Staff Correo

Celaya.- El miedo más grande que ha vivido Verónica Salazar García, de 56 años, fue cuando le informaron que tenía cáncer de seno. Ella -como casi todas las personas que son diagnosticadas con esta enfermedad- pensó que iba a morir de inmediato y no tendría tiempo para cumplir todos sus sueños; sin embargo, hoy es una sobreviviente de este mal.

Es escritora y ama de casa, asiste a talleres literarios, acaba de escribir un poemario, tiene varias antologías y le gusta disfrutar la vida, sin embargo, vivir con el cáncer no fue fácil. Tuvo que luchar durante tres años, principalmente contra los pensamientos negativos que de pronto le llegaban, la depresión y alimentar diariamente el anhelo infinito por vivir.

Sonriente, decidida y muy positiva recalcó que las “mujeres somos más que un par de senos”, por lo que las invitó a que se autoexploren, se realicen chequeos constantes y, en el caso de que les diagnostiquen cáncer, no se dejen caer y luchen por vivir.

Vero comentó que durante todo “el peregrinar” que vivió durante el cáncer, conoció a mujeres que no se tocaban sus senos por miedo a encontrar alguna protuberancia extraña, otras que preferían no saber si hay en su cuerpo alguna anormalidad, unas más que dicen que no se visualizan sin un pecho o sin los dos y, por miedo a que se los extirpen, hay quienes no se atienden cuando el cáncer está en sus primeras etapas.

Por ello, recalcó en varias ocasiones: “somos más que un par de senos o un trasero bonito, somos mujeres”, dijo.

“A mí me quitaron el tumor, retiraron una parte de mi seno, me rasparon y me cosieron. Mi seno no es un seno normal, afortunadamente no me lo extirparon, pero no es un seno normal, uno está firme y el otro no. A final de cuentas las mujeres somos más que un par de senos, somos mujeres porque somos mujeres, porque Dios así nos creó como mujeres; no porque tengas un par de senos bonitos vales más o vales menos. Lo importante es que uno está vivo, que uno está viviendo”, platicó.

A Vero le diagnosticaron el cáncer hace 13 años, cuando ella tenía 43, y aún recuerda que fue en el mes de diciembre cuando, al momento que le realizaron unos estudios porque iba a donar sangre, al final le encontraron algo anormal en sus resultados y le mandaron realizar un diagnóstico más completo. Al mes le dijeron que tenía cáncer de mama en primera etapa.

“Lo primero que pensé fue que me iba a morir, cuando me dijo el doctor: ‘señora usted tiene cáncer’. Creo que ha sido la primera vez que mi mente se ha quedado en blanco, siempre hablo mucho, pero en esa ocasión no dije nada, mi mente se quedó en blanco”, platicó.

“Con el paso del tiempo entendí que el cáncer da porque da, que nadie es culpable”. Desde que le dieron el diagnóstico, pasaron dos meses en que se sometió a varios estudios para finalmente operarse y que se lo extirparan.

Fueron tres años posteriores a la cirugía que se sometió a tratamiento médico y cada día era una lucha por mantenerse fuerte y con mucho entusiasmo para vivir, hasta que la dieron de alta.

Su pilar durante la enfermedad fue su esposo que la acompañó a las diferentes consultas y todo el proceso de cirugía, recuperación y los tres años que estuvo en tratamiento hasta que se erradicó el cáncer de su cuerpo, pero también su hijo de 26 años, Los dos fueron su fuerza para mantenerse de pie.

“Como mujeres tenemos la responsabilidad de cuidarnos y estarnos checando. No debería de ser ni por el esposo, ni por los hijos, ni por la familia. Yo como ser humano tengo la responsabilidad de estar bien, creo que todas las mujeres tenemos una responsabilidad de estar al pendiente de nosotras mismas”, dijo.

Vero contó que para superar el cáncer es muy importante atenderse y tocar todas las puertas que lleven a la sanación.

Apoyo es fundamental

Susana Palomares Olivares, de 55 años de edad, sobrevivió al cáncer de mama con el apoyo de su familia y amigos, sin ellos no hubiera podido enfrentar esta batalla, una de las más difíciles de su vida.

“Me siento afortunada, iluminada por Dios, muy emocionada, tengo emociones encontradas porque pude haber muerto sin embargo Dios aquí me tiene, me salen las lágrimas de haber mirado hacia atrás y decir: hombre, pasé por todo esto he vencido el cáncer y estoy muy agradecida con Dios porque me tiene con vida”, platicó con voz entrecortada Susana. Todo empezó en octubre del 2016, cuando Susana como solía hacerlo cada año, aprovechó las campañas que realizan en un hospital privado por el mes de la prevención del cáncer y se realizó su chequeo anual.

En febrero del año siguiente, en 2017, acudió con los resultados de sus exámenes con su Ginecólogo, que, tras revisar la mastografía y ultrasonido, instruyó que se sometiera a una biopsia del seno izquierdo porque probablemente habría células cancerígenas. El diagnóstico fue confirmado.

“No presentaba ningún síntoma no me le dolía, no había antecedentes en mi familia, al momento de estar sola en el consultorio del ginecólogo y escuchar el diagnóstico yo estaba sola, porque solía hacerme las revisiones sin compañía… Fue un golpe durísimo que no puedo describir, en ese momento sentí un nudo en la garganta inmenso, salí completamente mal, no había antecedentes en mi familia, fue sorprendente”, contó.

La instrucción médica fue muy clara, Susana debía comentar su situación primeramente con su esposo Alejandro y sus tres hijas, Itzel, Natalia y Alejandra, para posteriormente y a la brevedad someterse a una cirugía para retirar el seno izquierdo y evitar que se propagara el cáncer a otros órganos o huesos.

Susana recibió el apoyo de su familia y en abril del 2017, ingresó al quirófano donde un equipo de especialistas retiró las células cancerígenas.

“Fue muy duro porque pierdes el seno, pero ahora digo qué afortunada soy porque estoy viva y puedo seguir disfrutando con mi familia, con mis amigos”.

Tras recuperarse de la cirugía, Susana inició un proceso de seis meses de 16 quimioterapias, 12 sesiones “blancas” y las cuatro últimas “rojas”, las más intensas.

“En la segunda quimioterapia, tal y como me dijo el oncólogo, se me empezó a caer el cabello, lo notaba cuando me bañaba, cuando me peinaba, en la almohada veía los mechones de cabello. Eso fue algo muy difícil, muy duro, ver cómo cambia tu apariencia y en ese momento decidí quitarme todo el cabello… Esta etapa fue muy dura porque se cae el cabello, las cejas, las pestañas, se obscurece la piel”.

Recordó que el tercer día posterior a la quimioterapia era el peor, porque se sentía muy decaída y lo único que quería era permanecer en cama. Pero en esa etapa siempre estuvo acompañada por su familia.

“Mi esposo me decía ‘levántate y vámonos al trabajo’; en la segunda parte de la oficina teníamos una sala y eso fue algo muy importante porque nunca me quede en casa… Una amiga de mis hijas que sufrió cáncer de mama me regaló dos pelucas oncológicas y me dijo ‘cuando te recuperes de este proceso, las donas’ e hice lo mismo con una conocida que pasó por este proceso. Fue un apoyo total de amigos y familiares y es con lo que más me quedo, con ese apoyo incondicional”, compartió.

A cuatro años de la detección de cáncer de mama, desde el 2017 al término de la quimioterapia, Susana acudía a sus revisiones cada tres meses y ahora acude a practicarse los estudios cada semestre; a partir del 2022 serán anualmente.

Afortunadamente y gracias a Dios todo va bien, viento en popa… Quiero pedirles a todas las personas especialmente a las mujeres que acudamos a revisarnos periódicamente, que dejemos ese temor, porque todo se puede solucionar si se atiende a tiempo”, aseguró.

El diagnóstico oportuno la salvó

La detección oportuna del cáncer de mama salvó la vida de Amelia González, a quien hace más de un año le diagnosticaron esta enfermedad, con los tratamientos y la fe pudo superar esta prueba con la esperanza de que no regrese, porque siempre está el temor -dijo- de dejar a su familia.

Amelia a sus 65 años nunca pensó que padecería cáncer, pues desde los 40 años nunca faltó a la mastografía anual, hasta que hace poco más de un año la notificaron que había indicios de este mal, tema del que aún le es difícil hablar.

“Como que cuando te dicen no lo crees o no lo quiere uno creer, sientes como que te hundes o como si te estuvieras yendo lejos y las voces se van, Y cuando ves que es cierto lo que te están diciendo lo primero que piensas es que ya te vas a morir, como que ya es el fin”, explicó Amelia.

Señaló que, afortunadamente, la enfermedad fue detectada muy a tiempo y de inmediato se iniciaron los tratamientos con el apoyo de sus tres hijos mayores.

“Tengo seguro social, pero mis hijos no quisieron que nos esperáramos a las citas porque todo se paró con el virus del covid, y fuimos a un particular. Empezamos con una operación primero en mi seno derecho y después las quimioterapias”, relató.

Proceso fue difícil

Cada día del proceso -señaló Amelia- era más difícil, a veces flaqueaba y pensaba en que todo terminaría, pero otros días veía a sus cinco nietos y le daban fuerzas.

“No se le desea a nadie, el agotamiento, la pérdida del cabello, las náuseas, y aparte sentir que eres una carga, pero luego yo sola me animaba, bueno también mis hijos siempre han estado conmigo”, platicó la mujer.

En junio de este año, Amelia y su familia recibieron la noticia esperada; con la operación y las quimioterapias su cuerpo estaba libre de cáncer, pero debía seguir en alerta.

Amelia se siente muy afortunada pues conoció a mujeres que no lograron superar el cáncer de mama, “(…) les digo a todas las mujeres que se chequen, aunque no sientan molestias, eso es lo que puede ayudar a que se salven”.

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“La autoexploración es la diferencia”

En cáncer de mama no es exclusivo de un tipo de mujer, tampoco es un mal que afecta a cierta edad o de una clase social; este es un mal que no distingue y cualquiera, sea hombre o mujer, está propenso a padecerlo y en cualquier momento llega, impacta y cambia vidas.

Así es como Floribeth Martin, de 45 años de edad, concibe el cáncer de mamá luego de que fue diagnosticada con este padecimiento en el 2019 cuando tenía 43 años de edad y la noticia les cambió la vida a ella y a su familia, pues la llevó a pensar en la ironía de “eso que nos hace tan mujeres, pueda ser también nuestra condena de muerte”.

Floribeth se dijo afortunada de que hoy, a casi dos años de haber recibido el diagnóstico, está viva y aunque aún continua su tratamiento, aseguró sentirse muy bien gracias a que le fue detectado a tiempo.

“Me siento muy bien, con toda las ganas y la esperanza de que esto haya quedado como una etapa de mi pasado, pero quiero que sirva de experiencia no sólo a mí, sino a las mujeres que me rodean, a las personas que estuvieron conmigo para que vean que sí pasa”, comentó.

‘Cualquier persona lo puede padecer’

Floribeth resaltó que el cáncer de mamá puede sucederle a cualquier persona y el hecho de que haya o no un antecedente genético no excluye de que alguien lo llegue a padecer.

Sin embargo, resaltó que lo verdaderamente importante es la autoexploración, que las mujeres se cuiden, se observen y a la menor situación que vean extraña en su cuerpo de inmediato vayan con su médico, pues esa es la gran diferencia entre la vida y la muerte.

Siendo hija de un oncólogo, Floribeth no pensaba que una situación así la tomaría por sorpresa; sin embargo, eso de nada le valió porque a pesar de que en su familia tampoco había casos de cáncer, a ella le tocó debido a una tema hormonal, según le explicó su médico.

Al conocer el diagnostico de cáncer de mama, al principio se sintió devastada, pero el apoyo de su familia, aseguró, fue crucial para sobrellevar la adversidad y poner todo el ánimo para superar la dura batalla a la que se enfrentaba.

Por suerte para ella el diagnostico llegó muy a tiempo pues el cáncer se encontraba en la primera etapa, por lo que sólo le fue practicada una cirugía para retirar el tumor y después comenzó con radioterapias para asegurar que el mal no regresaría a su cuerpo. Añadió que también es importante realizarse una mamografía preventiva cada año.

Floribeth recuerda que su médico le explicó que tenía que hacerse una mastectomía y retirar un seno o bien, si lo decidía, los dos; pero también podía no hacerlo y únicamente que le retirarían el tumor.

La decisión fue dura, pero finalmente optó por mantener sus dos senos pues como mujer no se visualizaba mutilada.

Batalla emocional y también económica

Floribeth comentó que un diagnóstico de cáncer de mamá no sólo es una batalla de salud y emocional, lamentablemente es un tema económico difícil, pues los tratamientos son caros y aunque hay muchas instituciones que apoyan, no todas dan una cobertura completa.

Se incrementa cáncer de mama en Guanajuato un 164%

Este año en Guanajuato los casos detectados de cáncer de mama han crecido 164 por ciento en comparación con el 2020, lo cual puede atribuirse, entre otras cosas, a la reducción importante que hubo de asistencia a hospitales para realizarse una mastografía, según explicó la doctora Yurixhi Perdomo Albarrán, jefa del departamento de atención primaria de la Secretaría de Salud del estado.

Cifras de la Secretaría de Salud federal establecen que de enero al 2 de octubre en la entidad han sido diagnosticados 392 pacientes con cáncer de mama, 385 en mujeres siete en hombres, mientras que el año pasado, en el mismo periodo, habían sido 148.

A nivel nacional, las detecciones reflejan un incremento del 37 por ciento.

**Con información de Luz Zárate / Nancy Venegas / Yadira Cárdenas / María Espino