¿Riesgo Sistémico Cubierto?

El pasado 26 de mayo, la Comisión Bancaria y de Valores informó a través de un comunicado de prensa la designación de BBVA Bancomer, Santander, Banamex, Banorte, HSBC y Scotiabank como Instituciones de Banca Múltiple de importancia sistémica local entre los 50 bancos en operación en el país. Un tema relevante teniendo como contexto que de marzo de 2020 a marzo de 2021 la banca reestructuró y aplicó diferimientos de capital e intereses por el equivalente al 30.7% del crédito al sector privado, lo cual ha significado en la práctica una prueba de estrés para el sistema financiero.

Los bancos considerados como de importancia sistémica en su conjunto concentran 74% del total de los activos, 76% de la captación total, 77% de la cartera de crédito, el 78% de la cartera que presenta morosidad de acuerdo con cifras publicadas por la CNBV al mes de abril del año en curso.

No hay que olvidar que desde julio del año pasado a Banco Inbursa ya no se le consideró dentro de este grupo de bancos. Y también hay que considerar que Banamex y Santander, son subsidiarias de Citigroup y Santander España, ambos considerados como instituciones de importancia sistémica global (G-SIBs) de acuerdo con el Consejo de Estabilidad Financiera.

La identificación de las instituciones que ante una eventual quiebra pueden afectar la estabilidad del sistema financiero y de la economía en su conjunto, es una de las reformas emprendidas por el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea para tener una mayor resistencia de los bancos y los sistemas bancarios. Todo gracias al aprendizaje dejado por la Gran Recesión (Crisis Subprime) y las repercusiones generadas por las quiebras de instituciones, como la de Lehman Brothers y Washington Mutual, que en conjunto involucraron activos por más de un trillón de dólares en su momento equivalente al 6.7% del PIB de EE. UU. y que detonaron una crisis que requirió programas de rescate por más de dos trillones de dólares a nivel global. Respecto a estos bancos siguen siendo los dos casos de bancarrota más cuantiosos medido por activos en la historia de ese país, ejemplos por excelencia en la historia contemporánea, para entender el término “Demasiado grandes para dejarlos quebrar” y que da una connotación diferente al rescate bancario llevado a cabo en nuestro país entre 1995 y 1998 culminando con la creación del IPAB.

México adoptó esta normativa desde 2016, evaluando los requerimientos de capital con una metodología basada en indicadores, que asigna un puntaje a las instituciones de banca múltiple considerando cuatro factores principales: Tamaño, Interconexión, Importancia de Los Servicios e Infraestructura y Complejidad.

El primer factor, con base en los activos, nos indica que mientras más grande sea un banco, con posibilidades de quiebra, más complicado será que otros bancos puedan asumir su actividad en el sistema financiero. El segundo refiere el grado de contagio hacia otras instituciones en función de sus operaciones y obligaciones contractuales. El tercero pone de relevancia la sustituibilidad y el efecto adverso que tendría la ausencia de esa infraestructura en la atención de necesidades de los clientes del sistema financiero. Y finalmente se evalúa la complejidad de negocio, estructural y operativa.

En México, los bancos en esta categoría han hecho un gran trabajo excediendo el requerimiento adicional de capital, permitiendo que en lo individual cada uno de ellos busque maximizar su rentabilidad sin que ello signifique un riesgo incremental para el sistema financiero en su conjunto, al poder contar con mayores recursos propios para la absorción de pérdidas adicionales. Esto ha contribuido a disipar preocupaciones por el impacto de la pandemia y confiar en una recuperación más ágil del crédito en comparación a otras crisis.

Sin embargo, lo anterior no debe permitir relajamiento, pues en breve las normativas deberán incluir la evaluación de riesgos asociados con eventos de potencial disruptivo asociados al cambio climático que podrían llevarnos a una crisis financiera sistémica, mejor conocidos como ‘Cisnes Verdes’, por lo que cabe preguntarse… ¿Qué tan preparados están los bancos de importancia sistémica ante estos nuevos desafíos? …En el futuro de la estabilidad del sistema financiero dependerá sustancialmente de ello.