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San Miguel de Allende es el ‘Mexican Dream’ de los extranjeros

Era punto de paso en la ruta del Camino Real a Tierra Adentro pero la Fragua  de la Independencia  ‘atrapó’  con sus encantos a los visitantes de otros países

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Era punto de paso en la ruta del Camino Real a Tierra Adentro pero la Fragua  de la Independencia  ‘atrapó’  con sus encantos a los visitantes de otros países

Roberto López

San Miguel de Allende.– La comunidad extranjera que vive en ésta ciudad tiene una historia  que rebasa la necesidad de encontrar un pueblo para retirarse; el repudio de la corona española posterior al levantamiento independentista, la belleza colonial de pueblo y la llegada de intelectuales fundadores de la Escuela de Artes son determinantes para que hoy, San Miguel de Allende sea la ciudad mexicana con más extranjeros residentes.

La influencia de los extranjeros ha sido, en gran medida, fundamental para que la ciudad conserve sus dotes coloniales y su belleza como pueblo tradicional, incluso para convertirse en Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Mejor apartado

Pero en San Miguel de Allende tampoco llueve al gusto de todos.

Amy Wegner, expublicista de 62 años de Los Ángeles, llegó en 2006 pero no se adaptó a las numerosas celebraciones callejeras, la estruendosa pirotecnia y el tañido de campanas de esta ciudad.

“Ahora vivo a 8 kilómetros de la ciudad. Para mí, el centro se ha vuelto tumultuoso, ruidoso, sucio, con muchos crímenes, muchos perros, demasiadas campanas de iglesias”, afirma. Como él muchos extranjeros han buscado propiedades en zonas lejanas a la zona centro de la ciudad.

Luis Felipe Rodríguez, cronista de la ciudad, comparte que, desde sus orígenes, San Miguel fue un cruce de caminos porque era ruta del camino real Tierra Adentro, por donde transitaban los cargamentos de insumos que abastecían a los lugares donde había vetas mineras, como San Luis Potosí, Mineral de Pozos, Xichú, Guanajuato o Zacatecas.

“Esta necesidad de surtir madera, forraje, alimento, cebo para velas, de productos propios de las tenerías y ropa, hacen que San Miguel sea un lugar de paso obligado. En 1826 se da el título de ciudad. Su ubicación le permitió a San Miguel que pasaran cientos de viajeros, y a querer o no, dejaron su huella con todo ese bagaje que arrastra una persona”, contó el cronista.

Llegan para quedarse

A mediados de los años 20 llegan a San Miguel personalidades que atraen a otras figuras para establecerse. El torero Pepe Ortiz, ‘El Orfebre Tapatio’, se casa con la actriz Lupita Gallardo e invita de testigo al tenor y astro de Hollywood,  José Mojica, quien se queda en el pueblo.

Tras asentarse en San Miguel, José Mojica se encuentra en Oaxaca a un personaje que sería también importantísimo para San Miguel, Stirling Dickinson, un artista noteamericano.

“Dickinson acaba de terminar la universidad y se va de viaje durante dos años con la intención de escribir un libro (su familia tenía imprentas y periódicos) y en ese viaje coincide en Oaxaca con José Mojica, quien le dice a Stirling Dickinson que si quiere conocer un pueblo bonito, vaya a San Miguel de Allende”, dice el cronista.

Interesante es la anécdota que cuenta Luis Felipe Rodríguez sobre la llegada de Dickinson a ésta ciudad: “Llega por la única vía que tenía mayor facilidad, que era el tren. Al bajarse en la estación, voltea para todos lados y ve que no hay ningún atractivo, pero al no poder regresar inmediatamente, toma un tranvía que era arrastrado por mulas; ese día había llovido y finalmente cuando entra al centro cuenta en su biografía que se encontró con un bello paisaje. Dickinson se queda en San Miguel y radica definitivamente”.

Otro extranjero destacado que llega a San Miguel es el peruano Felipe Cosío del Pomar, quien arriba huyendo de su país en 1935. Lázaro Cárdenas le permite refugiarse en México. Encuentra a varios conocidos aristócratas y lo hace con la idea de fundar una escuela internacional de Bellas Artes.

“Su intención era fundar una escuela totalmente artística, desarrollar todo el potencial de los profesores. Con esa visión holística, tiene la fortuna de encontrar a Leobino Zavala Camarena, que si no era sanmiguelense de cuna, sí era de residencia, que por muchos años fue el único notario de San Miguel. También conoce al general Federico Montes Alanis, que fue dos veces gobernador de Querétaro y una vez gobernador de Guanajuato”, señaló.

Cuenta el cronista que con esos nexos se va a Guanajuato y encuentra en el doctor Luis I. Rodríguez, el apoyo  necesario para que le permitan en comodato estar en el Exclaustro de Las Monjas, esto es en 1937.

Aunque la independencia le da a San Miguel, un lugar en la historia, también le hace foco del odio español y eso provocó que la ciudad no se industrializara a la par de otras como León o Salamanca. Eso, empero, le traería un beneficio único.

“Ellos forman una agrupación que denominan ‘Sociedad Amigos de San Miguel de Allende’, encabezada por José Mojica, Leobino Zavala Camarena, el doctor López Escobedo; y lo que hacen es una especie de reglamento para que San Miguel sea respetado. Por ejemplo, que no se quite la cantera y que las modificaciones que se hagan sean del mismo estilo de la ciudad”, dijo el cronista.

Eso ayudó, dijo,  para que en 1939 se diera, merced a la solicitud del licenciado Leobino Zavala, que era entonces diputado local, que fuera llamado San Miguel de Allende como una ciudad típica y como tal no debiera ser modificada; esto puede considerarse como un precedente de las leyes que protegen los centros históricos.

Esto le dio una unidad estética a la ciudad que hoy se conserva y se defiende.

Boom inmobiliario

Con la llegada en masa de jubilados estadounidenses en los últimos 20 años vino el apogeo económico y un sector inmobiliario en plena ebullición.

El extranjero busca “una propiedad con carácter, con sabor a México, con sabor a San Miguel de Allende”, es decir del estilo colonial, explica Salvador Moreno, propietario de ABC Reality. En la década de 1980 por la propiedad más cara apenas se pagaban 110.000 dólares, recuerda este profesional con 40 años de experiencia. “Ahora encuentras un condominio por 95.000 dólares o una casona por 12 millones de dólares”.

El primer hotel

En 1937 se empieza a modificar la vida de San Miguel. Ramón y Martín Zavala, que iniciaron en el negocio del tranvía jalado por mulas, hacen el primer hotel, el Posada de San Francisco pero sólo tiene 17 habitaciones.

La llegada de artistas e intelectuales que llegarían a vivir durante una temporada a San Miguel para dar clases  o estudiar en bellas artes, contagia a otras personas  y modifican sus casas.

“Cuando llegan los primeros 100 estudiantes, ni la escuela estaba terminada, ni había hoteles suficientes, entonces los empiezan a colocar en casas. Ya para 1940 se da la terminación de lo es Bellas Artes, que se llamaba Escuela Universitaria de Bellas Artes”, señala Luis Felipe Rodríguez.

Poco después, Bellas Artes cierra pero la idea de una escuela de artes persiste.

Enrique Fernández Martínez es el gobernador y se asocia para comprarla propiedad donde hoy se ubica el Instituto Allende.

“Ahí vuelve a entrar Stirling Dickinson, quien tiene conexión con muchas universidad a través de su familia y coincide que acaba de pasar la guerra y vende la idea de ofertar cursos a los veteranos de guerra; él les vende la idea de que sea en San Miguel”, narra el cronista.

Llegan por ferrocarril cerca de 100 veteranos que rompen cualquier proyecto hotelero y más familias empiezan a adecuar sus casas para recibirlos.

“Entonces se da una mezcla de jóvenes estudiantes y veteranos que se quedan a vivir aquí. Eso fortalece los lazos familiares, estamos hablando de los años 50”.

Gringas y rock and roll

En los 70, la euforia de la música disco y las tardeadas era en todo el país, igual que el rock and roll, “pero San Miguel tenía algo que no había en ninguna otra ciudad, que eran las ‘gringas’. Venir a ver las gringas era un atractivo adicional de la ciudad y eso atraía a mucha gente; se fundan los primeros lugares de diversión para bailar, y escuchar música. Se fundan sitios icónicos que no tenían ciudades grandes como Querétaro”, cuenta el cronista.

Para Luis Felipe Rodríguez, la influencia extranjera se cuenta más en beneficio que en detrimento. Sí, reconoce que los extranjeros trajeron consumismo de drogas que aquí no se conocían, o desmanes en cantinas que no sucedían entre los locales, pero sabe reconocer que los más de 12 mil extranjeros asentados en la ciudad, hoy son amalgama bien embonada y, en gran medida, base de la economía.

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