Luz Zárate

Celaya.-Alfonso Zúñiga Ramírez, músico, compositor y profesor de 92 años de edad, ha compuesto más de dos mil canciones y será homenajeado por la Corporación de Intérpretes en Danzas y Bailes Folclóricos de México (DANBAFOLMEX) en abril.

Alegre y orgulloso de las muchas canciones que ha compuesto, de sus letras y su música, entre ellas varias dedicadas a Celaya y una a Tarimoro, cuenta que no estudió la primaria, pero se siente orgulloso de haber sido maestro de música durante 30 años y haberse dedicado a componer desde los 8 años.

La primera fue la melodía del ‘Pitayero’ y luego fue la letra y música de ‘La Tuna’, y a partir de ahí supo que tenía un talento para escribir y componer, que desarrolló con boleros románticos, sones, rancheras, trovas; al amor, el despecho, la desilusión, la melancolía, la alegría de vivir. De todo y para todos escribe.

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Es originario de la comunidad Rincón de Tamayo y lleva en la sangre ser músico, su abuelo le enseñó a tocar el violín, su mamá la mandolina, su papá el clarinete y su tía la guitarra, también sabe tocar el acordeón.

A los 11 años de edad su mamá murió y tuvo que emigrar su padre a Celaya, y se lo llevó a él junto con sus tres hermanas y un hermano menor.

Tuvo que ingeniárselas para conseguir un trabajo y a su vez tomar clases de canto y de música, sin embargo, no terminó ni la primaria. Cuenta que fue muy pobre y se complicó que pudiera asistir a la escuela, pero en su lugar desarrolló el talento por escribir y componer melodías.

“Hacía la letra y la música, yo puedo hacer una cosa de algo que esté viendo, sólo buscando las rimas. Se me hace muy fácil, se me viene a la mente de manera muy sencilla”, contó.  

Desde muy joven perteneció a varias agrupaciones artísticas, hizo varias presentaciones con su trío ‘Melódico’,  después cantó y tocó solo, formó una rondalla, participó en concursos y después de trabajar en actividades distintas, finalmente se le dio la oportunidad de ser maestro de esta asignatura en el Instituto Celayense, en la Casa de la Cultura, en la Preparatoria Antonio Madrazo y la Secundaria 12 en Cortazar, así como la Preparatoria Oficial en donde estuvo 30 años como profesor de la rondalla.

Formó la Estudiantina Celayense que a la fecha existe y cuyos alumnos lo visitan constantemente.

Toda su vida ha compuesto más de dos mil canciones, pero sólo tiene registradas 200 en la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM).  

El profesor Zúñiga es reconocido por sus melodías, su amor a la música, la dedicación que ha puesto a enseñar a sus alumnos, siempre ha sido alegre, pero uno de sus puntos de quiebre fue cuando murió su esposa Teresa Soldara, y compuso la canción ‘Estoy muy solo’, que al momento de tararearla y recordar a la mujer que lo acompañó 65 años se le quiebra la voz.

Sonriente cuenta que varias de sus canciones se las rompió su esposa porque era muy celosa y creía que se las componía a otra mujer, pero él dice que cualquier cosa, situación o persona lo inspiraba, incluso cuando le contaba alguna persona su historia, él comenzaba a tararear y formaba la letra y la música.

A sus 92 años, es ágil de cuerpo y de mente, es alegre, platicador, soñador, le gusta estar en dos lugares de su casa: un pequeño estudio donde compone y escucha música y donde pintó un mural al óleo, y en su recámara donde tiene su guitarra, discos, recuerdos y un balcón al que sale para inspirarse, observar la calle e incluso para los momentos de tristeza en que recuerda a su esposa y a sus 9 hijos (siete mujeres y dos hombres).

Desde hace dos años padece el síndrome de Parkinson que le ha generado temblor en las manos y eso lo hace sentir muy triste porque no puede escribir y tocar como antaño.

“Me está afectando la vista, la forma de caminar, al hablar, me tiemblan las manos, no puedo comer a veces, y mucho menos puedo tocar, es terrible. No me duele nada, pero sí me afecta, he escrito varias canciones de mi enfermedad y para mi esposa, una que dice: ‘estoy cansado, me haces falta’. Con esa me quiebro, me acuerdo de mi señora”, dijo.

Con lágrimas en los ojos, platicó que desde hace dos años se vale de la ayuda de sus hijas para escribir y componer sus canciones pues ya no le es fácil sostener el lápiz, tampoco puede tocar la guitarra, se las ingenia para tocar por algunos momentos y escribir poco a poco.

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