El pasado jueves 19 de noviembre del año en curso, en la ciudad de León, según dan cuenta los medios informativos y la prensa, se cometió un crimen. Fue asesinado en su despacho un joven profesionista; un hecho atroz, que ha sacudido no sólo a la sociedad, sino al gremio de los abogados, al que pertenezco, se suma a la ya larga lista de homicidios de médicos, empresarios, reporteros, e integrantes de distintos sectores de la sociedad; que lamentan las desbordadas estadísticas de homicidios dolosos cometidos en la entidad.

La situación actual de inseguridad, violencia, corrupción e impunidad, es alarmante; nos obliga a reflexionar (tanto a las autoridades, como a los ciudadanos), sobre el verdadero origen y las causas que la provocan y poner un plan efectivo para disminuirlos. Graves problemas multifactoriales dentro de los cuales sin duda alguna, podemos señalar que son la pobreza, la marginación, el desempleo y el bajo nivel de educación.

Pero debemos abordar el tema con imparcialidad, seriedad, certeza, considerar los estudios que a través del método científico nos brindan las ciencias como la estadística, la criminalista y la criminología, así como recurrir a los datos duros sobre los diversos índices de pobreza, de homicidios, que elaboran instituciones reconocidas como la Coneval, o los datos que presenta actualizados sobre índice delictivo el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Presentar sólo un diagnóstico real del problema, no resolverá por si sola la situación. Es necesario subsanar las debilidades institucionales que adolecen nuestras autoridades en la procuración de justicia y prevención del delito. Es necesario, como en el alcoholismo, primero reconocer que tenemos el problema, para que cada quien haga su trabajo, nosotros desde el seno de la sociedad, los colegios de profesionistas se generen nuevas propuestas, que las autoridades estén abiertas y receptivas, para implementar nuevas políticas públicas que aseguren el bienestar y la armonía social, la eficiencia económica presupuestaria.

Una mejor distribución de la riqueza, mejorar e incentivar la planta productiva, y aumentar el pago de salarios a los empleados y obreros, que se encuentran por debajo de la línea de pobreza por ingresos, que se mejore la recaudación fiscal y la distribuya. Que disminuya la brecha entre ricos y pobres. Con una población de más de 5 cinco millones de habitantes, es una área de oportunidad ocupar en mejor lugar en desarrollo social; que la mayoría se encuentra bajo el índice de pobreza, desempleo urbano, con un bajo desempeño en salud y educación. Hace falta que nuestro gobierno se ponga las pilas, y haga su trabajo serio para revertir esa situación.

Entendiendo que el concepto de trabajo, desde el punto de vista de la sociología, como la ejecución de tareas que implican un esfuerzo físico o mental y que tienen como objetivo la producción de bienes y servicios para atender las necesidades humanas. La actividad dirigida a utilizar las cosas naturales o a modificar el ambiente con el fin de satisfacer las necesidades humanas.

En el siglo XV se habló de la dignidad del Trabajo. Galileo señala en su discurso en torno a la nueva ciencia, del valor de las observaciones realizadas por los artesanos, mecánicos, para los fines de la investigación científica. Bacon basó su experimentalismo, en las artes mecánicas, que actúan sobre la naturaleza y enriquecen la luz del conocimiento, que proporciona saber, que es poder sobre la naturaleza, enfocado a las necesidades e intereses humanos.

Al igual Leibniz, atribuía importancia al trabajo de los artesanos, campesinos, marinos, comerciantes, músicos, no solo para la ciencia, sino también para la vida y la civilización humana.

Ideas que caracterizaron al siglo de la Ilustración, la reivindicación a la dignidad del trabajo manual; plasmadas en las obras de Bacon y Lucke. Diderot, en un artículo de su enciclopedia, critica la división de las artes en liberales y mecánicas, considerando un perjuicio la tendencia a “llenar la ciudad de razonadores orgullosos y de contemplativos superfluos, y el campo de tiranuelos ociosos, perezosos y altaneros”. Y sirve de sustento esta afirmación, porque pareciera que desde el gobierno, no se hace lo suficiente para mejorar las condiciones sociales de la población. No vemos una política de austeridad en el gasto público, una mayor transparencia, sino por el contrario nos enteramos de los altos sueldos de los diputados, un día sí y otro también de actos de corrupción que no son castigados que quedan impunes, con las sospechas de complicidad, de quienes debieran de investigarlos y sancionarlos.

El trabajo no es solo el medio por el cual el hombre asegura su subsistencia, sino que es la producción de su vida, un determinado modo de vida. No son una condena, son el hombre mismo en búsqueda de su realización y felicidad. Lo convierte en especie de la naturaleza universal. Hace al hombre un ente social, no solo un animal político, que lo pone además en relación con la naturaleza. La relación de producción y trabajo, constituyen la trama de la historia, reflejos de la conciencia. Solo en el trabajo no enajenado, no convertido en mercancía, por el contrario la sociedad capitalista, surge el contraste del individuo proletario, al que le imponen, como condición de vida, las relaciones en la que intervine como objeto, no como sujeto.

Para ser dignas autoridades y merecer nuevamente nuestro voto para continuar siendo nuestros gobernantes, se deben emplear a fondo, no desperdiciar sus esfuerzos en justificaciones o pretextos. Los bienes jurídicos que tutela el Derecho Penal, como la vida, la libertad, la propiedad, deben ser garantizados por el Estado.

Las fuentes de trabajo como restaurantes, hoteles, gimnasios, así como las demás cadenas productivas, hoy más que nunca, necesitan protección, apoyos e incentivos gubernamentales, no solo publicidad. Si queremos que aumente el empleo, la producción y se contenga la crisis, debemos implementar urgentemente programas de apoyo al empleo, quitar las trabas al trabajo, y trámites burocráticos, que nuestros funcionarios dejen la ociosidad. La pandemia no debe ser el pretexto para estar de vacaciones en las dependencias públicas, con la justificación que todo es por cita telefónica.

Hagamos una evaluación y planificación en serio, para resolver los grandes problemas; no permitamos, que la violencia la inseguridad y la corrupción nos arruinen. Es necesario idear mecanismos de protección, si tenemos que regresar al confinamiento, de tener un semáforo sanitario en rojo, la economía no lo soportará. O nos coordinamos, planificando de manera escalonada, con horarios diferidos y jornadas laborales acotadas.

San Pablo dijo “Quien no quiera, trabajar que no coma”; así deberían aplicarlo en el Gobierno. Que ningún servidor público, cobre su sueldo, si no da resultados. En la iniciativa privada cuando no das resultados te despiden. Que están esperando en Guanajuato, para aplicar medidas correctivas. La situación es insostenible.