Luz Zárate

Celaya.- A un año y medio que inició la pandemia del Covid-19, Alfredo Cervera, quien se dedica a vender máquinas de juguete para hacer burbujas de jabón, platicó que no ha mejorado mucho la situación económica pues aunque hay más personas en las calles, no todos tienen dinero. Sin embargo agradece que tiene vida.

Así como él, vendedores y artistas urbanos, platicaron que ha habido poca mejoría en la situación económica, pero agradecen que aún en medio de la contingencia sanitaria y con el incremento de casos de covid-19 a lo largo de los meses, tienen trabajo y lo suficiente para comer.

Alfredo Cervera pasa 14 horas al día lanzando burbujas en los portales del centro de la ciudad, siempre entusiasta, con una sonrisa y concentrado en cada pompa que hace con agua y jabón. Tiene casi 9 años haciendo lo mismo en el centro de Celaya, es originario de la Ciudad de México y llegó a esta ciudad buscando una mejor vida y así poder sacar adelante a sus tres hijos y su esposa.

“No ha mejorado mucho la economía, no todos tienen para comprar juguetes a sus niños, pero hay que sonreír, tenemos salud. Hace ya más de un año que nos quitaron a todos los que trabajamos del comercio, a los artistas, músicos, a todos nos mandaron a descansar por el covid, y sí fueron días muy difíciles. La situación sigue difícil, pero hay que agradecer que tenemos vida.  Hay que ver el lado positivo y hay que valorizar la vida, que es bonita sabiéndola llevar, a pesar de las dificultades hay que darle buena cara”, platicó el hombre de 48 años.

Así como Alfredo, hay varios personajes que se instalan en diferentes puntos de la ciudad y que, aunque siempre ofrecen unan sonrisa a los demás, sólo ellos saben lo complicado qué ha sido sobrevivir durante la pandemia.

Hay que agradecer

Alfredo Cervera se dedica a hacer burbujas de jabón y lanzarlas en los portales del centro de la ciudad, en donde vende máquinas de juguete que sirven para hacerlas. Sin embargo, en los últimos meses no le ha ido tan bien por la pandemia del coronavirus Covid-19 pero lo más importante –dice- es tener buena actitud y agradecer por lo que sí se tiene.

Siempre entusiasta, sonriente y concentrado en cada pompa que hace con agua y jabón, camina de un portal a otro o se queda parado en las esquinas de la calle para que los niños lo vean y le compren alguna máquina para hacer burbujas.

Alfredo tiene 48 años y desde hace 8 se dedica a vender máquinas para hacer burbujas y exhibe su producto en el primer cuadro de la ciudad y en las calles por las que pasa caminando.

Platica que cuando empezó la contingencia, él y muchos comerciantes pensaron que sería una situación pasajera y que duraría poco. Pasaron los meses y, por el contrario, todo se complicó más. Poco a poco se fue adaptando a las nuevas normas sanitarias para evitar contagiarse, pero nunca imaginó que la pandemia se prolongaría por tantos meses y que sus ventas bajarían drásticamente.

Sin embargo, agradece que la pandemia le ha dado la oportunidad de agradecer por su salud y reitera que no hay mejor manera de vivir que con alegría y entusiasmo.

“Estamos sanos, estamos fuertes, gracias a Jehová Dios no nos ha tocado enfermar o morir, espero que pronto se acabe todo esto para que la gente pueda salir y la gente que esté mala de Covid se componga y salga adelante.  Hay que ver el lado positivo y hay que valorizar la vida, a pesar de las dificultades hay que darle buena cara, porque si vamos a apachurrarnos no vamos a hacer nada”.

Alfredo se ha convertido en un personaje de Celaya, pues pasa largas horas lanzando burbujas a la espera de algún cliente, siempre está contento y alegre pues –dice- es la actitud que las personas deberían tener ante la vida.

Con este oficio ha sacado adelante a sus tres hijos y su esposa.

Como comerciante lleva 35 años, comenzó en el Distrito Federal de donde es originario vendiendo ropa usada, escobas, trapeadores y todo lo que pudiera ofrecer, pero luego comenzó a vender máquinas lanza burbujas y se dio cuenta que eso lo emocionaba porque alegra a los niños e incluso a algunos adultos.

El problema es que ahora que está clausurado el jardín, las bancas y jardineras, y que ha disminuido la cantidad de personas que acuden al jardín, tampoco hay niños que corran detrás de las burbujas para tronarlas y por tanto no hay ventas.

“Pues no nos ha ido bien, pero hay que sonreír, yo disfruto mucho mi trabajo y aunque con la enfermedad aquí seguimos y eso se debe de agradecer”, platicó.

Ya es abuelo de dos niños y, aunque sus hijos ya son adultos, dos de ellos y su esposa dependen de él, por lo que todos los días se emociona en su trabajo para lograr llevar un ingreso a su hogar y ahora hasta tiene que juntar dinero para pagar un préstamo que pidió para subsistir durante la contingencia sanitaria por el coronavirus Covid19.

“Tengo que buscarle diario para poder sacar lo de la comida diaria, para pagar el dinero de un préstamo y para comprar la mercancía, pero no nos desanimamos”, contó.