La readaptación social en la Pandemia para el futuro

En los primeros tres meses del año vino una implosión social -absorber las personas su energía- cuando concibieron que no habría un pico en la numeraria de datos, ni una meseta que representaría ese “tobogán” por donde deslizarse para salir catapultados de la pandemia. Se gestó así en los habitantes de Guanajuato un gran conflicto -que podría verse desde lo psicosocial o sociopsicológico-, entre respuestas recibidas desde lo oficial sobre la enfermedad y las medidas tomadas desde los gobierno para proteger su credibilidad, contra lo aprendido por los gobernados, de una realidad con múltiples verdades y matices.

La pandemia por la Covid-19 durante los años 2020 y 2021 será un parteaguas en la vida de la humanidad y un parámetro respecto de la evolución y desarrollo en diversas materias, política, salud, economía, educación y sobre todo del comportamiento de las personas. Quizá lo que sobresale, al momento, cuando nuestro país totalizó un millón de contagiados y 100 mil muertos por la enfermedad, es la gran confusión de la sociedad de la cuestión, mientras espera la “especie de milagro”.

En marzo, la Federación decretó la “Epidemia Sanitaria en México” por la pandemia, con lo cual suspendió inmediatamente las actividades no esenciales. En tanto, las esenciales son apreciadas de vital importancia para el funcionamiento óptimo del país. En ese momento sobrevino la presión social porque muchos consideran sus actividades igual de importantes. El confinamiento y la discriminación llamó la atención social, pues se privilegió la actividad económica por encima de la salud y la vida humana; la prueba ineluctable de que la enfermedad afectó en el primer mes de contagios fue la economía.

En el ánimo de la población se comprendió, casi con calzador, que una nueva realidad se estaba gestando y había que cambiar desde hábitos y la forma de relacionarse. Aunque en el primer mes no se tenía claridad para ello, las cifras ofrecían información de la penetración de la Covid-19 en el país, infectando a la gente en casi todo el territorio mexicano. Los guanajuatenses empezaban a moverse pues creían que la crisis se superaría en mayo, como vociferaron los técnicos, encargados de salud federal y la estatal. Mientras los efectos inmediatos en la familia se reproducían con violencia, no se meditó que vendrían los cambios.

En los primeros tres meses del año vino una implosión social -absorber las personas su energía- cuando concibieron que no habría un pico en la numeraria de datos, ni una meseta que representaría ese “tobogán” por donde deslizarse para salir catapultados de la pandemia. Se gestó así en los habitantes de Guanajuato un gran conflicto -que podría verse desde lo psicosocial o sociopsicológico-, entre respuestas recibidas desde lo oficial sobre la enfermedad y las medidas tomadas desde los gobierno para proteger su credibilidad, contra lo aprendido por los gobernados, de una realidad con múltiples verdades y matices.

Una luz en el túnel del escenario se divisó en el mes de junio cuando las presiones de los sectores sociales se fueron sumando, hasta crear una bola de nieve que los gobiernos estatales de oposición retomaron para enfrentar al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, por recursos y apoyos para atender los problemas creados por la pandemia, amén de los recortes y rezagos de recursos para las entidades. Ante el posible colapsó económico por el paro obligado, se lanzó el plan de nueva normalidad para sacar presiones acumuladas.

El juego perverso se completó cuando se anunció que la estratagema, llevaba el detalle –similar- a la aplicable a Seguridad Pública, sería de aplicación voluntaria y se “respetaría” si alguna autoridad municipal o estatal decide no acatar el plan. Resultó el “alivio” espontáneo porque la cuestión educativa ganaba un lugar en la sociedad, desde el cierre de las escuelas, la incomunicación entre maestros, alumnos y padres de familia. Y la posibilidad de continuar con la educación a la distancia.

Pareciera que a la vida “normal” se retornaría , porque la inseguridad se mantiene en Guanajuato con los asesinatos e impactos por la violencia masiva; sin embargo, el incremento de los contagios y los decesos por el coronavirus, ofreció la oportunidad a la población local de volverse más reservado. La ciudadanía aplicó a la esperanza la medida menos adecuada, desbordar los ánimos volviendo a las calles y los jardines, y sobre todo “creer que lo malo” estaba concluyendo y la normalidad con sus defectos estaba volviendo. Craso error y nuevamente el desánimo.

Se impuso hacia el sexto mes del 2020, el “Semáforo de la Reapertura Económica”. Por medio del fingido aparato de control de tráfico con los cuatro colores, Rojo, Naranja, Amarillo y Verde, determinar actividades productivas que se podrían desarrollar, en el contexto. Las 32 entidades arrancaron con ese control de tráfico con el color rojo, después se realizaron los ajustes incluso hubo municipios que por estar libres de la enfermedad, fueron exentados de las listas.

A esas alturas, precisamente para julio-agosto se comprendió que ese regreso a la normalidad o algo parecido resultaba “misión imposible”, y había que modificar los comportamientos porque todas las ilusiones se estaban desmoronando. Habría que producir las nuevas conductas ya que la vida alteró y el futuro para las familias se tendrá que revaluarse. Se fueron cambiando la manera de actuar, relacionarse, trabajar hasta de divertirse. Nada quedó sin tocar por la pandemia que se volvió fatal, ni siquiera la intimidad y los vínculos familiares.

Lo nuevo que se está volviendo personal, es que la ciudadanía caiga en la cuenta que su único escudo de protección contra la Covid-19, es un modesto “cubrebocas” y que la prevención radica en la higiene.

Incumplidas las proyecciones estadísticas hechas en el mundo a fin de darle sentido a la movilidad del coronavirus en distintas etapas para su encare se puede historiar que en varios países como el nuestro desde las esferas de los poderes se le pensó “controlable” hasta “pasajero”. Las medidas de control, sanitario y atención a la población -entrega de información y evolución de la enfermedad-, se embrollaron tanto que se creyeron individuales y de libre albedrío. Sin obligatoriedad.

Las promesas oficiales fueron creciendo hasta amalgamarse con más información a favor o en contra, conformando la Infodemia inesperada con achatamiento de la curva con base en los datos sobre, contagios, muertos, negativos, confirmados, aliviados y otros indicadores, los que sirvieron para atemperar a la sociedad que se “recluyó” en casa. En Guanajuato, se reprodujo el orden nacional se hacía; los lineamientos de Palacio Nacional “trascritos” por Hugo López-Gatell Ramírez.

Topografía.

Planimetría. De sopetón. Llamó mucho la atención de los comuneros de Medranos de Silao de la Victoria, que este sábado los acompañara la senadora del partido de Morena, Antares G. Vázquez Alatorre, a fin de tratar sobre los pozos de agua en la zona; quien aprovechó para la presentación de su II Informe como representante de la entidad. En el mismo lugarcito de la Victoria, se entregaron las Becas Benito Juárez; lo puede revalidar el regidor moreno, José Luis Araujo, antes del PRD.