La paz es el resultado de un conjunto de condiciones que hacen posible la adopción social de los valores, como instrumentos para realizar la potencialidad racional de los seres humanos.

La mayoría de las gentes hablamos de la paz en referencia a celebraciones religiosas en donde, a menudo, se enuncia el concepto. En la academia se aborda el tema en relación al término de conflictos entre pueblos; en las relaciones interpersonales, cuando hay reconciliación después de la ruptura más o menos violenta. Los tiempos que corren nos obligan a conceptualizar el estado de cosas que permiten volver a un pasado menos accidentado.

Con frecuencia se escucha decir que es deseable que pronto volvamos a una nueva normalidad, en donde el tiempo transcurra sin sobresaltos y pueda la gente planear dentro de los parámetros considerados “normales”, aún cuando en el transcurso del tiempo las variables están presentes constantemente y lo que cambia, es la intensidad. Cuestión de efectos cualitativos y cuantitativos en los fenómenos de toda índole.

Trabajar para que se den condiciones en las que la paz sea factible, es deber moral de todo ciudadano, más bien dicho de toda persona que forme parte de la comunidad. Por eso, se impone la autocrítica generalizada, para concluir desde el análisis científico, qué y cómo hay que proceder, para que la paz sea factible.

Se trata de que la mayoría de la población tome conciencia de su responsabilidad en la creación de condiciones que priven en el seno y el entorno de la sociedad. No se trata de eludir el problema e intentar resolverlo con la creación de normas o mediante el incremento de sanciones a quienes infringen la ley; es preciso, que el individuo se responsabilice ante sí mismo y ante la sociedad, de crear condiciones para que no se fomenten los factores que nos alejan de los instrumentos necesarios e idóneos para vivir en armonía.

La paz no es factible en un entorno en el que los violentos tienen preponderancia. Y así como no hay democracia sin demócratas, no es posible alcanzar la paz sin conciencia social pacifista.

No se fomenta la paz, cuando somos ajenos al sufrimiento que la violencia genera en nuestras familias, en las escuelas; o a causa de las relaciones económicas o políticas. Una de las formas de normar conductas es a través de la imitación. Si la mayoría pretende sacar provecho de la desobediencia de la ley, se encontrarán siempre formas de hacerlo y las generaciones emergentes, salvo excepciones, obrarán en forma semejante. Es necesario romper la cadena, mediante el diálogo que refuerce la vigencia de las leyes, por consenso.