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La fragilidad de la especie humana

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La fragilidad de la especie humana

Los seres humanos vivimos en un mundo fantástico donde la realidad no tiene mucho campo. Más bien nos ocupamos de cosas intrascendentes, y poco en la posibilidad de llenar la existencia con valores que representan la misión trascendente que podemos asignar a nuestra especie.

Un ejemplo del abandono de lo esencial podemos apreciarlo en los fines que nos proponemos alcanzar con la educación. Una reflexión no muy profunda podría darnos luz sobre la importancia que tiene la salud para nuestro desempeño cotidiano. Educar para la salud palidece ante los empeños por alcanzar el desarrollo progresivo de la economía, sin acertar sobre los límites del mismo.

Visto desde la perspectiva amplia, podríamos suponer que estamos ante peligros que no advertimos; que la posición del planeta nos habla de límites que nos negamos a considerar, en el afán de tener satisfactores ilimitados en número, sin reparar en que su producción nos llevará finalmente al agotamiento de las materias primas que sustentan la posibilidad de nuestra sobrevivencia.

Un microorganismo surgido de un lugar desconocido, sin que podamos acertar si se trata de una acción ‘inteligente’ venida del más allá o del más acá, o de la disputa de un lugar para la sobrevivencia, de seres de tamaño minúsculo comparado con nosotros, que ponen en riesgo nuestra entidad como seres capaces de darnos cuenta; que como especie, no hemos conquistado el planeta y que luchamos por mantener un lugar, frecuentemente disputado por seres de origen desconocido, mientras que dedicamos lo mejor de nuestra capacidad pensante a tratar de conquistar otros mundos.

La posición de la especie, cualquiera que sea el origen de entidades que provoquen zozobra entre millones de seres humanos, es frágil, ante los riesgos del desarrollo del cosmos, en lo exterior y de nuestro extravío mental; que sin duda, rivaliza con el virus amenazante, en número de víctimas. Empero, no hemos reconocido que la violencia es producto de nuestra insania mental, que debemos atender, pues resulta tanto o más letal que los peligros que nos asechan en la disputa por el mundo que disfrutamos.

Sobrevivir en las condiciones actuales será cada vez más difícil, en la medida que seamos incapaces de advertir que el desarrollo y la producción de bienes es limitado, por los recursos disponibles en el planeta. Que seguir sin una política poblacional que evite una catástrofe, ahora inimaginable, es suicida, con resultados catastróficos de la lucha por el agua y los alimentos.

Si las consecuencias de un agresivo virus nos confinan, aprovechemos la ocasión para reflexionar sobre la fragilidad de la especie y nuestra responsabilidad, para que la materia consciente sobreviva en la tierra.

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Lorenzo Meyer

La décima de una milésima de milímetro

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La décima de una milésima de milímetro

La gran pandemia que azotó a México y al mundo hace poco más de un siglo, la influenza de 1918-1920, se originó en un virus A-H1N1 que probablemente pasó de las aves a los humanos en Estados Unidos. Su efecto fue brutal y global. Se calcula que infectó a centenas de millones y causó la muerte de entre 40 y 100 millones de personas, (John M. Barry, ‘The great influenza’, Penguin, 2004).

Las fuentes no permiten saber con exactitud como afectó a México este virus. Los censos de población de 1910 y 1921 nos dice que en vísperas de la Revolución nuestro país contaba con 15.1 millones de habitantes y once años más tarde sólo registraron a 14.3 millones. Si la demografía hubiera seguido su trayectoria normal –como la que tuvo en el último decenio del porfiriato- cuando la población aumentó en 1.5 millones, entonces el censo de 1921 no hubiera registrado descenso alguno sino, al contrario, un ascenso, y la población total hubiera rondado los 16.7 millones. Sin duda la Revolución fue el factor interviniente más dramático en la caída demográfica de la época, pero por sí sola no explica los 2.4 millones de mexicanos faltantes en los registros. Ese número hipotético debe de estar compuesto por las víctimas de la violencia, (aunque los grandes encuentros, como la Decena Trágica en 1913, Zacatecas en 1914 o Celaya en 1915, registran muertes del orden de 6 mil civiles y combatientes la primera, 7 mil la segunda y alrededor de 1400 la tercera), pero también por las hambrunas, la disminución de la natalidad, la migración masiva a Estados Unidos y las enfermedades: fiebre amarilla, tifo, tifoidea, sarampión, viruela y, desde luego, la pandemia de finales del 18.

El trabajo de Lourdes Márquez Morfín y América Molina del Villar (‘El otoño de 1918: las repercusiones de la pandemia de gripe en la Ciudad de México’, Desacatos, No. 32, [enero-abril, 2010]) ofrece datos, análisis y la textura social y política en que se desarrolló esa pandemia en la capital mexicana. El virus llegó de las ciudades del norte y de Veracruz –las zonas de contacto con el mundo externo por ferrocarril y barco-, las autoridades locales reaccionaron con lo que pudieron: ordenaron el cierre de escuelas, teatros y lugares de reunión, examinaron el estado de salud de los viajeros en las terminales de ferrocarril, recomendaron la cuarentena a los infectados y evitar saludos de manos y besos, limpiaron las calles, y habilitaron al Hospital General para atender a contagiados “menesterosos” hasta saturarlo, a ese y otros hospitales. En suma, la autoridad sanitaria local hizo un esfuerzo por detener la cadena del contagio y atender a los infectados. En los tres meses que duró la emergencia, una ciudad de poco más de 600 mil habitantes, registró 7,375 muertes por influenza. Otras ciudades, sobre todo en el norte, corrieron con igual o peor suerte. Al final, los infectados se contaron por centenas de miles y los muertos fueron muchos. Un ejemplo fue la Villa de Guadalupe; ahí la prensa reportó el contagio del 45% de sus 3 mil habitantes y calculó en 25 los decesos diarios en octubre.

La pandemia de hace un siglo, como la de ahora, no pudo ser prevista. En ambos casos la vacuna simplemente no existió como opción, sino apenas la organización de medidas de higiene y la atención posible de los afectados. En 1918 la tarea de organizar el aparato de salubridad recayó en los gobiernos locales, hoy la batuta la ha tomado el gobierno federal para implementar una coordinación nacional de una defensa que se empezó a construir en cuanto se supo del peligro. En 1918 el gobierno presidido por Carranza simplemente no tuvo que tomar en cuenta a la oposición organizada porque ya había sido destruida y la crítica de la prensa a las instituciones públicas se quedó a nivel local y no tuvo mayor efecto en la vida pública.

En México, la pandemia del 18 se desarrolló cuando un antiguo orden político acababa de ser reemplazado violentamente por otro. En contraste, la actual está teniendo lugar en el marco de una feroz pugna entre una vieja estructura de poder que se niega a desaparecer y un gobierno que busca rehacer la vida pública mexicana. Sin que nadie se lo propusiera, hoy el Covid-19 es un factor –un actor- central en el drama político mexicano y de otros países. ¿Quién iba a suponer que parte del futuro mexicano lo iba a determinar un virus que apenas mide la décima parte de una milésima de milímetro? En política y desde siempre, la sorpresa es rutina.

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La preparación ante lo inminente

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La preparación ante lo inminente

Iniciamos el año 2020 con la noticia sobre una enfermedad que aquejaba a los chinos y los estaba matando, era un suceso que impactaba pero a la vez lo sentíamos lejano, por ello, continuamos con nuestra habitualidad. Pero, conforme pasaban las semanas escuchábamos acerca de cómo esta nueva epidemia iba expandiéndose a otras poblaciones, a otros países, no obstante, seguíamos viéndolo lejano, a fin de cuentas estaba en el otro extremo del planeta.

Soy profesional de la salud desde hace 15 años, mi labor es brindar cuidado especializado a personas con afecciones cardiovasculares en un hospital de tercer nivel de atención, donde hace algunas semanas fui notificada sobre la inminente llegada de esta enfermedad al país y la cual se espera, sea de grandes dimensiones. Quizás ya han escuchado demasiado sobre la rapidez en su diseminación, que los adultos mayores son el grupo poblacional que está siendo mortalmente afectado, así como aquellas personas con comorbilidades e inmunosupresiones.

México, así como otros países, ha tomado medidas que permitan disminuir el impacto de la enfermedad en la población, las acciones que hoy en día efectuamos como el distanciamiento social, el lavado de manos, entre otras medidas preventivas, solo buscan disminuir el impacto, nunca evitarlo porque esto es imposible.

Hoy no les hablaré de las acciones que debe emprender cada persona para evitar la rápida propagación del Covid-19, les hablaré de cómo el profesional de la salud se prepara para lo inminente.  Comenzamos leyendo más sobre la fisiopatología del virus, la terapéutica a emplear, los medios de contagio que han tenido colegas en otros países para evitar infectarnos con el virus, realizamos talleres para que todo el equipo tengamos en claro las actividades a ejecutar. Si bien es sabido, dentro de nuestro sistema de salud existen carencias, por ello, nos hemos provisto de equipo complementario para el cuidado de estos pacientes, por ejemplo, botas plastificadas y caretas, las cuales pueden ser desinfectadas y reutilizadas. Algunos otros, han considerado la búsqueda de un espacio donde descansar entre cada turno para evitar con ello regresar a casa e infectar a la familia.

Las vacaciones del personal han sido suspendidas, compañeras y compañeros con riesgo de infección ya no se han presentado a laborar, el déficit de personal es esperado para la sobrecarga de trabajo que habrá, porque otros más se contagiaran. Hay quienes, han preparado a la familia no solo para la ausencia temporal sino definitiva, porque hoy en día ser profesional de la salud es una profesión de alto riesgo y mortalidad.

Los profesionales de la salud tenemos miedo y solo esperamos que la población valore un poco más la vida humana, quedándose en casa.

Cualquier comentario sobre este artículo, favor de dirigirlo a [email protected] Para consulta de más artículos www.ugto.mx/eugreka.

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Israel López Chiñas

Ante el virus se requiere estrategia e reingeniería financiera

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Ante el virus se requiere estrategia e reingeniería financiera

“Lo promisorio de los resultados no supone que no queden aún muchos por resolver. Los problemas de lo normal y patológico tienen muchas dimensiones, entre ellas las culturales y sociales, cuyas relaciones y significación no siempre son tenidas en cuenta”. Antonio Caparros (Sentido de una aproximación de una crisis, 1977).

La lógica de trabajo de los gobiernos: federal, estatales y municipales, aunque parece que atienden los problemas coyunturales para que la crisis provocada por la pandemia sea mitigada, no es posible, pues los  gobiernos no buscan aplicar los recursos públicos con visión amplia, atendiendo las necesidades con programas debidamente sustentados. Es urgente y necesario que los tres órdenes de gobierno lleven a cabo una reingeniería financiera para concebir los problemas, generados por La Epidemia, con posibilidades de atención y resolución.

La buena voluntad resulta en los casos de emergencia insuficiente. La sana distancia requiere de la sana convivencia y la sana malevolencia. Esperar resultados de La Epidemia del 2020 inducida por el COVID-19, como de otras en otros momentos históricos, sería reducir al absurdo el quehacer de la humanidad. Por otro lado, hay que considerar que este mal de la incipiente tercera década del siglo XXI nos “hace lo que el viento a Juárez” es la salida que trasciende la razón, imaginación hasta la imaginería, para situarse en niveles de la irresponsabilidad.

El conflicto entre la Federación y los estados, desde los inicios de la contingencia, por la detección temprana de la enfermedad o contagio de la gente con el coronavirus, por medio de aplicaciones de pruebas a “población abierta” o esperar a que la persona presente síntomas para aplicarle la prueba de muestreo, pasó de asunto técnico a económico, para inscribirse en la cuestión que recreó la grilla entre la 4ª. T., con los gobiernos estatales de partidos opositores.

Guanajuato acaba de subirse el viernes al carrusel de las entidades que aplicarán más pruebas, que encabeza Jalisco, por lo cual el vecino estado, asegura que disminuye el total de contagios que se esperaban.

Nuestro país no requiere el uso del “gotero político” para enfrentar una cuestión de orden sanitario que corresponde a lo científico, sino de una estrategia acuñada desde la ciencia política. Las entidades federativas se diseñaron, para actuar con precisión y eficacia, si las circunstancias se las exigen. El Estado Mexicano cuenta con la infraestructura para no esperar las ocurrencias y resolver los problemas.

Estrenando horario de verano este domingo, el presidente Andrés M. López Obrador presentará un Plan para apoyar la economía nacional dirigida especialmente a un sector empresarial harto nervioso, incluso temeroso, por los efectos de la cuarentena, que los obligó a “parar” la producción no esencial y cubrir los salarios a sus trabajadores.

Los estados, luego de una larga espera, acarician el sueño que enviará la Federación: un paquete de estímulos significativos que las “libere de la presión” del poderoso sector productivo en provincia. El mandatario de Guanajuato, Diego Sinhue Rodríguez, predestinó para la atención médica 189 millones de pesos y a la económica 800 millones, pero es consciente que se requiere más, porque la realidad así lo marca.

La lógica de trabajo de los gobiernos: federal, estatales y municipales, aunque parece que atienden los problemas coyunturales para que la crisis provocada por la pandemia sea mitigada, no es posible, pues los  gobiernos no buscan aplicar los recursos públicos con visión amplia, atendiendo las necesidades con programas debidamente sustentados. Es urgente y necesario que los tres órdenes de gobierno lleven a cabo una reingeniería financiera para concebir los problemas, generados por La Epidemia, con posibilidades de atención y resolución.

Sin orden social ni disciplina económica, las autoridades no podrán encarar con éxito la cuarentena que transita hacia una Fase Epidémica que fue apareada a la inseguridad y al 45 por ciento de los mexicanos en condiciones de marginalidad, en una sociedad donde la iniciativa privada insiste en defender los empleos por su rescate. La postura se quiera o no, le está restando atención al objetivo principal: romper la cadena de contagios. Hace 15 días el subsecretario de Salud federal, Hugo López-Gatell R., pidió a la población paciencia, tras de haberse establecido las medidas para evitar la propagación. Admitió que la sociedad ya sufre el estrés del encierro”. Agregó: “si nos quedamos quieto el virus no se mueve”.

Al calce. Cuando se reveló que tres de los gobernadores se contagiaron con el COVID-19 y estaban siendo tratados y asilados, sin eliminar que a la vez podrían infectar, el pasado fin de semana, el gobernador de Guanajuato, Diego Sinhue Rodríguez, quemó su cartucho: utilizó una prueba para saber cómo estaba; de acuerdo con su secretario de Salud, Daniel Díaz Martínez, “salió negativo”. Seguramente por la medida, DS, tomó la decisión, junto con el Comité Estatal de Seguridad en Salud de hacer más pruebas de muestreo para revelar casos de coronavirus y evitar contagios mayores. Si aplican más pruebas a población abierta, pueden llevarse la sorpresa de hallar casos impensados o escondidos.

Homólogos de Diego Sinhue que dieron positivo: Francisco Domínguez, de Querétaro; Omar Fayad de Hidalgo y Adán López Hernández, de Tabasco. Se espera en la lista más políticos, porque se pasearon entre la gente sin tomar las medidas preventivas que ahora están exigiendo.

Ante las respuestas de los empresarios de despedir a los obreros, cortar salarios o aprovechar la ocasión para su interés, el presidente López Obrador, señalo en redes sociales: “Eso es injusto, es indebido. No las voy a mencionar, a las empresas, porque lo que quiero es que rectifiquen, que nos ayuden”. Por cierto, AMLO, lleva semanas sin su  sacar a volar su avioncito de las emergencias mediáticas.

Topografía.

Planimetría.

Toño Trejo, por repetición.

En la víspera de la emergencia nacional sanitaria, los panistas de Silao se dieron tiempo para plantear el futuro político de la cofradía, previendo que Morena ya trabaja con la familia Valdovino las candidaturas para el 2021. En su cónclave, pactaron alianzas entre liderazgos tradicionales del partido y operadores del momento para mantener como carta fuerte al alcalde José Antonio Trejo Valdepeña, que ha aprovechado la crisis para enfatizar la atención de la población y, de primera mano, supervisar los trabajos.

Con esto, Toño Trejo prepara su carta de intención para la elección consecutiva. Va por gobierno de seis años. Los blanquiazules de Silao ponderan en sus cálculos 10 factores para validar la unidad en torno al alcalde como candidato el año próximo: el apoyo de los panistas de viejo cuño, alianzas en comunidades, incorporación de empresarios al plan ranchero, y desintegración de los grupos de Guillermo Aguirre hijo, Juan Roberto Tovar y Mario López Remus, y otros.

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