Mientras en algunas zonas pauperizadas de nuestro querido México existen personas que sufren por la carencia de lo más elemental, los dueños de las mayores fortunas del mundo las vieron multiplicarse hasta más del 150%, de acuerdo con lo publicado por Bloomberg. Al señalar a los beneficiarios de los negocios que se mantuvieron al alza a pesar de la pandemia, esta compañía de asesoría financiera resalta cómo la riqueza se concentra en un pequeño grupo de personas.

Así los dueños de las grandes empresas trasnacionales, al menos 10 de ellos, registran fortunas superiores a los 100 mil millones de dólares y un incremento sustancial aún en medio de las restricciones de la pandemia del Coronavirus. Nombres como Jeff Bezos, Elon Musk, Bernard Arnault, Bill Gates, Mark Zuckerberg, Warren Buffett, Larry Ellison, Larry Page, Sergey Brin y Mukesh Ambani, conforman la lista de los 10 hombres, curioso que no haya una sola mujer, más ricos del planeta.

Pero qué ocurre con la humanidad que permite que un pequeño grupo de personas amase fortunas tan enormes, mientras que la inmensa mayoría se debate entre los problemas y deudas para sostener las condiciones mínimas de su familia. ¿Por qué mientras una persona tiene más de 177 mil millones de dólares, hay quien sólo cuenta con un salario de menos de 100 pesos al día? ¿Cuál es la causa de los desequilibrios y las grandes brechas en la distribución de la riqueza mundial?

Cuestiones verdaderamente difíciles de contestar y duras de comprender, cuando se supone que todos deberíamos tener igualdad de condiciones y oportunidades, pero que la suerte, sagacidad, talento, herencia o simple toque divino han hecho la diferencia. Sin embargo los sistemas financieros y los gobiernos deberían esforzarse por mejorar la distribución de la riqueza, para que la sociedad genere condiciones de una vida lo más digna posible.

Hoy nuestro gobierno debiera estar preocupado por construir circunstancias de producción de riqueza bajo la premisa de un reparto justo y equitativo, así como la programación de nuestros presupuestos bajo condiciones de recaudación eficiente y uso equilibrado y efectivo para promover el desarrollo con infraestructura y servicios de primer nivel, que mitiguen los daños de la pandemia en la economía de estados, municipios y las familias mismas.

Nuestro país se encuentra, según el economista Tyler Cowen y la revista especializada Bloomberg, con altas expectativas de convertirse en un país con un crecimiento sostenido, con posibilidades de llegar a ser tan próspero como Dinamarca, a pesar de los referentes que le asocian como un país muy corrupto e inseguro. El economista señaló que México tiene uno de los ingresos más altos de las economías emergentes, lo que aunado a los esfuerzos de la clase media por superar a los líderes populistas e irresponsables, le mantiene a flote.

Ahora que se discute en las cámaras del Congreso de la Unión la Ley de Ingresos y Egresos, la Reforma Eléctrica y algunas aberraciones contrarias al bien de la economía y bienestar social, deberíamos voltear a ver el futuro que deseamos, pues si dejamos que destruyan la estructura económica y la base productiva, más tarde lo podríamos lamentar. Si ahora no exigimos que nuestros gobernantes configuren los presupuestos enfocados en la satisfacción de las necesidades de seguridad, educación, salud, obra pública y empleo, corremos el riesgo que las brechas de pobreza se amplíen.

En Guanajuato no debe descuidarse la agenda de desarrollo económico con enfoque centrado en la persona, en el progreso personal y familiar, consolidando la atracción de capital e inversión internacional y una administración presupuestal orientada a disminuir las condiciones de desigualdad existentes, abatiendo la inseguridad y brindando certeza a la reactivación económica y social, para visualizar la nueva era económica.

La regulación de la vida en sociedad se forja desde la estructura gubernamental.