Juana Adriana Rocha

Guanajuato.- Robert Norman Ross, mejor conocido como Bob Ross, llevó el arte a las masas. Todos recuerdan al pintor que con un inconfundible afro y una sonrisa, compartía sus técnicas en la televisión.

Su carisma lo convirtió en ícono de los años 80, 90, y aún las décadas posteriores ya que difícilmente se le olvida.  

Breve carrera militar

Bob Ross nació el 29 de octubre de 1942 en Daytona Beach, Florida, aunque se crió en Orlando. Pocos saben que a los 18 años se alistó en las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos, donde estaba a cargo de los registros médicos.

Ascendió a sargento y sirvió en Alaska, lugar que inspiraría más tarde su obra. Desde entonces, en su tiempo libre, elaboraba pinturas y adoptó una técnica para ejecutarlas con rapidez.

Bob terminó harto de la disciplina y dureza del ejército y se prometió a sí mismo ser lo opuesto cuando terminara su fase militar. Ross se casó dos veces, la primera con Lynda Brown. Con ella tuvo un hijo, Robert Steven. Luego de su divorcio en 1981, se casó de nuevo con Jane Ross, a su lado trajo al mundo a su hijo Morgan, quien siguió sus pasos.  

Estrella de la TV

Bob decidió explotar su habilidad para la pintura y dar clases. Una alumna suya lo convenció de grabar un anuncio para darse a conocer, y le dijo que sería una magnífica idea probar que podía enseñar a pintar un cuadro en media hora.

Un día de 1983, Bob entró a una pequeña emisora ​​de televisión en Muncie, Indiana. Ross grabó un comercial donde quedó claro que su personalidad era magnética. Más de 70 personas se interesan en su anuncio. Así surgió ‘El placer de pintar’.  

Surge un ídolo

Su programa se emitió en la cadena pública PBS desde 1983 a 1995. En ‘El placer de pintar’, Ross mostraba cómo plasmar en óleo escenas de la naturaleza.

La peculiar descripción de su proceso, donde improvisaba criaturas del bosque, lagos, árboles, se hizo famosa y cautivó a multitudes.

El uso constante de adjetivos y diminutivos se convirtió en su sello: “pequeños arbolitos felices”, “pequeñas y lindas montañas”, “trazos felices”; definía los errores con “accidentes felices”. Sus seguidores le mandaban los cuadros que trabajaban con sus técnicas.  

El adiós

A inicios de 1990 Bob Ross fue diagnosticado con linfoma. Su deteriorada salud lo obligó a transmitir el último programa de ‘El placer de pintar’ el 17 de mayo de 1994. Murió a los 52 años el 4 de julio de 1995.  

Hermoso legado

Bob Ross hacía tres versiones de cada obra que apareció en ‘El placer del pintar‘. La primera se hacía antes del programa y se usaba como referencia. La segunda la pintaba durante la grabación, y elaboraba una tercera para los libros educativos. Sus más de mil paisajes quedarán distribuidos en su estudio de Indiana, en el norte de Virginia, y el Museo DePaul Art en Chicago.

Otras tantas obras fueron subastadas en eventos benéficos. En 2019 la organización Bob Ross Inc. donó cuatro pinturas al Smithsonian, que reabrió sus puertas este año.  

DATO CURIOSO

Bob Ross trabajó como carpintero al lado de su padre y en un accidente perdió parte del dedo índice izquierdo, pero este factor no afectó la forma en que sujetó con firmeza la paleta para pintar.

dm