De principio a fin el Ayuntamiento de San José Iturbide que encabeza Genaro Zúñiga ha sido decepcionante, aunque lo acontecido en semanas recientes es el colmo de la falta de seriedad institucional, pues el calendario de los funcionarios públicos no está determinado por las grillas políticas y los tiempos electorales, sus responsabilidades con esa población terminan hasta el 10 de octubre.

Tratándose de un municipio con un pujante desarrollo industrial y económico, el desdén en el que han caído las autoridades se percibe en detalles como la cantidad de baches que tienen que librar vehículos particulares y ambulancias en lugares tan prioritarios como las inmediaciones del Hospital Regional, pero también en asuntos cotidianos mayores como la inoperancia de la recolección de basura que se padeció en semanas recientes; es penoso no sean capaces de resolver un servicio tan básico así argumentan descomposturas de camiones o que empleados enfermaron de Covid 19. Las bolsas de basura apiladas frente al edificio de presidencia han sido el epílogo más exacto del desastre de la primera administración morenista en el noreste.

Pero esos desechos inorgánicos y orgánicos arrumbados por todos lados solo fueron un asomo de más pudriciones. Viene de tiempo atrás la percepción entre los habitantes de que el gobierno local se ha mostrado vulnerable y omiso en lo que corresponde a la seguridad, pero en este lapso de transición entre ayuntamiento entrante y saliente se ha acentuado aún más ese vacío de autoridad, así como una atmósfera enrarecida propia de lugares donde la delincuencia ya tiene tentáculos y redes muy establecidas.

En días recientes ciudadanos de cabecera han notado disminución de los rondines de policía, y en pleno centro se pueden ver, por ejemplo, autos y motocicletas a alta velocidad sin que haya ninguna sanción. Pero esa solo es la capa más aparente de la impunidad, porque en la entraña de barrios y colonias se vive en la zozobra. Como en tantos rumbos de Guanajuato, la gente mira de reojo la crudeza de lo que acontece y solo en privado susurran datos sueltos que cada quien ha oído o conoce, pero que en su conjunto confirman que el cáncer de la criminalidad llegó para quedarse.

Muy pronto los regidores salientes volverán a sus empleos habituales o quizás algunos sean reciclados por los nuevos clanes políticos dominantes, en lo que respecta al alcalde Genaro Zúñiga, Morena le dio la prebenda de que Verenice Rico, su esposa, tenga un lugar seguro en el próximo cabildo, y a él mismo no se descarta lo rescate su cercano Ricardo Sheffield, mandamás de Profeco. Pero mientras ellos luego de su ineficaz paso por el gobierno municipal quizás seguirán medrando en algún otro filón del poder público, quienes quedarán aún más a la deriva son la gente sencilla, honesta y trabajadora que también tiene San José Iturbide, y que ha visto cómo en este trienio terminó de sepultar la tranquilidad, y de minar aún más los valores en los que fincaron su vida en comunidad.

Corte de caja: IMUG nadar de a muertito…

Hay varias dependencias del gobierno estatal que a mitad del sexenio dejan mucho que desear en cuanto a la eficacia de su labor en los ocho municipios del noreste, una de ellas es el Instituto para las Mujeres Guanajuatenses (IMUG) que encabeza Anabel Pulido.

Esta región de Guanajuato donde 52 de cada 100 habitantes son mujeres, gran parte de ellas viviendo en zonas rurales con fuertes resabios de un pensamiento patriarcal, es un espacio ideal para que esa instancia encargada de erradicar, prevenir y atender la violencia de género hiciera un aporte muy trascendente.

Sin embargo, ahí donde debiera existir más vigor y contundencia institucional, sucede lo contrario. Siendo que en todo el noreste las instancias municipales que atienden esta temática muestran mucha fragilidad (en sierra adentro solo existen para cumplir el requisito), sería de esperarse un fuerte acompañamiento por parte del IMUG, pero sucede que al estilo leonés donde lo importante no es el fondo sino el ornato, diversas fuentes han confirmado que en los pasillos de esa institución la mirada está puesta en otras prioridades, y que no cuentan siquiera con un diagnóstico actualizado de las condiciones de vida de las mujeres en este rumbo del estado. Su actividad principal en la zona se centra en otorgar a cada municipio un determinado número de apoyos económicos destinados a mujeres en situación de vulnerabilidad, recursos que son muy propensos a la manipulación política según los intereses y compromisos del alcalde o alcaldesa en turno. La presencia ocasional de Anabel Pulido se ha reducido a eventos donde se toma la foto entregando algunos de esos subsidios.

Esta circunstancia no apunta a cambiar en lo que resta del sexenio, pues en los primeros círculos del poder se sabe que desde que Miguel Márquez le dio el cargo, Anabel Pulido como institucional soldado azul está ahí para operar solo lo que decide la nomenclatura conservadora. En un estado que el año pasado ocupó el primer lugar nacional en homicidios de mujeres, y que tan solo en el primer semestre de 2021 ya registra 18 feminicidios, se esperaría su protagonismo en el debate público en esos y otros temas sensibles, pero si en lo más toral y mediático guarda silencio, es obvio que realidades marginales y discretas como la vida de las mujeres en la Sierra Gorda no están en su guion.

Como en esta región no existen voces de mujeres independientes que la interpelen, y ni siquiera en los cuatro municipios gobernados por alcaldesas se ha sentido exigida, todo indica que el IMUG en el noreste seguirá nadando de a muertito…