Aduanas, ni los militares pueden con el monstruo 

La decisión que tomó el presidente López Obrador de militarizar el Sistema de Aduanas y darles el control de las mismas a las Secretarías de la Defensa y la Marina, no ha logrado hasta ahora terminar con la corrupción ni dominar al monstruo de mil cabezas en el sistema aduanal del país. La presencia de 2 mil 203 elementos militares que han sido destacamentados en 65 instalaciones aduaneras y portuarias del país, sobre todo en los puntos más críticos y de mayor tránsito de mercancías, no se refleja todavía en una disminución notable de las actividades ilegales y el contrabando que ocurre en todo el sistema que abarca 49 aduanas y 116 puertos mexicanos. 

El tráfico de drogas y armas, además de la gran cantidad de mercancías que de manera ilegal o con artilugios legales se introducen al país continúa y ni la presencia militar ha logrado afectarla, según demuestran las cifras de recaudación en los puestos fronterizos y portuarios. Lejos de incrementarse, como era el objetivo de mandar a los elementos castrenses y supeditar al control militar al director civil de Aduanas, Horacio Duarte, lo que recauda el gobierno ha disminuido: en los primeros 6 meses del año la cifra de ingresos aduaneros se desplomó 16%. Sólo en junio la caída fue de 25% comparada con la recaudación del año anterior, según las cifras preliminares de la Secretaría de Hacienda.

Y aunque la mayor parte de ese desplome se atribuye a la contracción del comercio exterior y la parálisis económica mundial ocasionada por el Covid-19, que redujo el consumo y la oferta de bienes, limitando las importaciones nacionales, la menor recaudación, que de enero a junio de este año fue de 420 mil 900 millones de pesos, también refleja que continúa el tráfico ilegal y la corrupción que hace que sigan pasando mercancías que no pagan impuestos al gobierno, pero sí a las mafias aduaneras y al crimen organizado.

Sigue el tráfico ilegal de autos 

Entre los principales evasores en las aduanas y puertos nacionales se encuentran “factureros” de automóviles usados, conocidos como los “coches chocolate”. Las denuncias contra empresas, de las que las autoridades conocen nombre y propietario, datan de hace casi cinco años, sin que hasta el momento se haya enfrentado a esas empresas que han tenido el control de las importaciones de vehículos usados por las aduanas de Ciudad Juárez, Tijuana y Mexicali.

La investigación judicial sobre la importación ilegal de autos comenzó desde 2018 y en la carpeta en poder de la FGR se presume una red de corrupción por la que habrían entrado al país 80 mil vehículos de manera ilegal, y en la que se solicitaban “moches” de hasta 400 dólares por auto, en información que ya conoce Horacio Duarte de Olivares, titular de la Administración General de Aduanas, quien ha solicitado acelerar las investigaciones para deslindar responsabilidades, porque él tiene el encargo personal del Presidente no sólo de atacar y disminuir la corrupción aduanera, sino también el imperativo y la orden de incrementar la recaudación hasta una meta de 1 billón de pesos anuales.

¿Cómo pueden entonces emitir las facturas para que los autos puedan entrar a México sin el pago de derechos? Esa pregunta deberían responderla en la Administración Central de Apoyo Jurídico de Aduanas (ACAJA), que es la que les otorgó los registros.

Así que mientras el presidente López Obrador, que bautizó a la corrupción aduanera y de los puertos, como el “monstruo de las cien cabezas” y ahora reconoce que en el Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado la corrupción también es como “un animal grande”, la realidad empieza a demostrar que la militarización de instituciones y actividades en las que han fracasado los civiles no siempre funciona ni acaba con la corrupción y los problemas. Y aun así la próxima semana la Cámara de Diputados aprobará el dictamen que le entregará a la Secretaría de Marina el Sistema Portuario Nacional y la Administraciones Portuarias Integrales. ¿Si no han podido los civiles, podrán los militares?… 
Giran los dados. Escalera doble. Buena semana y mejor fin.