Puebla vs. León: una historia de hermandad, traiciones, mudanzas y títulos

Óscar Jiménez

León.- En el futbol mexicano no existe otra historia deportiva que contemple tantas versiones y visiones, donde dos equipos comenzaron como parte de una ‘hermandad’ y al final, uno de ellos fue sacrificado para hacer posible la manutención del segundo.

En el futbol mexicano no existe otra historia deportiva que contemple tantas versiones y visiones, donde dos equipos comenzaron como parte de una ‘hermandad’ y al final, uno de ellos fue sacrificado para hacer posible la manutención del segundo.

Remontarse -deportivamente- a los antecedentes de los dos equipos, realmente convoca a muy poco. Desde el regreso del Club León a la primera división durante el 2012, ambos cuadros solamente se han enfrentado en una ocasión en la ronda final de la categoría. Eso sí, fue una ocasión particular: contra Puebla, León abriría la liguilla que los llevaría al octavo título.

A pesar de ello, uno de los choques más emblemáticos entre ambos equipos del futbol mexicano, ha quedado registrado, curiosamente, hace 30 años (temporada 1991-1992), cuando los Esmeraldas, entonces dirigidos por Víctor Manuel Vucetich consiguieron su quinto título de la categoría.

La trama fuera de cancha

Luego de aquella final entre los Esmeraldas y Camoteros que se remonta a hace tres décadas, vino la mayor relación -pero también más trágica- que se mantiene ahora entre ambas ciudades.

Para el 16 de marzo de 1994, el entonces dueño del Club León, Roberto Zermeño, concretó la venta del equipo al empresario Valente Aguirre, quien trabajó dentro del negocio del futbol con diversos frutos que le llevarían a apostar por una ‘segunda’ franquicia de la ciudad instalada en la categoría de plata del futbol mexicano. Así, en 1997, ‘renació’ otro proyecto citadino conocido como Unión de Curtidores.

Y es que, durante aquel momento, se dio luz a la denominada como ‘Primera División A’, que permitía que los equipos de Primera División pudieran mantener también un segundo cuadro como filial, incluso permitiendo el intercambio y formación de jugadores. Sin embargo, aquello, lejos de beneficiar, terminó por entramar negativamente las relaciones en el futbol leonés.

Ahí nació el gran conflicto de ciudad (que difícilmente se ha presentado en otra plaza).

Con dos equipos en el poder, Valente Aguirre prefirió quedarse, inicialmente, con el Unión de Curtidores que pasaba por un periodo embalado, contraparte a lo que ocurría con el Club León y su racha negativa. Así, todas las versiones apuntaron a que Valente Aguirre había acordado la venta de los Esmeraldas a Eduardo Césarman, duelo de la reconocida discoteca Baby’O, situada en Acapulco.

Pero se presentó el descenso del Puebla, por lo que el empresariado de aquella ciudad contactó a Aguirre para comprarle a la Fiera.

Aquello detonó en un alboroto y alarido social que se tradujo en manifestaciones sociales, principalmente, frente a la presidencia municipal de León. Y es que, la situación también se presentaba en un año importante para lo que sería la historia política reciente del país; en el 2000, habría alternancia en el poder, al erigirse el guanajuatense Vicente Fox como nuevo presidente de México.

Todos esos factores sociales, políticos -y claro, deportivos-, terminaron por jugar un papel clave en el proceso de la venta; incluso se cambió la reglamentación de la Federación Mexicana de Futbol para permitir que el equipo ‘novato’ en primera, el Unión de Curtidores, tuviera el permiso de ascender mientras se vendía a otra plaza.

Por ello se desembocó en entregar, mejor, al Unión de Curtidores a Puebla. Y así, la historia dejó en solitario -al menos en categorías principales- al Club León desde entonces; y pasaron dueños como Zermeño, Grupo Pegasso, los Batarse, y descenso, ascenso, títulos… aunque el pasado conlleve muchas otras cosas.