La generación adulta, tiene la obligación de crear condiciones para que el niño, se conozca lo más fielmente a su naturaleza. Saber qué es, como piensa y cuáles son las motivaciones de su conducta, es tarea inaplazable de la sociedad, para impulsar el uso del pensamiento lógico. Una persona que tenga cualquier edad hasta alcanzar 18 años de vida, tiene necesidad de saber de sí, de acuerdo con las peculiaridades de su naturaleza.

Los habrá entre ellos quienes tengan agudizada la curiosidad por explicarse el mundo, necesidad que con frecuencia se ve frenada por la ausencia de una forma adecuada para satisfacer su curiosidad, y que, de cualquier manera, trata de averiguar en qué consiste aquello que desea saber. Es cuando, a menudo, distorsionado el conocimiento, se acude a la mentira, la simulación o el engaño, contribuyendo con ello, a propiciar el pensamiento fuera de la lógica.

La lógica no debe considerarse limitada a una asignatura que se cursa en la preparatoria, sino como una práctica del sentido común, apoyado en el conocimiento de la ciencia, que es consustancial a la calidad racional del ser humano.

Un niño es un proyecto del cosmos, que está gravado en todo su ser, el infante tiene derecho a saber la verdad. Su cuerpo, da testimonio del proyecto que la naturaleza depositó en él y es obligación de la generación adulta, enseñar a la nueva, la elevada misión de mantener en el planeta, la dimensión racional de ese ser en expansión, que debe aprender a amarse, para luego ser capaz de amar y, consolidar con ello, esas dos demandas de los seres vivos: aprender a amar, para lograr ser amados y, en esa conjunción, cristalizar la dignidad que hace al género humano capaz de mantener la continuidad de esa forma superior de la materia.

El regalo al niño, debe ser el símbolo del derecho que tiene a ser amado. Esto es: cuidado, protegido e informado, para que comparta el patrimonio de la especie, en cuanto a buscar y lograr conjuntamente, la libertad y la felicidad.

El niño tiene que aprender a ser libre y a lograr la felicidad, en la propia realización, como ser potencialmente racional, libre y feliz. Pero es igualmente importante, que esté convencido que todos los que forman la especie, tienen la misma aspiración y, el mismo derecho, a realizar lo que la naturaleza puso en ellos, puesto que, para realizarse plenamente, siempre requerirá de sus congéneres.

El ser humano es único e irrepetible; es capaz de amar y debe aprender a ser amado. Para ello no necesita determinada edad, de ahí la necesidad de que la generación adulta, genere lo que haga falta, para que el grupo humano, bajo su responsabilidad, mantenga la continuidad y, las nuevas generaciones, sean mejores en lo espiritual y lo material; características que deben conjuntarse para dar la unidad necesaria, para su desempeño trascendente.