La mesa del rincón Opinión

Resurrección, epicentro de fe y política

Transcurrida la Semana Santa y como culmen del misterio salvífico de la fe, este día celebramos la Resurrección del Señor. Como reza el apotegma católico, si Jesucristo no hubiera resucitado vana sería la fe, por lo que este domingo concentra el mayor significado, razón y sentido de la esencia de la Iglesia y evidencia irrefutable de la divinidad del hijo de Dios.

La resurrección proviene del latín resurrectio, que quiere decir levantarse de nuevo, resurgir o alzarse una vez más, implicando un volver a la vida después del acto mismo de la muerte. Hoy resulta altamente significativo el entendimiento del concepto resucitar, puesto que ahora como nunca antes el ser humano ha visto empoderarse la muerte en la sociedad, casi hasta normalizarla como secuela fatal del padecimiento del coronavirus.

A este día, más de 203 mil fallecimientos oficiales en nuestro país muestran a la sociedad lo endeble que es la vida y lo cerca que transita la muerte en torno nuestro. Hoy el mundo se contrae ante la seria amenaza de sufrir un contagio pandémico, o del riesgo enorme de perder a algún ser querido y ver pasearse a la muerte por los pasillos de casa.

Sin embargo, en el plano espiritual guarda invaluable consuelo saber que Jesucristo resucitó y que asimismo nosotros estamos llamados a esperar acción semejante en nuestra persona o seres queridos. Hoy más que nunca es motivante saber que Dios-hijo resucitó de entre los muertos y con ello reiterada la promesa de acceso a la vida eterna y a la resurrección de todos y cada uno después del juicio final.

Análogamente, hoy como sociedad esperamos con enorme fe que este mundo convulsionado por una pandemia agobiante se levante y se recupere, para dar paso al surgimiento de la nueva era y renovar el sentido de vida de la humanidad. Actualmente la economía espera se regulen las condiciones para su resurgimiento, el sector salud espera que la capacidad de contagio del virus se extinga y la vida familiar y social anhelan volver a una normalidad armónica.

Sin lugar a dudas que para que se sienten las bases paradigmáticas de la implementación de un nuevo modelo económico, social y cultural, aún se visualiza muy distante. Ya hace un año del confinamiento, de la suspensión o limitación de actividades productivas y no se ve el término de esta amenaza que ha detenido y modificado todo.

Ilusión y anhelo se someten a las condiciones de la pandemia, buscando resarcir a la sociedad guanajuatense la esperanza de levantarnos nuevamente y de recuperar las posibilidades de una resurrección social, esperando escuchar la voz imperiosa que nos diga: Guanajuato, levántate y anda. Ahora tras la resurrección vendrán las voces incesantes de llamados políticos para participar de las próximas elecciones y brindar su voto en favor de alguna de las opciones partidistas.

Tras la resurrección y a primera hora de la Pascua dará inicio la jornada más significativa de la vida política del país y de nuestro estado, ya que este lunes a primera hora se abren las campañas para la renovación de los Congresos local y federal, así como de las alcaldías o ayuntamientos. Prácticamente se destapan las contiendas electorales en pleno periodo vacacional y con la expectativa de una tercera ola pandémica en puerta, misma que vendrá a aderezar los contextos políticos de lo que podría ser la campaña de la muerte.

Esperemos que el INE, el IEEG, los gobiernos del estado y municipales, así como la mesura y prudencia de la sociedad, logren contener la vorágine impulsiva y apasionada que la búsqueda del poder provocará en candidatos y partidos mediante posturas atrevidas y temerarias. Colateralmente las instancias de gobierno deberán garantizar la seguridad social y la preservación de la integridad de quienes participen del proceso electoral, para no enrarecer la democracia, ni enturbiar la voluntad popular.

Una sociedad mesurada someterá las pasiones políticas al imperio del bien general.

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