional o los tribales, pero ahora hay muchos estilos como la acuarela, otro que es el trash polka que es una combinación de líneas y manchones de colores que ni siquiera tiene una coherencia en diseño, y eso llega a ser una tendencia”.

“Obviamente irá creciendo, porque la gente se está abriendo; ahora las nuevas generaciones están creciendo con papás tatuados y antes era súper raro que alguien tuviera un papá con tatuajes. Ahora esa generación lo está viendo como algo cotidiano”.

La balanza de la proliferación y el talento

Foto: Óscar Jiménez

Hay dos conceptos que ahora reinan —como yuxtaposición— dentro de la industria del tatuaje: la proliferación y el talento.

Por un lado, aunque se especifica como ‘benéfico’ lo cierto es que, por ejemplo, tan sólo en León, según datos de la Secretaría de Salud existen 68 lugares con el permiso para tatuar. En Irapuato hay otros 18 y en Celaya, 17 más que abren sus puertas a diario para recibir curiosos, atrevidos o idealistas, según sea el caso.

Aunque esto pareciera abonarle al tatuaje por la ruptura de la estigmatización, Toño que lleva décadas dedicándose a estampar diseños en la piel, hace ver que llegará un momento en el que existan tantos tatuadores certificados en Guanajuato que no habrá trabajo para todos. Sí, es una tendencia, pero también, un talento.

Y es justo eso: sobrevivirán los del talento con las agujas.

“Mucha gente lo ve como si fuera fácil, y que es costoso, y creen que lo van a hacer fácil y ganar mucho dinero de ello”, considera Toño, “Se está perdiendo el respeto del tatuaje y mucha gente lo hace ya casi en su casa, y es faltarle un poco el respeto a lo que se denomina como la vieja escuela que estuvo batallándole porque antes no había tanta información más que el boca en boca”.

“Hay lugares que casi regalan el trabajo; en algún punto digo que cómo le hacen porque deben de pagar renta, luz, agua, todo, y te hacen trabajos grandes por 600 u 800 pesos (…) hay gente que puede tener agendas llenas pero quizá sea por esos trabajos baratos, y en otros casos sí hay gente ya muy reconocida a la que en verdad se le sigue por su trayectoria”.

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Por ahora, los estudios de tatuaje, que existen en 26 de los 46 municipios del estado de Guanajuato han sucumbido —en diferente medida— los estragos de la pandemia; la clientela disminuyó durante el último año a pesar de la proliferación, ‘la moda’ o los eternos recuerdos de un arte que entrelaza al punk, al rock o cualquier otra forma de expresión social.

Sea como sea, atravesó ya, del motorcito de coche de control remoto, la base de una pluma y una cuerda de guitarra que servían para tatuar junto a cualquier tipo de tinta (principalmente la china) a una industria que lo tiene todo: tutoriales en youtube, ‘cartuchos’ en lugar de las viejas maquinarias, y muchos, pero muchos locales donde ya no se concibe el tatuaje como aquello que Alfredo se hizo en la mano con una aguja para pespuntar.

Una generación que ‘sí se raya’

Desde hace 10 años, particularmente, el tatuaje ha tenido una exposición mayor. Un boom que ahora no entiende mucho de edades (sólo se condiciona la mayoría) y que inclusive, genera fila frente al mostrador de recepción de chicas adolescentes que quieren un diseño pequeño.

Así ha crecido la nueva generación. Se corrobora al otro lado de la ciudad, en el ‘Ponx’, otro estudio certificado de tatuajes liderado por artistas como Manu o Qorn. En su caso, la SSG les registró con ese concepto desde 2011, aunque el trabajo en el área había comenzado desde antes.

“Se ha modificado mucho en los últimos años; veo que cada vez la gente se tatúa más y ya no les importa mucho el qué dirán o que no den trabajo en algunos lugares. Incluso en los trabajos ya no son mal vistos y son parte de una ley de que no te pueden quitar la oportunidad de laboral”.

“Las generaciones que no ven bien el tatuaje ya son generaciones viejas; estamos en un tiempo donde el mundo empieza a pensar diferente; simplemente es aceptar el tatuaje, las perforaciones o cualquier tipo de cosa que antes te impedía laborar en una empresa”, considera Israel García, mejor conocido en la industria como ‘Qorn’.

Pero, así como se han multiplicado los centros de tatuaje en el Bajío, también las condicionantes, ya que los trámites implican avisos de funcionamiento, tarjetas de control sanitario, libretas foliadas, cuestionarios, cartas de consentimiento, contrato para retiro del RPBI, entre otras, que cuestan para los que ofertan el servicio. Aún así, sólo se presentó una sanción a un estudio en el 2020, así como 3 en 2019 en Guanajuato.

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“Como tatuadores tenemos una responsabilidad enorme, porque estamos cambiándole la apariencia a la gente, y eso es por el resto de la vida, por eso es una gran responsabilidad y se tiene que hacer lo mejor posible para que con el tiempo se vea bien”.

“El interés del tatuaje últimamente ha sido por los medios de comunicación, la televisión, las redes sociales; se sacan a la luz a las personalidades con tatuajes que llaman la atención y creo que eso ha ayudado mucho”, señala el propio Qorn, que recientemente cumplió 11 años de estar cercano a la labor del tatuaje, aunque reconoce que a pesar de todo, los tatuadores nunca dejan de aprender; salen nuevos estilos, tintas, máquinas, y un sinfín de herramientas que vuelven coloridas las expresiones en la piel.

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