Nayeli García

Irapuato.- Una de las famosas leyendas de Irapuato es la que cuenta la aparición de un catrín, quien pedía ayuda para prender su cigarrillo a las personas que transitaban por la entonces Huerta de Retana.

Quienes aceptaban, notaban una peculiaridad en este personaje, pues al acercarse a la luz del cerillo mostraba su verdadero rostro: un rostro huesudo como el de un esqueleto. 

Damián Segoviano Chávez, investigador del Archivo Histórico Municipal, compartió que esta es una de las leyendas que envuelven a la Huerta de Retana, ubicada entre lo que hoy son las calles Ocampo, avenida Revolución y bulevar Díaz Ordaz, frente a una tienda comercial.

Foto: Nayeli García

“La gente todavía en los sesentas recordaba la huerta, recordaba que sí era muy grande, que adentro había gran cantidad de árboles, mucha vegetación y que por las noches la gente tenía miedo de pasar por ahí”, mencionó. 

El investigador compartió que la huerta contaba con un terreno de 16 mil metros cuadrados. En aquel entonces, Irapuato se caracterizaba por contar con este tipo de espacios en muchos puntos de la ciudad, que se utilizaban para sembrar flores, plantas medicinales, legumbres y árboles frutales, para satisfacer la demanda de alimentación o de comercio de estos productos.

Foto: Nayeli García

La huerta fue conocida como De Retana por haber pertenecido al doctor Antonio Retana, uno de los más grandes propietarios de la entonces Villa de Irapuato, personaje que nació en 1815 y falleció en 1891.

Al fallecer Antonio, todos sus bienes pasaron a su viuda María Guadalupe Cortés, con la que nunca tuvo hijos, por lo que cuando ella murió, la herencia se repartió entre sus tres hermanos: Jesús, María y Desiderio Cortés.

Múltiples dueños

Foto: Nayeli García

Fue Desiderio quien heredó la huerta De Retana en 1905, pero en 1912 la vendió a Antonio Sánchez Camarena, quien la mantuvo por tres años hasta que, en 1915, la vendió a Carlos Eisenhut, un empresario de origen alemán, que a inicios del siglo XX llegó a Irapuato. 

Carlos Eisenhut fue quien construyó la casa que estaba dentro de la huerta de Retana, recinto que hoy alberga una escuela de modas

La casa de la Huerta De Retana se cita hasta la escritura de compraventa de 1928, cuando la Compañía de Cigarros El Águila compró una parte de ésta a Eisenhut. 

Se dice en este documento, que la Compañía de Cigarros compró la parte que comprendía desde la casa de Carlos hasta el límite del bordo del río Silao (hoy bulevar Díaz Ordaz).

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