Los Estados Nacionales, son conquista de la humanidad en su afán de poseer ámbito para desarrollar su cultura. Pues desde que es materia capaz de tomar conciencia de sí misma, se cuestionó sobre la razón que le hizo llegar a ser esencialmente distinta, por superación.

En ese afán, tiene la enorme tarea de compaginar su naturaleza individual con el instinto gregario, que lo impele a disfrutar de la compañía más o menos cercana de sus congéneres.

Producir satisfactores es consustancial a su naturaleza. En su desarrollo ha inventado formas diversas de allegarse elementos que le permiten subsistir, y a la vez, ejercer su natural impulso a dominar su entorno en pos de alcanzar además de la satisfacción natural, el bienestar que constituye acicate poderoso que lo impulsa.

El devenir de la humanidad la llevó a organizar el trabajo y con la riqueza que produce, surgió la desigualdad y, por consecuencia las clases sociales. El genio creativo hizo más profundas las divisiones y, la capacidad para hacerse obedecer, creó la empresa y de ahí surgieron, los trabajadores y los patrones. Algunos de estos fueron considerados; otros explotadores sin límite. De los conflictos surgidos y de la necesidad de conservar los medios de producción surgieron las organizaciones de patrones y trabajadores.

Fue el derecho el instrumento para hacer florecer la industria y crear condiciones para que la lucha de clases no terminara siempre en guerra, aniquilante, de los progresos alcanzados.

De la producción de bienes surgieron los patrones, que siempre han sido, mejor organizados que los trabajadores. De ahí surgió la necesidad de impulsar el valor justicia, tratando de que unos y otros sobrevivieran organizados, para bien de la producción de los satisfactores que, en mayor o menos medida, mitigan las necesidades.

El primero de mayo, se conmemora uno de los episodios más dolorosos y luminosos de la historia de la economía. Un puñado de ciudadanos valientes y extraordinariamente brillantes, en la ciudad de Chicago, fueron ejecutados por la intolerancia y la avaricia. Pero,  a partir de ahí; y de los episodios de Cananea y Rio Blanco, tenemos conciencia de lo que debemos hacer, para que no ocurran incidentes, que hagan avergonzar a la especie, por su desprecio a la justicia.

El Estado, debe proteger al débil de la injusticia y, aun cuando los desposeídos son infinitamente superiores en número, la capacidad de los detentadores de la riqueza acumulada sin límites, debe ser contenida en aras de la paz social, sostenida por la justicia. Dejar hacer y dejar pasar, no debe ser la actitud del gobernante; quien debe propiciar el avance social, con apoyo de los valores universales, entre los cuales, la justicia es imprescindible.

Es tiempo que el poder del Estado y la conciencia de las gentes de buena voluntad, trabajen por la evolución de las instituciones sindicales. Que cese la tolerancia en donde la capacidad para hacerse obedecer, haya creado condiciones de injusticia; que la democracia sea realmente forma de vida, apoyada en el constante mejoramiento económico, social y cultural de la población.