Después del inadvertido aumento de 25 puntos base en la tasa de interés por parte de Banco de México el pasado 24 de junio, poco a poco los analistas y especialistas han alineado sus expectativas proyectando más aumentos en la tasa de fondeo en lo que resta del año, para terminar con una tasa de 5%. No conforme a ello, adicionalmente para 2022 proyectan que la tasa terminaría en 5.50%.

Lo anterior, en términos prácticos se traduce en incrementos por 125 puntos base en un período de 17 meses, situación que implicaría que estamos ante el viraje a una política monetaria restrictiva, que haría oscilar el péndulo hasta el otro extremo. Más aún, el escenario suena razonable, si únicamente nos detenemos en el anuncio de revisiones al alza en el crecimiento del PIB de nuestro país hasta un 6.3%, como es el caso reciente de la actualización de las perspectivas de la economía mundial por parte del Fondo Monetario Internacional.

Si bien, podemos concluir en que era de suma importancia que el banco central enviará un mensaje al mercado sobre la claridad de su mandato, especialmente con una junta de gobierno que ya cuenta con mayoría de integrantes propuestos por el gobierno actual que pudiera poner en entredicho su autonomía. No menos importante era también mantener ancladas las expectativas de inflación, especialmente después de que se ha reportado un aumento en precios que acumula 9 semanas por encima del umbral de la meta de Banxico y que en la primera quincena de julio registró el mayor aumento en el componente subyacente para una quincena igual desde 1998.

Pero lo anterior dista mucho de que las condiciones económicas justifiquen un cambio a un enfoque restrictivo en las tasas de interés. Especialmente si volteamos a ver la situación del empleo y la actividad económica, aún por debajo del nivel pre-pandemia.

Por el lado de la oferta, los energéticos que han jugado un papel protagónico en la inflación importada y su demanda global podría verse afectada si la propagación del Covid-19 debido a la variante Delta, interrumpe el ritmo de recuperación económica en los países desarrollados.

Y en el lado de la demanda, la recuperación del consumo, descansa su vigor en el despliegue de vacunas. Al 27 de julio, solo el 19% de la población se reporta con el esquema completo de vacunación y un 15% con una dosis pendiente. Lo que a simple vista luce poco probable que se pueda aplanar la nueva curva de contagios, poniendo ya en discusión hasta el anhelado regreso a clases presenciales, y postergando la normalización de patrones de consumo.

De acuerdo con lo descontado por el mercado, seguramente veremos un aumento en la tasa de interés en la próxima reunión del 12 de agosto, que incluso no debería sorprendernos si es por consenso, sin embargo, la nota no será el cambio en las tasas, sino que estará centrada en el comunicado que emita el banco central.

De ahí se desprenderá si la institución visualiza riesgos al alza, no transitorios y que puedan volverse persistentes, que justifiquen más aumentos en lo sucesivo o si optará por anunciar una pausa que le permita disponer de más información. La prudencia debería tener un lugar preferente en ese comunicado, ante un escenario tan dinámico por la pandemia activa a nivel global. En el futuro, adelantarse nuevamente al mercado tendrá un efecto muy limitado en el combate a la inflación y si puede afectar sustancialmente la recuperación económica del país debido a la situación todavía maltrecha de la economía, además de reducir significativamente el margen de maniobra que debe conservar ante un cambio inadvertido en la política monetaria de la FED.