Oscar Jiménez

León. Detrás del puesto de tacos de birria de chivo están Luz María de los Ángeles Contreras y su esposo. Llevan 46 años casados y más de 16 instalados en el tianguis del Coecillo. Desde entonces, el pasado fue su peor año, pues las ventas se redujeron de forma escabrosa, y ahora, frente a las campañas políticas no queda de otra más que ofrecer un taco al candidato para ‘aderezarlo’ con algunas peticiones.

“Está bien buena”, externa la candidata panista a la alcaldía de León, Alejandra Gutiérrez, que apenas puede con un par ante el tumulto que la rodea, le ve y le persigue. Eso sí, nadie dijo que las campañas políticas tenían que ser insípidas.

Para Ale, el jueves fue de un deleitable olor a birria. Saluda de puño a quienes se acercan, comparte propuestas y por supuesto, no le duda ni un momento en promocionar la delicia culinaria que recién descubrió. Tampoco, todo se trata de propuestas y promesas.

“No solamente será en campaña, queremos ser un gobierno que pueda escuchar. Falta escuchar”, se sincera Ale en un momento durante el trayecto. De fondo, los esposos que le dan una sazón especial a la plazuela de uno de los barrios más antiguos y emblemáticos de la ciudad, se han quedado con las peticiones.

“Se les pide en primer lugar; seguridad, en segundo; apoyos, y, en tercer lugar, la limpieza en todo el gremio político”, declara para Correo Luz María, quien recuerda con cierta impotencia, el andar del último año: “Se nos han ido muy abajo las ventas y a la par necesitamos seguridad en todas las colonias, también acá en los mercados. Pero, ante todo, necesitamos honestidad”.

Al final, ambos han recibido un mandil con la imagen de campaña de Alejandra Gutiérrez, y los cercanos han recurrido a pedir otro. También, por el momento, el puesto ha cobrado relevancia: “écheme dos taquitos, por favor”, le piden desde la otra arista a Luz María, quien apenas y voltea las dos tortillas en el comal mientras se limita a responder.

“Sabemos de la pandemia, eso sí, pero hasta hace unos meses no podíamos estar, venían y nos quitaban las sillas, pero necesitamos trabajar porque nosotros nos dedicamos al comercio. El año fue horrible y tenemos que salir adelante”.

Una clase de respeto y honestidad

En el tianguis del Coecillo, ubicado en la intersección de las calles Cerro Pietro y Marro, de lo ya denominado la colonia Palomares, no es que se dé respeto mutuo muy a menudo, incluso, así lo refiere uno de sus comerciantes que acompaña el mitin; “Nos llevamos cargadito”, pero la ocasión amerita que sea distinto.

“Yo soy comerciante de aquí, pero por más que uno no comparta las ideas, debe ser respetuoso”, dice mientras le sigue el paso a la ‘politiquería’ y la crítica al Gobierno Federal.

Para otros, da igual el entorno, la charla, el ‘jugueteo’. Si hay confianza, hay ventas; “Lo que necesitamos ahorita es que la gente recupere la confianza, porque si no la hay, no podemos vender”, dice Óscar, quien atiende un puesto de ropa usada y ha pasado su peor año en el tianguis desde que tiene memoria debido a la crisis sanitaria.

“También se necesita algo de seguridad, porque de pronto nos caen y nos bailan”, agrega.

Mientras Ale y su colectivo recorren lo más profundo del tianguis, de fondo lucen pancartas y precios que anuncian ropa; “Livercool”, dice una, haciendo alusión a una de las grandes marcas transnacionales. También hay pequeños puestos de vendedores de calzado que han estado al límite, y apenas suspiran con aire esperanzador mientras ven pasar a los candidatos.

“Hay días que sólo venimos a pagarle a los chalanes, porque ni gente hay (…) A los candidatos les pedimos que nos protejan, y que todos estemos seguros de esta pandemia”, señala Juana Pérez Estrada, con hijos profesionistas, pero que, como ella, han optado por el comercio. En el Coecillo, 40 años de atención le respaldan, pero hoy, todo se reduce a lo mismo: salir de la peor de las crisis, votar, pero, sobre todo, vender.