Vaya gancho al hígado vino a propinar la vicepresidenta de los Estados Unidos, Kamala Harris (presidenta Kabala, Palacio Nacional dixit) a quienes practican las transas en el sindicalismo nacional y en las relaciones obreropatronales, durante su visita a México dijo que la administración Biden es de las más prosindicalistas de la historia, dio 130 millones de dólares para que se implemente y agilice la reforma laboral y, ojo, la hizo de vocera: “Les mando saludos de los trabajadores organizados y los sindicatos en Estados Unidos que sienten un gran sentido de conexión con el trabajo que están ustedes haciendo aquí”.

Lo dijo ante organizaciones sindicalistas, representantes de la Organización Internacional del Trabajo y grupos de mujeres trabajadoras. Nada de representaciones con olor a naftalina.

Su activismo, muy fuerte, en material laboral, se dio porque indicó que todo se hace a la sombra del Tratado México-Estados Unidos-Canadá, el famoso T-MEC, y a la cual se adecúan las leyes locales. En la reunión estuvieron presentes los conflictos laborales en el sector automotriz, en Matamoros y claro… en Silao.

El mensaje llega en una semana muy importante en el tema General Motors (GM)-trabajadores-sindicato ‘Miguel Trujillo’, están emplazados para celebrar esta misma semana la reposición de la consulta a sus empleados del contrato colectivo de trabajo, que entre el 20 y 21 de abril pasado tenía que realizarse y se suspendió luego de severas irregularidades, teniendo que intervenir la autoridad laboral.

El 11 de mayo, la titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STyPS), Luisa María Alcalde Luján, anunció que se declaraba la nulidad de la consulta de abril y por ende se ordenaba su reposición a GM y el sindicato en un plazo de 30 días naturales. Ese plazo se cumple esta semana. Sin embargo, pareciera que nadie en la empresa y el sindicato se ve apresurado por cumplir con lo ordenado. En el caso de GM, debe importarle atender el caso, porque si bien quien es el responsable de la consulta es el sindicato, su actuación ha parecido interesada en afectar los derechos de los trabajadores, como suponen las organizaciones laborales en los Estados Unidos y el propio Congreso de la Unión Americana.

La Confederación de Trabajadores de México, ente al cual se afilia el sindicato ‘Miguel Trujillo’, se muestra afectada porque los sindicatos de Canadá y Estados Unidos (como la UNIFOR o UAW y la AFL-CIO de Estados Unidos) estarán observando el proceso y desean que haya libertad sindical. Pero sus diferentes dirigentes deben asumir que la pregunta toral en el procedimiento es qué importa más, la idea de un nacionalismo inoperante en un instrumento como el T-MEC o los derechos humanos de sus trabajadores. Es el siglo XXI, no la era de los cinco lobitos.

Por lo pronto, sería bueno escuchar a Luisa María Alcalde sobre cómo va la organización de la consulta, de las garantías a los trabajadores y de cómo se tendrá un proceso transparente y limpio. Su silencio no será el de los corderos.