Al cierre del año pasado, el financiamiento interno al sector privado fue equivalente al 37.3% del PIB, de acuerdo con cifras del Reporte de Ahorro Financiero y Financiamiento, aún por debajo del máximo alcanzado en 1995 (50%), pero sin duda en una trayectoria de recuperación sostenida, considerando que en 2010 era del equivalente al 23.6%.

No obstante, desde una comparativa global, el rezago continúa ensanchándose, y hemos aprovechado poco el avance de la tecnología aplicada a los servicios financieros en comparación con otras naciones emergentes, las que ya han logrado una mayor profundidad en el mercado del crédito al sector privado, tan solo por citar podemos ver a Brasil (70.18%), Colombia (54.08%), Corea del Sur (165.52%), India (55.25%), Perú (55.15%) y Turquía (75.05%).

Lograr una mayor profundidad en el financiamiento al sector privado es un tema neurálgico, especialmente en la era Post-Covid19. Las Fintech’s que buscan bancarizar y las que buscan acreditar a empresas sub-bancarizadas, sin duda han contribuido, pero en este campo los mecanismos para compartir información crediticia (p. ej. Burós de Crédito) son un elemento subestimado, pero clave para superar las limitaciones a las que esta sujeta la oferta de crédito.

De acuerdo con el INEGI, en la última encuesta de inclusión financiera (2018), tres de cada diez mexicanos registraban un atraso en el pago de su crédito. Lo que implica en automático un historial de pago negativo para esas personas, situación que algunos estiman se ha duplicado debido a la pandemia. De igual manera el último Censo Económico, arroja que el 94% de los negocios no cuentan con crédito bancario y la mitad de las causas se engloban a rechazos y altos intereses. Ante esto, suena absurdo que la banca en su conjunto reporte que tiene 1.3 billones “disponibles” para prestar a proyectos viables, familias y empresas.

Los llamados burós de crédito (Sociedades de Información Crediticia) ayudan a resolver uno de los principales desafíos de la actividad crediticia: la información asimétrica. Esta asimetría se refiere a que previo al otorgamiento de un crédito, los intermediarios financieros tienen toda la información disponible sobre su situación financiera, más no es así, respecto a la información del solicitante, especialmente a la certeza sobre el destino y uso del crédito, como también en lo que respecta a la probabilidad de incumplimiento, jugando un punto central en el nivel de tasas de interés e incide en una asignación más eficiente de los recursos, lo cual se refleja en el largo plazo en un menor costo del crédito a través de una menor morosidad.

En este contexto, hay que resaltar que existe una alta correlación entre el desarrollo del crédito medido como porcentaje del PIB en aquellos países que disponen de mecanismos más dinámicos para compartir información crediticia, pues se convierten en un incentivo colectivo para el comportamiento de pago cumplido, al saber que los acreedores tienen amplio acceso a esta información al momento de autorizar un crédito.

Si los puntajes crediticios tienen como fundamento comportamientos y datos pasados, ¿Cómo poder cambiar el puntaje que determina un buró de crédito? Algo que se vuelve mas retador, si consideramos la alta informalidad de nuestro país, así como una generación de jóvenes que apenas se están incorporando a la vida económica.

Las dos únicas S.I.C. que operan en el país han sumado nuevos servicios con más y mejor información, pero aún insuficiente. Antes de caer en la tentación de iniciativas legislativas como la planteada por Morena en enero pasado, donde se planteó la reducción del tiempo de permanencia en Buró de Crédito, deberíamos voltear a ver la tecnología y entender como se puede ayudar a refinar los puntajes, manteniendo el incentivo al cumplimiento de obligaciones. Incorporar la información como la recopilada actualmente por las Insurtech y Proptech es un ejemplo de ello. Mayor innovación para que los entes financieros regulados en matera prudencial puedan contar con menor asimetría, ayudaría a un menor nivel de riesgo promedio percibido, provocaría más competencia en tasas. Irónico, pero quizás el mayor impacto en el acceso al crédito provenga de que las Fintech ayuden a los incumbentes a desplegar esos recursos “disponibles”.