Economía y Sociedad Opinión

Volver al pasado

Entramos en un periodo de asueto para varios sectores sociales, a la vez que pronto darán arranque las campañas electorales en todo el país a fin de renovar las 500 diputaciones del Poder Legislativo federal, momento donde la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador ha presentado una iniciativa para modificar la Ley de Hidrocarburos, que genera las condiciones para que nuevamente el Estado asuma el control total del sector bajo consideraciones de ‘seguridad nacional’, seguridad energética o riesgos inminentes para la economía nacional.

La propuesta presidencial que ya está en manos de los legisladores se da en un marco donde la mayoría legislativa del régimen, hegemónica en la Cámara de Diputados y limitada en cambios constitucionales en la de Senadores, está en riesgo, dado que en junio habrá elecciones intermedias en el sexenio y necesariamente se alcanzará otra composición política, aunque esta vez no tan favorable al partido de López Obrador, Morena, y sus partidos satélites. De perder las condiciones actuales, la capacidad de maniobra para incidir en el sistema legal prácticamente haría imposible alcanzar los propósitos estatistas del mandatario. De ahí la prisa por impulsar esta reforma, sin que se haya acabado el debate sobre la congelada, judicialmente, reforma en el sector eléctrico.

Pero ¿qué maneja la reforma propuesta en materia de hidrocarburos? Bueno, grosso modo propone que la Secretaría de Energía (Sener) y la Comisión Reguladora de Energía (CRE), de acuerdo con sus facultades, podrán suspender de manera temporal los permisos de manejo, almacenamiento, transporte y distribución, entre otras relacionadas, de petrolíferos e hidrocarburos ante ‘riesgos inminentes’ a la seguridad nacional, la seguridad energética o para la economía nacional. Con ello propone la ocupación temporal –y hasta definitiva- y la intervención en las instalaciones privadas, y su control y operación quedará en manos de Petróleos Mexicanos (Pemex).

“Para la continuidad en la operación de las actividades que ampare el permiso, la autoridad podrá contratar a empresas productivas del Estado para el manejo y control de las instalaciones ocupadas, intervenidas o suspendidas”, refiere el artículo 57 que se propone modificar.

Sin duda, con tres dedos de frente, cualquier puede entender que ante una extrema situación de seguridad nacional, siempre, y siempre es siempre, el Estado debe tener la posibilidad legal de controlar la energía. Hasta en los Estados Unidos esto es posible. Sin embargo, el problema es que esto debe precisarse y sobre todo, no dejarse de forma vaga en la legislación conceptos como ‘riesgo inminente’ para la economía nacional. Dejarlo a la interpretación de quien tenga el poder, no ofrece certeza jurídica para quien ha invertido y posee activos en el sector petrolero.

Esto llevaría a una ocupación arbitraria de instalaciones o hasta requisas. La ‘expropiación’ oculta detrás de la reforma.

Se conoce la forma de pensar de quién tiene el poder en este momento. Creo en la seguridad energética para el país y que el interés de la sociedad debe estar por encima del de un individuo, sin embargo, también creo que en nuestras libertades ese momento debe estar regulado y precisado. No al antojo de quien tiene el poder. Conozco muy bien la posición del estatismo que existió en los setentas y la añoranza del gran momento de la expropiación petrolera. Pero han pasado 50 años desde que inició la década desastrosa de Echeverría y López Portillo, precisamente porque no tuvieron límites en lo legal y no había equilibrio de poderes. Padecimos varias generaciones sus efectos. Los años ochenta fueron muy duros para millones de familias.

Ahora, la realidad es diferente. Inclusive el rol estratégico de los combustibles fósiles ha cambiado, gracias al avance tecnológico. Algo que parece ser no es asimilado en toda su dimensión en Palacio Nacional, donde ni siquiera se tiene idea de lo que implica todo el poder de una computadora. Hay que ver más allá de Dos Bocas, el mundo es más grande.

Por cierto, dadas las condiciones nacionales, baja el interés en invertir en México. Nuevamente estamos fuera de los 25 países que son más atractivos en el rubro. Es el segundo año consecutivo…

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