El Movimiento de Regeneración Nacional es hijo de los sinsentidos. Así tenía que ser, de otra manera no habría podido nacer ni crecer en la forma tan vertiginosa y fortalecida como lo hizo. Es verdad, tienen una figura central en torno a la cual giran sus integrantes, como si fuera un sistema planetario rotando en torno a su estrella particular, no obstante, para que el personaje se fortaleciera, tuvo que abrirle les puertas a mucha gente. Entre los grupos que entraron, hay personas comprometidas con las ideas de su líder y hay muchos oportunistas que vieron burro y aprovecharon el viaje.

Por esta razón, el partido en el poder está lleno de contradicciones: como dicen una cosa, dicen otra; da la impresión de estar atestiguando el desarrollo de un movimiento veleta que se amolda a los vientos de la conveniencia, de las apariencias y que hace énfasis en una tarea clientelar. Al son de: consigue votos y luego ya veremos, Morena dirigió las palabras que cada audiencia necesitaba escuchar, aunque unas promesas fueran en contra de lo ofrecido en otros foros. Y, ni hablar, ganaron como se gana en las democracias: con votos.

La evidencia de que en México hay las condiciones para llevar a cabo elecciones limpias, se dio cuando Morena se hizo presente en las urnas. Pero, el ejercicio del poder desgasta, el brillo se pierde cuando tantas promesas no se pueden cumplir, cuando las decisiones que se toman no les gustan a todos y sobretodo, cuando los foquitos del tablero del control del país se empiezan a encender para advertirnos que no todo es la miel sobre hojuelas que ofrecieron.

Claro que no nos podemos sentir sorprendidos de lo que se veía venir. En Morena, si ganan todo es correcto; si no es que hubo trampas. ¿A quién le sorprende verlos tomar las calles, protestar, arengar, gritar, chillar si esa ha sido su seña de identidad y la base de su comportamiento? No, no nos sorprende ver a Mario Delgado al lado de Félix Salgado Macedonio ni nos asombra como lo que dijo en el pasado hoy lo tiene sin cuidado. Tampoco nos parece nuevo que un personaje como Salgado Macedonio acate la resolución del INE que le es adversa.

Lo que llena de alarma son las amenazas. Peor cuando el amago va de un aspirante a una candidatura para un puesto de elección popular, con altas posibilidades de ganar una elección —si se lo permiten— directamente al árbitro electoral, a su persona y a su patrimonio. Entiendo que los ánimos se pueden caldear en la emoción de un mitin, pero, nadie puede tener la boca tan floja sin creer que no habrá consecuencias. El problema es que su partido lo apoya y para muestras, ahí estaba su dirigente dándole el espaldarazo.

Morena se muestra de cuerpo entero con estas expresiones. Nos deja ver con mucha claridad cuáles son los valores éticos y los principios de esta organización. El ritmo es: si no gano, arrebato. Asimismo, contemplamos el comportamiento de sus integrantes y vemos como el partido delimita lo que para ellos es tolerado, lo que consideran apropiado, a pesar de que sea ilegal y de que se esté violando la ley y faltando al respeto a las instituciones. Claro, la cultura ética de esta institución queda tan sólida como una hoja de papel, tan firme como una coladera en la que pasa de todo. Eso ya lo sabíamos. Es un sinsentido, porque, como las veletas, toma la dirección de la ventaja.

En este festival de despropósitos, hay uno más: la exhibición impúdica de sus actos merma su popularidad entre todos aquellos votantes que los vieron como una opción. No me refiero a los fanáticos, que tienen y seguirán teniendo. Pienso en todos aquellos que están viendo como la esperanza que pusieron en ellos se les está apagando. Y, ese es el peor de los sinsentidos.