Arrinconados por la disyuntiva que les puso públicamente el Presidente, divididos en lo interno sin un liderazgo fuerte y en riesgo de perder las pocas posiciones de gobierno que les quedan, los priistas parecen haber entrado en un callejón sin salida, al convertirse en las presas en el juego político de López Obrador. Porque hoy, cuando la división interna que arrastran desde su estrepitosa derrota en 2018 vuelve a aflorar con el tema de la contrarreforma eléctrica, al PRI no le pintan nada bien las cosas: sea cual sea la posición que se imponga en este tema, ya sea que voten a favor de la propuesta presidencial o que lo hagan en contra, perderán de cualquiera de las dos maneras.

Porque al ponerlos a elegir entre las ideologías del salinismo privatizador y el nacionalismo de Cárdenas y López Mateos, el Presidente lo que hizo fue presionar y estigmatizar cualquiera de las dos decisiones que tome el PRI, de tal modo que las dos, se definan como se definan, tengan un alto costo político para el priismo. Si no eligen desmarcarse de Carlos Salinas y del neoliberalismo, podrían generar una última desbandada de priistas. Si la bancada priista en la Cámara de Diputados apoya a López Obrador en su reforma eléctrica estatizadora y le da los 56 votos que necesita para hacer la mayoría calificada y reformar la Constitución, el viejo partido perdería toda credibilidad como oposición, traicionaría sus principios y su congruencia al revertir el modelo eléctrico abierto que ellos mismos aprobaron en 2013.

La bancada tricolor del Senado no necesariamente va a votar en el mismo sentido que los diputados priistas. La declaración de Claudia Ruiz Massieu en contra totalmente de la iniciativa que considera “regresiva y dañina para el país” y que advierte que, por un tema de “congruencia y principios”, los priistas en el Congreso no pueden votar en contra del modelo que ellos mismos aprobaron.

Porque aún en el caso de que López Obrador tenga el voto de los priistas en San Lázaro y logre sacar la votación de dos terceras partes para aprobar su reforma eléctrica, aún tendría que ser aprobada por el Senado de la República y ahí sí Morena tendrá muchos problemas para lograr los votos de una mayoría calificada. Hasta ahora los morenistas y sus aliados sumaban juntos 78 votos, y para los 96 que hacen mayoría calificada de dos terceras partes les faltaban 18 votos. El llamado “bloque de contención” de PRI-PAN-PRD sumaba 41, mientras que MC tiene 8 votos y había un senador independiente.

Pero eso podría cambiar con la creación del nuevo “Grupo Parlamentario Plural” que aunque aún no es reconocido como fracción oficial, sí tiene ya cinco votos de senadores que lo integran; ese nuevo grupo le quitó un voto al PAN, tres a Morena (uno de Germán Martínez y dos del PT, de Nancy de la Sierra y de Alejandra León). Si esos cinco votos, como se prevé, se van en contra de la reforma eléctrica de López Obrador, sería casi imposible que el Presidente logre los votos para sacar su iniciativa constitucional en el Senado, porque ya no serían solo 18 los que necesitaría sino 23.

Mientras se llegan esos escenarios y avanza la primera de tres propuestas de cambios constitucionales que se propone hacer el Presidente en los próximos meses, lo que es un hecho es que el PRI va a terminar entrampado y que, en el cortejo-cacería que salió a hacerle a los priistas, Andrés Manuel sabe muy bien que el viejo partido hoy es una presa débil, sin una cabeza clara y con las patas que caminan en distintos sentidos. Si en el deporte de caza que ha emprendido en pos de su reforma eléctrica, López Obrador logra cazar a los priistas y éstos se casan con él, estaríamos ante un golpe magistral del Presidente para terminar de extinguir a su partido original. Y aun si los priistas se escapan y se salvan de ser cazados por el tabasqueño, saldrán tan lastimados y heridos que su sobrevivencia será muy dudosa… Los dados mandan Escalera. Subida.