Fomentar, no inhibir la participación política

Fomentar la participación política en su más elevada concepción, es deber ciudadano para consolidar en la comunidad, la convicción de servir al prójimo. Por encima de las experiencias próximas o remotas que se tengan, la sociedad crecientemente inmersa en la cultura de la participación ciudadana, debe hacer esfuerzos para que, cada contienda por el poder público, sea punto de partida para mayores avances en la evolución de la conciencia crítica de la sociedad.

La participación ciudadana debe encontrar cauces que impidan, en su ejercicio, lastimar a las instituciones o hacerlas parecer inadecuadas para los fines que fueron establecidas. La participación ciudadana, hace necesaria para llevar adelante la evolución de entidades tan importantes como la familia, la escuela y los partidos políticos.

Todos podemos fomentar la participación ciudadana, alentando el fortalecimiento de los partidos políticos, impulsando a su interior las prácticas democráticas y el respeto para sí y para todos quienes los integran. Es imperativo fortalecer desde la familia y la sociedad, la cultura política, entendida como forma de vida que pretenda hacer el bien, traducido en mejoramiento constante de las condiciones de existencia de la población en general.

La participación política no debe incluir conductas destructivas al interior de las instituciones, sino fomentar la militancia productiva, insistiendo en la calidad preferible de los valores, pues nadie con sano juicio puede elegir la injusticia a la justica; o la maldad a la bondad, por más que circunstancialmente, llegue a la conclusión de que lo negativo pueda beneficiarle.

Se debe rechazar que el daño al adversario pueda producir beneficios, pues las motivaciones que le dieron origen, con el paso del tiempo, salen a la luz; en tanto a quien participe de buena fe no debe arredrarle la crítica, sea esta con buena o mala intención, pues es preferible el daño circunstancialmente causado, a la cancelación de una libertad tan importante como la libre expresión.

Empero, el uso de la libertad de expresión, debe recomendarse mediante la buena fe y con la responsabilidad de no calificar o informar con dañada intención, pues con ello se garantiza el desarrollo de ciudadanos capaces de impulsar el proceso evolutivo de la sociedad, con el cual, todos resultamos beneficiados en mayor o menor medida.

La crítica insana puede inhibir la participación ciudadana, entre quienes pueden encontrarse, personas de buena fe y alta calidad moral. Empero es responsabilidad de la escuela y la familia inculcar el apego a la verdad y a la solidaridad social, por encima del interés personal. Alguien con aptitud y decisión, debe trabajar por la justicia y la evolución de las instituciones.