Scarleth Pérez

León.- Loros verdes revoloteando de aquí para allá, decenas de nidos en lo alto de árboles y palmeras, garridos (parloteo de pericos) resuenan en el eco del silencio. Así es el escenario que todos los días acompaña a los vecinos del Rosario y a los visitantes del Parque Hidalgo.

Desde el primer rayo y hasta que se pone el sol, decenas de loros verdes se hacen presentes en el lugar y aunque no se dejan ver con facilidad, “el argüende los delata”, dice José Martínez, el guardia de una colonia frente al río, sobre la avenida Hacienda del Rosario. Ahí, donde anidan las aves.

“Solo están cantando todo el día, no se bajan y no andan para allá y para acá. No molestan a nadie. ¿Imagínese esto todo callado? Ellos alegran el día”, apuntó José.

Foto: Cristina Muñoz

Hasta hace unos 20 años, las poblaciones de loros de estos lugares fueron víctimas de la caza furtiva, recuerdan vecinos del Parque Hidalgo. Ahora el escenario es distinto, las aves se escuchan y aprecian a todas horas, pero cuando anochece, pasan desapercibidas y el silencio predomina en su hábitat.

Los loros del rosario

“No todo el año, su presencia se hace notar, es temporal”, dice Sebastián Manrique, vecino de enfrente de unos 6 nidos de loros, instalados en un solo árbol. En la casa de la familia Manrique aprecian y velan por la integridad de las aves, que aseguran, no molestan a nadie.

“Yo creo que ha ido creciendo el número de aves, unos cinco años atrás no se escuchaban tanto. Aunque únicamente están en esta zona (señalando el malecón del río) y la de parque (el ubicado en el Rosario)”, contó Sebastián.

Sebastián apuntó que tanto en su casa como en la de sus vecinos son capaces de denunciar a quienes intenten plagiarlos, situación de la que no han tenido registro en los últimos años.

Al contrario del anterior vecino de la colonia Haciendas del Rosario, el guardia de seguridad del Fraccionamiento Puerta de Hierro platica que el único problema que representan los loros en el lugar se registra en los patios donde hay árboles frutales, ya que los pericos con frecuencia los visitan con la finalidad de buscar alimento. Sin embargo, el sonido les es agradable, no hay quejas al respecto.

Los del parque

En punto de las 19:00 horas es el mejor momento para apreciarlos en el Parque Hidalgo, dijo Juan el señor que vende los Hot Dogs de Doña Felisa, ubicados en el lugar desde hace 58 años.

A esa hora se pone el sol y ellos suben a las copas de los árboles sin follaje para recibir los rayos dorados de luz. Quietos, sin tanto garrido, los pericos posan para quienes se percatan de su presencia, uno que otro revolotea, casi siempre de dos en dos.

En el Parque Hidalgo, la mayoría de los loros anidan en lo frondoso y alto de las palmeras. Ahí está difícil de robarlos, la altura supera los 1 metros.

Don Nacho Gutiérrez ha visitado el Parque Hidalgo seis de los siete días de la semana desde hace más de 40 años. En una casa sobre la Julián de Obregón viven sus suegros, donde asegura que en esos años había más loros, unos un poco más grandes y de un verde más intenso en comparación a los actuales.

“Hace unas dos semanas me platicaron que un señor y una señora se andaban disputando un polluelo que se cayó, y todo para venderlos en 300 pesos, algo que ni es suyo y que solo están al acecho para sacar ventaja”, platicó Nacho.

En ambas ubicaciones los vecinos aseguran que la población se ha duplicado considerablemente, pero hasta ahora las opiniones son positivas. Las platiconas aves verdes no molestan a nadie, solo son considerados ladroncillos de frutas.

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