La migración ilegal a los Estados Unidos es un sistema muy estructurado, algo así como un monstruo socialmente aceptado que todos los días se alimenta de millones de dólares y con infinitas historias de dolor humano.

Esa realidad aporta evidencias contundentes para desmentir el optimismo presidencial divulgado todas las mañanas respecto a que se está extinguiendo la corrupción, solo que ese mecanismo putrefacto en el que se sostiene el tráfico ilegal de personas involucra tantos intereses que ni siquiera los del partido conservador pueden blandirlo como espada anti-obradorista, porque aquí en el principal bastión del PAN, es falso que las autoridades encabezadas por Diego Sinhue Rodríguez, se estén aplicando a fondo para desmantelar esa práctica ilícita, que aunque aparenta desarrollarse con ciertos rasgos de secrecía, se ejerce a la vista de todos protegida por un pacto tácito de silencio simulado entre la gente involucrada, los cuerpos de Policía y las autoridades de todos los niveles.

Protagonistas principales de ese negocio son los que coloquialmente se conoce como ‘coyotes’ o ‘polleros’, aunque en tiempos recientes tratan de poner en desuso esas palabras y comienza a proliferar el término ‘caminadores’. Algunos son muy experimentados, otros son sorprendentemente jóvenes, hay hasta con edades de veinte años o menos, aunque muchas veces esos muchachos suelen ser solo una pieza operativa que aunque fundamental en ese engranaje están al mando de otra persona.

En una región como el noreste de Guanajuato expulsora de mano de obra masiva a los Estados Unidos, abundan historias alrededor de este periplo humano que muchos connacionales emprenden. Ya no hay rincón urbano o rural que no dependa de los envíos de dinero de los migrantes, pero igualmente, son incontables los pueblos y localidades que tienen algún re-patriado muerto al cruzar el río, el desierto o en diversas circunstancias. Y es que todo indocumentado que se aventura a través de las redes de tráfico ilegal de personas, sabe que hay códigos no escritos, como el de que si alguna circunstancia -puede ser hasta el no llevar calzado adecuado, suficientes provisiones o no tener la agilidad y salud necesaria- pone en riesgo al grupo, será dejado a su suerte, y llegado el caso el ‘coyote’ por lo general también dará prioridad a salvar su vida y su negocio.

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Dinero y corrupción…

En las abundantes historias que circulan de boca en boca en rancherías y poblados respecto a las circunstancias que enfrentan los indocumentados, todas terminan desembocando en el dinero y en la corrupción como elementos centrales. También se comenta que en tiempos recientes se ha vuelto aún más complicado y costoso, porque ya no solo es el pago a quienes los guían por el camino, sino que antes de cruzar el Río Bravo deben dar cuota a quienes controlan ilícitamente las franjas fronterizas. Hay quienes mencionan montos actuales de hasta 30 mil pesos por persona.

Pero las cuotas en la frontera mexicana en varios casos son extras a la alta cantidad que se paga al ‘coyote’ cuando resulta exitosa la travesía. A lo largo de toda la región serrana hay trascendidos de que comparado con 15 años atrás el costo se ha triplicado, se habla de hasta 8 mil dólares o poco más por cada migrante. De esa cifra que en moneda nacional sería cercana a los 200 mil pesos, se sobreentiende que una parte está calculada para los sobornos en todos los eslabones de ese negocio ilícito. Aún así, hay quienes calculan que la ganancia por cada migrante equivale a cuando menos la mitad de lo que paga. Por eso para muchos resulta tan atractivo dedicarse a eso, y es que en una semana pueden ir, volver, y si consiguieron pasar un grupo de 10 personas, en ocho días obtienen hasta un millón de pesos. A eso habría que su-mar la venta de documentos falsos, que según versiones es otra forma como se ha camuflado el ‘coyotaje’.

Moderna esclavitud…

Pero no solo en lo económico es muy alto el costo que se paga por introducirse ilegal-mente, pues el convertir a una persona en mercancía denigra su condición humana. Si tuvieron suerte de llegar hasta el punto donde los recoge el ‘levantador’ para llevarlos a la bodega o casa de seguridad ya en el país vecino, son liberados solo a cambio del dinero pactado que debe entregar quien en ese argot se define como ‘el que responde’ por el paisano. Entre esto y los antiguos centros de venta esclavos en África no hay esencialmente mayor diferencia.

Esto sucede todos los días. Alcaldes y alcaldesas del noreste están enterados como igualmente los cuerpos de seguridad. Lo aquí relatado no es ninguna novedad pues se puede escuchar en cualquier paraje desde Atarjea hasta San Luis de la Paz, por cierto este es un punto neurálgico de ese trasiego, incluso versiones periodísticas mencionan que uno de los guanajuatenses fallecidos en San Antonio viajó en taxi desde Cortazar hasta territorio ludovicense para de ahí partir. Lo estremecedor es como ese tráfico ilícito de personas goza de una amplia legitimación popular y de la tolerancia gubernamental federal, estatal y municipal.

No es la primera vez que hasta que los muer-tos se amontonan trágicamente, como en el tráiler de Texas, aparecen por doquier los falsos lamentos y los golpes de pecho.

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JRP