En los ocho municipios del noreste, el gobierno del estado enfoca hacia su agenda partidista abundantes recursos, programas y personal.

El PAN utiliza como plataformas electorales las administraciones que controla, y también tienen una función clave en su operación política instancias como la ‘Regional I’ de SEDESHU con sede en San José Iturbide. Hasta 2020 ahí tenía una nómina de 25 empleados, varios de conocido activismo panista. La mayoría ocupan los puestos ‘Promotores de Desarrollo Social’ y ‘Articuladores’, estos últimos juegan una función relevante porque son enlace con los municipios para dar seguimiento a programas y subsidios, pero también se  insertan en  comunidades, establecen vínculos directos con liderazgos y  acceden a información  sustancial respecto a los  pulsos del entorno.

Pero el manoseo partidista de esos espacios institucionales tiene más vertientes: ha trascendido que esa estructura fue parte de una estrategia de cooptación del voto llamada presumiblemente ‘Red 10’, en la que se involucró a funcionarios de gobiernos afines, quienes recibieron la consigna de incrustarse entre la población en busca de adeptos. Según testimonio obtenido en un municipio de la región, cada empleado tenía que cooptar 10 personas, recabar sus datos en un formato, obtener copia de credencial del INE, luego acercarlas a reuniones del partido donde les preguntaban sus necesidades de apoyo. 

A eso hay que agregar la labor realizada por quienes operaron desde la delegación de la SEG, en nóminas del IECA, INAEBA, en  los Centros Impulso,  a sus aliados al interior de los organismos electorales, y en lo extralegal, su urdimbre con contratistas, proveedores que aportaron dinero o insumos, y los empujoncitos que les dio la iglesia católica hegemonizada en el rumbo por  conservadores. 

Sin embargo, considerando lo inmenso de ese aparato que opera antes y durante las campañas, las cuentas ya no le están saliendo muy bien al partido que encabeza Román Cifuentes.

Noreste panista: un falso mito…

Hace años, cuando el PAN proyectaba identidad doctrinaria y democracia interna, se consolidó como opción para la alternancia ahí donde los priistas llevaban instalados más de medio siglo. Pero luego de esa tendencia al alza sostenida un lapso considerable, y que desde la cúpula festinaban propagando la idea de haber convertido al noreste en un granero de votos panistas, a estas fechas las cifras prueban que eso ya es un falso mito. Tras sus triunfos asoman prácticas y señales de un castillo azul agrietandose.

No se corresponde el tamaño de lo que invierten con lo que están recibiendo en las urnas.  Del total de personas que en los ocho municipios eligieron Ayuntamientos, de cada 100  sólo 26 votaron al PAN. Tenía seis alcaldías, le quedarán cuatro. En Iturbide, la más relevante que recuperó, hubo abstención del 57% y solo tendrá dos regidores.

No puede hablarse de una región ‘pintada de azul’, donde pese a la apabullante maquinaria que significa la mancuerna PAN/gobierno estatal, tratándose de los cabildos, el 74% de electores les votó en contra, y de 66 posibles regidurías solo tendrá 21.

Armando Rangel y sus rivales a modo…

El PAN retuvo la diputación local, pero ni siquiera este resultado permitiría afirmar que en el Distrito 02 tiene apoyo mayoritario. Hay cifras y situaciones reveladoras de que preserva esa curul no porque los ciudadanos voten masivamente a su favor, sino porque realiza hábiles maniobras en las sombras, y es beneficiario de varios factores, aunque solo algunos parecen circunstanciales.

Juega a su favor la fragmentación del voto. Esta vez se repartió entre 10 candidatos. La abstención fue del 51% y ganó con apenas 30%. Si de cada 100 votantes 70 lo rechazaron, esa estadística diría que un bloque opositor ganaría esa curul de modo aplastante.

Pero junto a la extraña proliferación de aspirantes que solo dispersan los votos, de los nueve adversarios del panista ninguno tenía perfil competitivo por sí mismo, tampoco sagacidad, ni ofrecían nada sorprendente. La campaña de reelección para Armando Rangel Hernández fue un día de campo, a lo largo de la contienda nadie se atrevió a plantear cuestionamientos de tú a tú en la arena pública, todo fue tibieza, frases gastadas. 

Morena optó por Mireya Montes, regidora de Nueva Alianza en el Ayuntamiento de Iturbide, en el resto de los municipios nada se sabía de ella antes de la campaña. En el PRI/PRD, Isidoro Basaldúa ante el impedimento legal para reelegirse puso en la boleta a su hijo Isidoro Yael, pero todo fue simulación, pasó desapercibido, su retoño ni al debate del IEEG acudió y en un mitin de cierre de campaña en Doctor Mora el propio papá fue presentado como el candidato a diputado. Lo sorprendente es que el voto inercial lo llevó al segundo lugar con 24% (solo seis puntos abajo del ganador). 

Por el contrario, el aspirante panista estuvo en medios,  campañas municipales, sus lonas se veían en rancherías, poblados y saturó las redes sociales de propaganda. Aunque con escaso éxito el único que también hizo algunos intentos de generar producciones para  promoverse en lo virtual fue Pablo Alfonso Ramírez, de Redes Sociales Progresistas. Consiguió apenas 2% de votos, pero el dato llamativo es que este candidato hasta hace  meses era cercano colaborador de Rangel. Licenciado en comunicación y músico, fue quien realizó producciones audiovisuales en la contienda del 2018, y gran parte de la actual Legislatura formó parte de su equipo en el Congreso local, tenía plaza de ‘Secretario de Oficina’, aunque su trabajo era la promoción de la imagen  del diputado.

En San Luís de la Paz encabeza la agrupación musical ‘Los Duendes’, y hace tiempo aparecía como parte de su banda un joven arquitecto que ha sido ‘Residente’ en algunas de las 15 obras de INIFEG  que Armando Rangel Villegas, hijo del legislador, en meses recientes ha venido operando en el noreste luego de obtener los contratos a través de un tercero, como lo documenta la investigación publicada en correo el pasado 31 de mayo.

Entre observadores llamó la atención que un estrecho colaborador de Rangel Hernández le disputara el cargo, pues se han de conocer muy bien, sólo que para decepción de la audiencia, no tocó al panista ni con el pétalo de una rosa.

Este tinglado circense con el que el PAN retuvo el distrito, más que llevar la imaginación a un cuarto de guerra con virtuosos y sesudos estrategas políticos, remite a esos personajes oscuros del  ‘juego de la bolita’, ese con el que se estafa  a la gente de los pueblos en las fiestas patronales.