Centella Verde Jr., junto a su esposa, confeccionan las máscaras de lucha libre que usarán los nuevos talentos en León

Óscar Jiménez
León.- Le dicen ‘El taller de los sueños’. Es la cochera de una casa al norte de la ciudad que se ha adaptado como fábrica de máscaras para luchadores. En una de sus paredes hay decenas de tapas emblemáticas en donde destacan, entre otras, las de Wagner, Solar o Los Brazos. Hay también muchos pliegues de tela, figurillas enmascaradas y una unión familiar que se entretejió a partir del pancracio mexicano.

Ya fuera de entrevista, Lupita confiesa que ella no sabía -ni le interesaba- nada de la lucha libre mexicana. Pero el destino le puso por enfrente una prueba irrefutable: se casaría con un luchador leonés conocido como Centella Verde Jr., de la dinastía de enmascarados que aún compaginaron con la época gloriosa de la Arena Isabel de finales de los 80.

No hubo de otra más que apechugar. Como familia y tras el paseo de la carrera luchística de Centella Verde Jr., ambos decidieron poner una pequeña fábrica de máscaras profesionales. Sí, ese al que le llaman el ‘Taller de los Sueños’. Ahora ha cumplido casi 18 años de estar en funciones, y ninguno de los dos se arrepiente a pesar de que, al inicio, el camino fue pedregoso.

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Foto: Óscar Jiménez

Un largo camino al éxito

“Le batallamos un poquito con la intención de no parecernos a ningún otro mascarero”, dice Centella Verde Jr., quien tuvo una primera máquina para pespuntar y con ello fue suficiente para arrancar el negocio. Le enseñó algunos ‘trucos’ a Lupita y ahora forjan una pareja irrepetible abajo del cuadrilátero.

La primera máscara que hicieron fue la de Rikochet. Aunque eso sí, los cortes, colores y calidad han cambiado desde entonces. A base más de esfuerzo que de cualquier otra cosa.

“Él me iba diciendo. Hubo un momento en el que me desesperé porque la tela se estiraba, o el hilo tronaba. Yo decía que ya no quería y vendimos la máquina, y hasta que lo volvimos a intentar”, cuenta Lupita Ramos.

Pero pareciera que la ciudad de León está destinada a ser ese punto de encuentro con la lucha libre. Al menos desde la creatividad de los mascareros. Desde acá surgió la primera familia dedicaba al arte: los Martínez. Aunque han forjado prácticamente toda su dinastía en la Ciudad de México, cuentan con raíces leonesas.

Actualmente, la confección continúa a manos del equipo de Centella Verde Jr. en el ‘Taller de los Sueños’, pero también hay algunos otros que lo intentan como Águila de Fuego, Espíritu, o cerquita, en Lagos de Moreno, Raúl Urquieta. Mascareros que no dejan morir la tradición.

“Ahora es al revés, yo estoy haciendo máscaras para luchadores de México”, cuenta Centella Verde Jr., que ya tiene preparado un modelo de la emblemática máscara de Solar que le entregará en próximas fechas. “Estamos ya en esa parte de los mejores mascareros de México”, dice.

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Foto: Óscar Jiménez

Muchas máscaras y muchos ‘secretos’

Afuera de las arenas de lucha libre, los vendedores traen consigo una infinidad de máscaras. Como si realmente cargaran las mil máscaras de ‘Mil Máscaras’. Pero el arte de enmascararse es mucho más que eso.

De acuerdo a lo que exponen Centella Verde Jr. y su esposa Lupita, hay distintos tipos de ‘tapas’: las profesionales, semiprofesionales, las oficiales, entre otras. En todas, depende la calidad, el luchador, la consagración del mismo y otras tantas condiciones para ponerle un valor. Pueden costar desde los 200 pesos, hasta las que se subastan por 5, 10 mil pesos o más.

“Se considera una máscara profesional que tiene refuerzos, el terminado meramente profesional. Hay semiprofesionales que llevan costuras. Una máscara oficial es la que te vende el luchador. A la máscara el propio luchador es el que le da valor. Usada y luchada tiene más valor. Los precios de una máscara autografiada y luchada son exorbitantes”, señaló Centella Verde Jr.

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Foto: Óscar Jiménez

Centella añora los tiempos clásicos

Los personajes enmascarados en México, sin embargo, tuvieron un antes y un después en la época de los Villanos. Ellos establecieron una nueva paleta de colores: usaron el rosa y el morado por primera ocasión. Igualmente, contribuyó Mil Máscaras.

Esa ‘personificación’ ha impactado de tal manera a grado que los jóvenes ahora se suben al ring ya tienen una idea desarrollada, aun cuando ni siquiera saben los conceptos básicos de la lucha libre. Ante ello, Centella Verde Jr. coincide que se han perdido valores fundamentales del deporte como el llaveo y el contrallaveo. Pese a ello, está dispuesto a abrir el ‘Taller de los Sueños’ a quien necesite encapucharse.

“Cómo añoro la Arena Isabel, de verdad. Ahí nos forjamos muchos luchadores”, recuerda. Pero ahora se centra en el negocio que ha montado desde hace casi dos décadas junto a su esposa.

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Foto: Óscar Jiménez

Ahora ayuda a ‘vestir de gala’ en los encordados. “Le llamamos el taller de los sueños (…) Llega el luchador y dice, ‘traigo esta idea’ y nosotros comenzamos a desarrollar su idea”.

“La lucha libre ha cambiado mucho. A mí todavía me tocó eso que se le llamaba llaveo y contrallaveo, con muy pocos lances. Yo fui de los pioneros en León de los que comenzamos a echar varios brincos. Ahora en la actualidad muchos muchachos no se preocupan por llevar una lucha a buen término solamente con llaveo, sin brincar. Muchos muchachos son muy buenos, pero repiten lo que ven en la tele. Hacen falta promotores que les guste la lucha libre, que se arriesguen. Hace falta quién se anime y tenga los recursos para hacer una función de lucha libre”, resaltó.

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