Opinión Parentalidad

Preguntas para la crianza positiva

Actualmente el reto de la crianza es más grande que el que tuvieron las generaciones pasadas. ¿Por qué? Porque hoy en México no se puede educar ni disciplinar a niñas, niños y adolescentes de cualquier manera, sino solamente conforme al respeto a las leyes y a sus derechos humanos, o sea, sin métodos violentos, humillantes, autoritarios. Pero, ¿cómo hacerlo?, ¿cómo dar lo que no recibimos suficientemente?

Lo primero es tener claro que no existe una fórmula universal, tampoco un recetario que pueda ser utilizado en cualquier momento, pues cada niñas, niño y adolescente es único e irrepetible y cada mamá y papá, también; lo mismo que cada situación de vida.

La crianza positiva no es un método, sino el resultado de una actitud sensible, respetuosa y cálida, resultado de un ejercicio de reflexión constante acerca nuestras prácticas de crianza cotidianas, reflexión que permite identificar y evaluar aquello que la niña, niño o adolescente requiere en el momento de la intervención, reflexión que permite al adulto organizar sus propias emociones, sentimientos y comportamientos a la hora de interemociones, sentimientos y comportamientos a la hora de intervenir como madre o padre.

Un segundo aspecto a considerar es la complejidad de la crianza. La niña, niño o adolescente es un misterio, y así debemos reconocerlo y asumirlo. Significa, entre otras cosas, que desentrañar su manera de actuar no es del ámbito de lo simple. No obstante, lo complejo de la crianza puede no ser complicado si como madre o padre, nos hacemos las preguntas pertinentes ante cada comportamiento inadecuado que presenta nuestra hija o hijo en el día a día: no se quiere bañar, pelea con los hermanos, abuso de las pantallas, incumplimiento de tareas, etcétera. A continuación, te comparto diez preguntas esenciales (con base en UNICEF, 2019) para tal fin:

1. ¿Qué emociones tengo? Entre más inadecuados son los comportamientos de la niña, niño o adolescente más intensas son las emociones que nos provocan. Si no las identificamos estas pueden llevarnos a actuar de manera inconsciente e impulsiva, es decir, de manera inadecuada. Detectarlas permite regularlas, aplazarlas, contenerlas o lo que sea necesario para poder actuar asertivamente.

2. ¿Estas emociones están relacionadas a su conducta o están relacionadas con otras preocupaciones del trabajo, la pareja, etcétera? En ocasiones lo que hace la niña, niño o adolescente no es tan grave, pero nos llega en un momento donde se convierte en la gota que derrama mi vaso cargado de otros factores estresores no relacionados con mi hija o hijo y nos lleva a actuar injustamente.

3. ¿Qué emociones reconozco en él o ella en este momento? Lo observable es la conducta de mi hija o hijo, pero esta sólo es el resultado de un estado emocional. De ahí la importancia de la presente pregunta.

4. ¿Está pudiendo expresarlas? Si está actuando inadecuadamente lo más probable es que dichas emociones no están encontrando un cauce adecuado para su expresión.

5. ¿Estoy facilitando que pueda hacerlo? En ocasiones obstruimos o complicamos dicha expresión al gritarle, castigarle, humillarle, al minimizar o al considerar exageradas sus emociones. No lo hagamos. Las emociones y los sentimientos no se juzgan, se acompañan.

6. ¿Qué necesidad encierra su comportamiento desbordado o desorganizado? Entendamos los comportamientos inadecuados como un lenguaje que quiere comunicar necesidades profundas de tipo fisiológico, emocional, cognitivo, moral o social. Detectemos la necesidad y respondamos en consecuencia. De eso se trata realmente la crianza, la educación.

7. ¿Estoy esperando algo adecuado para su edad? Para esto sirve conocer acerca de las etapas de desarrollo infantil, y, mejor aún, conocer a nuestra hija o hijo, sus capacidades consolidadas, las que están en curso y las que aún no adquiere.

8. ¿Le estoy hablando claro y firme? Nuestro lenguaje tiene que estar acorde a su etapa de desarrollo y características de personalidad y temperamento.

9. ¿Le he mostrado un ejemplo con mis acciones? Recordemos que las hijas e hijos aprenden más en función de lo que ven (y nos están viendo en todo momento) que de lo que les decimos.

10. ¿De qué otras maneras, tal vez, más lúdicas y divertidas, podría transmitirle el mensaje? No hagamos de la disciplina un asunto tan serio. El sentido del humor es fundamental para la crianza: disminuye el estrés y la tensión ante los conflictos y los problemas propios del crecimiento y de la parentalidad.

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