Las organizaciones sindicales en torno a General Motors Silao (GMS) se han metido en una dinámica de golpeteo entre ellas y contra la empresa, en aras de obtener en un futuro cercano el contrato colectivo de trabajo que perdió el sindicato ‘Miguel Trujillo López’ de la CTM. Mientras eso sucede, los trabajadores han tenido que enfrentar recortes salariales por los paros de la planta ante la carencia de componentes electrónicos en su producción de vehículos. Cosa de los tiempos, pero donde es necesario ver más allá por parte de los liderazgos obreros, que ante lo que creen tener frente a sus narices. No es solo buscar las ventajas personales que les significa ser líderes sindicales, es también pensar cómo se insertarán sus agrupaciones y afiliados en la dinámica de expansión de la empresa.

General Motors Company (GMC), bajo el mando de una mujer, Mary Barra, ha emprendido un esfuerzo por ser actor clave en la transición del auto de combustión interna al auto eléctrico y todo lo que implica esta revolución, que va más allá del consumible de cuatro llantas. A la par, reajusta su producción para mejorar sus ingresos y reducir sus gastos, de manera tal que desde 2019 dejó de invertir en autos pequeños, que no le generaban ganancias suficientes para enfocarse en los vehículos más rentables como pickups y los tipos SUV, claro, poniendo por delante el gran proyecto: los autos eléctricos. Por eso, las plantas de San Luis Potosí y Ramos Arizpe dejaron de producir los autos Sonic, Aveo y Cruze; en Asia, los Beat y Spark.

Y fueron más allá, llegaron a un acuerdo con una empresa china, SAIC Motor, para que ellos ensamblen autos tipo Aveo, Cavalier, Captiva, Tornado Van y Groove. Para comercialización en América, solo le ponen el logo Chevrolet. Ya no arman esos autos.

Pues bien, este mes, la GMC ha dado a conocer que piensa producir solamente autos eléctricos para 2035. Para ello ha comenzado a invertir 35 mil millones de dólares en modificaciones a sus armadoras, la creación de centros de investigación y fabricación de fuentes de poder para sus autos, que deberán estar listas en 2025. A inicios del año habían planteado canalizar 27 mil millones de dólares en ello, pero el aumento de ventas en este tipo de vehículos los llevó a aumentar la apuesta. Además, quieren superar a Tesla.

En México, esa inversión ha encontrado primer acomodo en la planta de Ramos Arizpe. Ya en 2022 estarán produciendo autos eléctricos. La gran pregunta es… ¿y Silao? Los liderazgos sindicales de GMS seguramente ya han de tener una idea clara de cómo será el proceso de transformación en su planta y cómo afectará a sus agremiados, cuál será el desarrollo de su capacitación y asimilación a los nuevos modelos de producción, cómo trabajarán ante la inteligencia virtual de los próximos años y obviamente en cuanto mejorarán sus percepciones, por esta actualización y por los efectos del T-MEC. O a la mejor no y solo les interesa la grilla sindical, de corto plazo. Porque hasta ahora, estos temas no pasan por su vocería.

Bueno, la planta de Silao ha producido estos años los modelos Chevrolet Cheyenne, Silverado y GMC Sierra, además de transmisiones. Por ello, para darles perspectiva para su prospectiva, la empresa ya prepara su reconversión para generar versiones eléctricas de las camionetas Chevrolet Silverado y GMC Sierra a finales de 2022 y finales de 2023, respectivamente.

Por ahora, el esfuerzo es en lograr que los autos tengan baterías con autonomía de mil kilómetros en una carga. Para ello, deberá estar listo su centro de investigación de baterías Wallace Battery Innovation Center, en construcción en Warren, Michigan, Estados Unidos, cuya misión central es diseñar y construir baterías para vehículos eléctricos que sean más duraderas, más rápidas de cargar y más sostenibles para el medio ambiente. Ya se encuentra en construcción y estará listo para mediados de 2022, según GM, y podría comenzar a fabricar prototipos de células para el cuarto trimestre de 2022.

La revolución ya está aquí.