Las Ventanas Opinión

Y la culpa no era mía

 “Y la culpa no era mía, ni dónde

estaba ni cómo vestía.

El violador eras tú”.

Un violador en tu camino.

Los delitos que involucran crimenes sexuales son especialmente atroces. La ofensa y el daño son de amplio espectro y, como en muchos casos, pareciera que la víctima ni es defendida y tiene el aterrador cometido de pasar por encima de una cantidad de sospechas antes de ser eximida de la culpa de haber sido agredida. Es extraño, pero el victimario cuenta con un tipo de apoyo social que tensa el clima. Por eso, hay pocas denuncias. De esas pocas, son menos las que prosperan. El Estado en vez de convertirse en protector se vuelve cómplice. La persona agredida es víctima dos veces.

El escenario para que a una mujer violada se le atienda y se le haga justicia muestra muy pocas posibilidades de éxito. Si un hermano golpea, un padre abusa, un tío agrede, un esposo mancilla lo podrá hacer una y otra vez porque es poco probable que alguien le diga algo. La situación se agrava cuando el posible victimario es un personaje poderoso y es peor si es político y todavía se empeora si se trata de un integrante del partido en el poder que goza de la benevolencia de un presidente.

No quiero ni imaginar lo que se siente ser mujer y militante de Morena. Un partido que promete ser el adalid de la 4T, uno que dijo ser diferente pero que postuló a un hombre como Félix Salgado Macedonio que no cumple con la idoneidad de su propio partido para ser candidato a un puesto de elección popular. Sí, ya sé que lo bajaron del caballo, que su candidatura ya naufragó, sin embargo, queda evidencia que pinta de cuerpo entero la realidad de una fuerza política en el poder y el verdadero sentimiento de sus dirigentes.

Debe ser muy triste ser una de tantas mujeres que dieron su apoyo al presidente López Obrador, defenderlo con frenesí rallano en el fanatismo y escucharlo defender a Salgado Macedonio y expresar con fastidio “ya chole”, como si mostrando enfado se pudiera aborrar con un soplido presidencial la tristeza, el dolor, las lágrimas y las heridas que le imputan a este personaje.

El delito de violación sexual implica violencia física y moral para obligar a alguien a copular. Las personas que han sido objeto de una conducta en agravio de su libertad sexual, con independencia de si son las mujeres, niñas o niños , edad, condición o cualquier otra característica, tienen derecho a no ser revictimizadas, ni maltratadas por la autoridad. Por lo tanto, es necesario establecer alcanzar el objetivo del respeto cabal de los derechos humanos de las víctimas.

Tristemente, con lo que nos topamos es con muchas palabras y pocos respaldos. Hay una gran ignorancia que deviene en indolencia. El presidente López Obrador dijo con apertura que él no sabía lo a lo que se referían muchas mujeres que le pedían que rompiera el pacto patriarcal. Sostuvo que fue su esposa la que le tuvo que explicar de qué se trataba la petición de tantas mujeres que le gritaban. La desidia del presidente muestra su desinterés en el tema que agobia a la mayor parte de la población de México. Por supuesto, la actitud de López Obrador brinca del descuido a la negligencia, de la inacción a la dejadez.

Yo no sé si Félix Salgado Macedonio es culpable o no de los delitos que le imputan. En México, la presunción de inocencia es un derecho. Sin embargo, la puntería que tuvieron en Morena, la cachaza de Mario Delgado, el silencio de las integrantes del gabinete del presidente, las otras muchas que se quedaron calladas o que dijeron algo, pero bajito nos hablan de los escollos terribles que existen para que una víctima pueda ser protegida. El victimario sigue estando en una posición de ventaja ya que goza de una coraza protectora que no se raspa con el pétalo de una vaga sospecha, aunque lo hayan bajado del caballo. Lo que se ve, no se juzga.

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