Luz Zárate 

Celaya.- A Estefanía Gasca Martínez las bajas temperaturas y el viento frío -de manera literal- “le calan hasta los huesos”; platicó que hace dos años tuvo un accidente y requiere de manera urgente una tercera operación, pues específicamente el fémur se llevó la peor parte.

Narró que en esta temporada invernal es cuando más resiente el dolor físico y se conjunta con la angustia de que enferme alguno de sus tres hijos.

Estefanía, de 28 años, es madre de Camila, de nueve meses, José Juan de 12 años y Evelyn de diez quien tiene retraso psicomotriz, lo que hace que su comportamiento sea de una pequeña de tres años. Su esposo es campesino y apenas saca para vivir al día, esto imposibilita que ella atienda su fractura.

Ahora con la contingencia sanitaria por Covid-19 y las bajas temperaturas, la familia trata de cuidarse no saliendo a donde haya aglomeraciones pues sería peor que, además de sus bajos recursos, se contagiara algún integrante de la familia.

“A Jáuregui llegamos hace cinco meses, antes vivíamos en San Juan de la Vega, cuando llegamos teníamos un tejabancito con hule alrededor, sí nos calaba más mucho (sic) el aire frío pero fuimos levantando poco a poquito. Ahorita ya tenemos un cuartito (…) Y otra vez ya va a empezar, ha estado muy frío”, contó. 

Tratamiento en suspenso

Antes de la pandemia Estefanía se atendía en el Hospital General de Celaya, en donde ya le habían diagnosticado que necesita otra operación, pero sucedió la contingencia sanitaria y se frenaron algunos servicios, entre ellos su cirugía.

“Tuve un accidente hace dos años, me aventó una camioneta y me fracturé el fémur. Ya de ahí no volví a quedar bien, requiero una tercer cirugía, pero se necesitan más de 30 mil pesos y pensar en juntar el dinero pues no es posible, porque vamos al día, iba yo al Hospital General pero ahorita por la pandemia se canceló todo, ya llevo dos cirugías (…) en tiempos de frío me cala más el dolor, ahora sí como dicen hasta los huesos”, platicó la madre de familia.

Estefanía y su familia viven en la comunidad de Jáuregui, su casa está a unos cinco metros de las vías del ferrocarril en medio de calles sin pavimentar, en la orilla del pueblo. Consta de un pequeño cuarto donde duermen todos losmiembros de la familia y un baño; el terreno está delimitado con carrizos que simulan ser paredes.

La joven mujer se ayuda con un par de muletas pues ‘no quedó bien’ de la segunda operación, a sus dolencias físicas se agrega la preocupación de que Evelyn, su pequeña hija de diez años, sufre de retraso psicomotor, y teme también que  su bebé de nueve meses se enferme con las bajas de temperaturas. 

EZM

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