Las Ventanas Opinión

Vacunas

El tema de moda, el que está en boca de todos es el de la vacuna que nos servirá de antídoto contra el Covid-19. Todos hablamos de ello y pocos tenemos información. Los datos con los que contamos son escasos frente a las certezas que nos gustaría albergar. Tenemos esperanza y no sabemos todavía cómo es que se va a materializar esto de la vacunación.

La cuestión es que todos nos sentimos cansados por los efectos devastadores que ha tenido la pandemia que nos ha afectado en más de un modo. Llevamos meses enfrentando cifras: número de contagiados, de personas fallecidas, llorando y soportando encierros y restricciones. Extrañamos tanto nuestra libertad, hemos padecido las consecuencias económicas y nuestra vida social se ha reducido tanto que parece estar en cenizas. No hemos podido festejar cumpleaños o acompañar en los duelos a nuestra gente y si se ha hecho, se cierne el manto de la posibilidad de un contagio.

Entre los que no quieren usar el tapabocas o se rehúsan a usarlo como debe ser, los múltiples expertos que nos empachan con cifras y números traemos la cabeza bomba. Las opiniones de gente solvente y las mentiras que nos cuentan corren con la misma velocidad. Suspiramos. Miramos al cielo. Quisiéramos que las cosas se compusieran ya, lo más pronto posible. Como si el tema de esta enfermedad no nos hubiera agobiado lo suficiente, la incertidumbre de cómo se están haciendo las cosas nos obnubila la esperanza. Los planteamientos éticos y responsabilidad social parecen estar adormecidos.

Ya sabemos que en este país oscilamos entre los que creen que nuestros gobernantes han hecho un pésimo trabajo en el manejo de la pandemia y los que están seguros de que todo se ha hecho lo mejor que se ha podido. No obstante, no podemos soslayar que se han cometido errores, no sólo en México, en todo el mundo. Si miramos a nuestro alrededor nos daremos cuenta de que no hay Estado en este mundo que haya manejado esta situación en forma prístina. Andamos tristes, cansados y confundidos. No está claro cómo va a ser el proceso de vacunación.

Hay una insatisfacción colectiva en torno a la codiciada vacuna contra el coronavirus. No sabemos bien como se está dando el proceso, ni la velocidad con la que se están dando los avances. Sabemos que no vamos más rápido porque no llegan suficientes dosis, no hay suficientes dosis porque la capacidad de producción no da abasto a la demanda mundial. El ritmo se explica por un problema de teoría económica básico: la escasez. Hay más brazos que quieren recibir la dosis que la posibilidad de producirla.

Hoy por hoy, la vacuna es un bien escaso. Según la Organización Mundial de la Salud, en la semana que recién concluye, se han vacunado a treinta y nueve millones de personas en el mundo en cuarenta y nueve distintas naciones. Guinea es el país que menos personas ha vacunado: sólo veinticinco. La mayor cifra de vacunaciones ha sido en personas que habitan en países cuya capacidad económica los ha habilitado para negociar y llegar a acuerdos con las farmacéuticas. 

En un principio, se creyó que lo mejor sería que los gobiernos centrales se encargaran en exclusiva de administrar los programas de vacunación. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS cuestionó las decisiones que hacen que los países ricos vacunen primero que los países pobres. Dice que el mundo está al borde de un fracaso moral y que el precio se pagará en vidas de habitantes de las economías menos favorecidas.

Pronto, se ha caído en la cuenta de que eso no traería más que problemas. Desde manejos electoreros hasta desabasto y ralentización del proceso. Muchos en la iniciativa privada han levantado la mano y pedido una oportunidad. Unos aplauden y otros ven con recelo la decisión del presidente López Obrador de autorizarlos a participar. Se ha ido entendiendo que eso de administrar el bien común con ética y responsabilidad social también se subordina a otros intereses.

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