Los creyentes de la Santa Muerte en Irapuato salieron a las calles para celebrar su devoción y pedir respeto a sus creencias

Nayeli García

Irapuato.- Decenas de creyentes de la ‘Santa Muerte’ salieron a las calles de Irapuato para rendirle honor a su beata, creencia para la que pidieron respeto y tolerancia, pues afirman que la gente llega a rechazarlos o considerarlos malas personas solo por su culto.

Este año, es el quinto en el que los adoradores de ‘La Niña’ realizan un encuentro regional en Irapuato. En él participan personas de varias partes de la región y hasta de los Estados Unidos, quienes conviven y reafirman su devoción para su santa.

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Juan Antonio Rodríguez, conocido como ‘El Ingeniero’, es el organizador de esta marcha, que recorre las principales calles de Irapuato. En ella dan a conocer su devoción y piden a la ciudadana que no los rechace. Esto ya que recordó que adorar a la ‘Santa Muerte’ sigue siendo mal visto por la sociedad.

Indicó que ‘La Flaquita’ es igual a todos los demás santos; sin embargo recalcó que es el único al que se está cien por ciento seguro que todos, creyentes y no, se van a encontrar al final de sus días. Debido a esto, en vida le ofrecen respeto y devoción, pues nunca los ha dejado solos, desde que empezaron a adorarla.

La historia del culto a la Santa Muerte

Aunque el culto a la Santa Muerte tal como se conoce hoy en día no va más allá de mediados del siglo XX, la veneración a la imagen esquelética tiene sus antecedentes en la época colonial. Así lo señaló la antropóloga del INAH, Katia Perdigón Castañeda, quien impartió un curso sobre el tema en el Museo Nacional del Virreinato en 2012.

De acuerdo con ella, durante la Colonia, el trabajo evangelizador se enfocó en preparar a devotos y conversos para recibir una “buena muerte”. Este concepto, junto con el del fallecimiento como castigo por el pecado de Adán y Eva y el del Juicio Final, dieron pie a una rica iconografía plasmada en el arte virreinal.

Así, es probable que los adoctrinados abstrajeran en estos elementos los conceptos cristianos acerca de la “buena muerte”; de modo que los convirtieron en motivo de culto.

“En la época colonial, la Iglesia católica vio como una herejía esta veneración hacia la imagen esquelética de la muerte. De acuerdo con documentos inquisitoriales de los siglos XVII y XVIII que pude consultar, las represalias no iban dirigidas a la gente involucrada, sino a la acción en sí. Incluso en 1797 se arrasó una capilla en el pueblo de San Luis de la Paz, donde se ejercía este culto”, dijo Perdigón Castañeda.

Ya en el siglo XIX, luego de la desamortización de los bienes de la Iglesia, que conllevó también la secularización de los panteones, los feligreses dejaron de comprender en buena parte el sentido católico de prepararse para el “bien morir”, y por ende de la imagen de la muerte.

“Así surgió una iconografía totalmente distinta. Por ejemplo, las danzas macabras y la representación del Triunfo de la Muerte se convirtieron en otra cosa, y se retomaron para realizar burla política. Esto lo comenzó el caricaturista Gabriel Vicente Gahona (‘Picheta’) en el sureste y años más tarde lo hizo José Guadalupe Posada, con la imagen de La Catrina”.

El culto actual surgió en los cincuentas

Salvo la imagen del esqueleto en sí, Perdigón Castañeda advirtió que la actual religiosidad popular en torno a la Santa Muerte, con sus características propias (un bricolaje de ideas, sincretismos y símbolos retomados lo mismo de la religión católica, la yoruba u otras), poco o nada tiene que ver con esa devoción virreinal.

“No sabemos quién lo impulsó, pero es posible que entre 1950 y 1960 circularan las primeras estampas con esta imagen y un rezo específico en el reverso. Para ese periodo quienes le oraban eran sobre todo personas que estaban en peligro de muerte; ya fuera por su estilo de vida o tipo de trabajo”, señaló.

“Lo mismo se acercan a ella (la Santa Muerte) amas de casa, que médicos o policías; sin embargo a finales de los años noventa, el amarillismo ha ligado su culto a grupos fuera de la ley o personas que viven o ejercen en las calles. Esto tras difundirse que el secuestrador Daniel Arizmendi, alias “El Mochaorejas”, capturado en esa década, era devoto de la imagen”, añadió.

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Katia Perdigón concluyó que esta devoción, que surgió en la región centro del país, ha cruzado las fronteras sur y norte, e incluso el Océano Atlántico, pues en Europa su iconografía es retomada como un elemento kitsch, de manera que es imposible pronosticar su duración. Esto porque se ha reactualizado y reestructurado, de acuerdo con las necesidades del momento y los gustos de quienes profesan estas creencias.

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JRP