Transformar el ansia de huir en la necesidad de ser

Saber con certeza el motivo que transforma la necesidad de ser, en huida sin rumbo, que afecta a la especie humana, es decir a nosotros mismos, es un reto que la ciencia debe imponerse a sí misma, en la consciencia de miles de seres que dedican su vida a encontrar las razones que nos mueven, pues si bien, como especie lucimos extraviados, mantenemos la necesidad de ser y, contener la huida sin rumbo, es un imperativo de conducta de nuestro tiempo.

Mientras nos demos cuenta que extraviamos el camino, es síntoma que deseamos ir por rumbo distinto; poder hacer un alto en el camino para reorientarnos, es un necesidad que llama a nuestra conciencia, que debemos atender.

Hemos comenzado, en el planeta que vivimos, un ciclo nuevo en derredor del sol, pero debemos preguntarnos si antes de acercárnosle tanto, debemos reflexionar sobre si el proyecto contenido en la naturaleza que nos conforma, es atendido cabalmente, para iniciar nuevas aventuras.

Debe ser atendida la energía que mueve la razón, para percatarnos si la conducimos al fin que exige el avance, o debemos reiniciar el camino que nos lleve a nosotros mismos, para encontrar, en la naturaleza propia, el mapa de nuestro destino, no como viaje a ciegas, sino conscientes de encaminarnos a la acción, que podrá conducirnos con certeza, a la felicidad y luego a la virtud.

La vida, sin orientarse por la verdad, la bondad y la belleza, es humanamente inmerecida; si pasamos de largo, ante el sufrimiento de millones de seres que se encaminan hacia la auto destrucción, por desconocer el camino que les conduzca a la propia realización; o porque la realidad les niega los medios, para alcanzar los altos fines de la especie. Si pasamos de largo ante el sufrimiento por hambre del que pasa frente a nosotros, encarnado en la miseria del pordiosero, no merecemos realmente la vida consciente de que disfrutamos.

La potencialidad racional, se merece, cuando hacemos de la caridad, algo sustancial en nuestra conducta y rechazamos el comportamiento por el convencionalismo de vernos caritativos, regalando ostentosamente lo que nos sobra.

El ser humano es una categoría cósmica que debemos honrar, ante nuestra propia conciencia. La solidaridad con la especie debe ser fundamental en el trabajo cotidiano de quienes con el esfuerzo de miles, acaso de millones, hemos tenido acceso al patrimonio que representa la vida consciente o la necesidad de acudir a ella, por lo menos al inicio de cada ciclo vital o en aniversario del nacimiento del nazareno.

Trabajar para alejar la ansiedad de millones de seres como nosotros, con las mismas necesidades y aspiraciones; eliminar de su camino la depresión por hambre, fisiológica o espiritual; es deber, cuya desatención de paga con lo mismo que generamos, con abandono en insensibilidad ante el dolor.

Queremos un mundo nuevo en el que deseamos vivir en paz. Es aspiración genuina, cuando cumplimos con lo mismo, como embajadores de la paz, en la vida cotidiana; llevando consuelo desarrollando en otros, el talento que como especie, hemos recibido; no cuando sembramos tempestades generando hambre, miseria y dolor.

La paz social, es resultado de la vida consciente; trabajar por ella, es quehacer de todos los seres de buena voluntad. Crear condiciones para el desarrollo de la bondad como parte de la vida cotidiana, trabajo en el que todos debemos empeñarnos, encontrando en la tranquilidad de consciencia, la satisfacción del deber cumplido.