Se tenía que decir y lo dijo

Hay temas que son como un elefante a media sala, todos sabemos que ahí está, pero disimulamos, tratamos de mimetizarlo, de darle la vuelta hasta que llega alguien que lo señala. Para hacerlo, hace falta cachaza y valentía. No hay porque ser tacaños ni mezquinos, así fueron las palabras del mandatario mexicano en Washington, D.C. Por primera vez, un presidente de México pone el tema migratorio en el centro de un encuentro trilateral desde la Oficina Oval y eso no es poca cosa.

Es cierto, sus antecesores ya habían tratado el tema en el pasado, pero lo abordaron forma tangencial, a la carrerita ya casi al momento de despedirse, como si quisieran que las frases se desintegraran, como si abordar un tema tan importante en Norteamérica fuera incómodo y ellos no debieran molestar. Hay que notarlo, porque esos actos son escasos y se da poco. Insisto, no es que López Obrador sea el debutante, otros lo precedieron, aunque en otras intensidades y también en otros foros.

En diciembre de 1990, durante la cena de gala ofrecida por el Ayuntamiento de Estocolmo a los premios Nobel, mientras el champán caía en cascada, Octavio Paz daba inicio a su discurso frente a las autoridades y demás invitados a la recepción. El escritor se preguntaba qué pasaría con el provenir del mundo. Especialmente, se cuestionaba si las fronteras se agrandarían las brechas o si habitáramos un planeta más armónico, menos desigual.

No creo que la respuesta que le tenemos al poeta casi tres décadas después, le generaría mucha ilusión. Por años, los migrantes mexicanos han llevado sus pasos en busca de un futuro mejor. Se han atrevido a dejar la tierra que los vio nacer para trabajar con mejores condiciones y mayores remuneraciones, especialmente eso. Estoy segura de que cada mexicano tenemos un familiar migrante, un amigo que se fue a tierras extranjeras y no se olvidó de su gente. De un tiempo para acá, ellos han sido los héroes que han nutrido la inyección de dólares al país, incluso, más que las ventas de hidrocarburos. No obstante, se les ha dejado de lado. Los hemos echo para atrás y le hemos dado más relevancia a ser correctos, comedidos y consecuentes, en vez de apoyarlos al nivel que ellos lo hacen con México.

Apoyan a México, pero también a los Estados Unidos. Han sido muchas manos mexicanas las que han revuelto la tierra, cultivado sus terrenos, cosechado sus frutos, cuidado a sus hijos, acompañado a sus ancianos, limpiado sus casas, construido sus rascacielos, hecho productivas a sus empresas. Son más los que se van a trabajar que los que andan haciendo maldades. Hay ciudades enteras en la Unión Americana en las que se escuchan más pláticas en español que en otro idioma. Y eso que hasta un niño inocente puede ver, parece que pasa desapercibido. Lo malo es que un gran porcentaje de paisanos que viven allá, padecen la incertidumbre de no contar con garantías.

La gran mayoría de los mexicanos que se fueron buscar su sueño americano y que lo consiguieron, no tienen garantías, no tienen un documento que les avale el lugar que se han ganado por la buena, con trabajo, esfuerzo y mucho talento. Entonces, viven y trabajan con estadounidenses que les tienen confianza para delegarles la responsabilidad de la crianza de sus hijos, de la producción de sus empresas, del cuidado de sus viejos, pero no confían en que ellos tengan papeles en regla. Tal vez tengan miedo de que se vayan a quedar allá para siempre, seguro no se han dado cuenta de que eso ya pasó. Esa gente ya no va a volver y si los regresan, en un abrir y cerrar de ojos los tendrán de vuelta. Allá está su casa y no se puede soslayar que allá los necesitan y mucho.

Así ha sucedido, que no le sorprenda a nadie. Es un tema que todos conocemos y llevamos sabiéndolo hace años. Hemos levantado la voz, pero no es la misma trinchera ni las palabras se oyen igual cuando vienen de un mandatario que las pronuncia en la oficina oval.

Dirán que nadie le va a hacer caso y puede ser que así sea. Dirán que lo que se escucha, ya estaba acordado de antemano y eso no es más que para contribuir al debate mediático. Pues que así sea. Ya es tiempo de que nuestros migrantes tengan un mejor lugar en la sociedad de Norteamérica, México y Canadá incluidos. Es tiempo de hablar de ellos en serio. Por eso, vale la pena hacer notar que, por primera vez, un presidente de México pone el tema migratorio en el centro de un encuentro trilateral desde la Oficina Oval y eso no es poca cosa.