David Colmenares, auditor Superior de la Federación, se ha colocado en una triste disyuntiva: es un incompetente o es cómplice. No hay más. Una u otra. Cualquiera de las dos la lleva el mismo desenlace: debe renunciar. O debe ser destituido.

La historia es bastante sencilla.

La Auditoría Superior de la Federación publicó el documento oficial de su revisión a la cuenta pública del primer año de gobierno de López Obrador. Le puso una paliza. Dos asuntos llamaron especialmente la atención. Uno, diagnosticó que el costo de cancelar el aeropuerto de Texcoco fue del triple de lo que había dicho el presidente, alcanzando los 331 mil millones de pesos. Y dos, denunció que la Secretaría de la Función Pública obstaculizó el trabajo de los auditores.

A la conferencia mañanera siguiente, el presidente AMLO respondió que no era cierto, que él tenía otros datos. A las pocas horas, David Colmenares, el auditor Superior, le dio la razón. Declaró que trabajó de la mano de la Secretaría de la Función Pública y nunca obstaculizaron su trabajo, y aceptó que estaba mal su cálculo sobre el costo de cancelar el aeropuerto de Texcoco.

Este sainete deja dos posibilidades muy claras:

1.- Si le creemos a David Colmenares, entonces la conclusión es muy sencilla: es un incompetente. No es que haya cometido un error, no es que haya cometido siquiera un error garrafal, es que habría cometido ¡dos errores garrafales! Dos errores de gravísimas consecuencias —un cálculo económico y una denuncia— que no se divulgaron por una declaración banquetera de algún funcionario que a la luz de las prisas no tuvo los datos claros o se confundió, sino que estos dos errores monumentales habrían logrado “colarse”, sin que nadie los hubiera detectado, hasta el documento oficial más importante que emite la Auditoría en el año.

2.- Si no le creemos a Colmenares, entonces lo que atestiguamos fue un sometimiento al presidente. Uno más. Otra institución cuyo titular cede ante la presión, se dobla por miedo, claudica a su tarea para congraciarse con López Obrador. Y entonces, eso lo vuelve cómplice.

Cualquiera de las dos posibilidades desemboca en el mismo sitio: Colmenares debe irse. Por incompetente o por cómplice. Que renuncie o que lo destituyan.

Porque con este sainete ha dejado herida de muerte la confiabilidad y la credibilidad de la Auditoría Superior de la Federación, una de las pocas instituciones que queda en pie para revisar el presupuesto ejercido por los poderosos y obligarlos a rendir cuentas. Y para salvarla, la única ruta es su salida.

Salvo que, claro, el plan sea desdibujar a la Auditoría, volverla irrelevante, sin peso, desprestigiada, y el hombre-Estado siga desprendiéndose de los incómodos contrapesos.