Un hecho nuevo que merece consignarse, es que en la época del internet ha disminuido el protagonismo de la iglesia católica en tiempos electorales. Desde que el legislativo prohibió que los ministros de culto participen en esos asuntos se le puso un candado a sacerdotes y obispos que no tenían miramientos en inducir sus estructuras comunitarias hacia algún partido, o en llevar a sus homilías aquello de que el cielo es azul, o si se trataba de favorecer al PRI, relacionaban la guadalupana con los colores patrios. Luego, con las nuevas formas de comunicación, su liderazgo para formar opinión política se ha reducido. Nada que ver con los años cuando la jerarquía católica y la televisión abierta monopolizaban la conciencia pública.

Todavía hay candidatos que hacen pasarela con algún jerarca católico a su alcance, pero ya es más estrecho el segmento social que se puede manipular desde el púlpito, aunque no faltan lugares donde la divinidad asoma en las campañas, sea porque hay vínculos entre política y clero o porque de plano la religión entra a la disputa.

 En la actualidad del noreste todavía acontecen situaciones que dan cuenta como ministros de culto y el poder terrenal  coquetean en un afán reciproco de asumirse y sentirse parte de la misma élite que maneja el destino de los poblados.

Cuando en octubre del año pasado el nuevo obispo iturbidense Fidencio López Plaza tomó posesión de la Diócesis de Querétaro, a la que pertenece casi toda esta región, alcaldes y alcaldesas acudieron a rendirle pleitesía, por parte de gobierno del estado llegó el subsecretario Alfonso Ruíz Chico. Ahí también estaba presente Filiberto, hermano del jerarca católico, quien al ser suplente del diputado local con licencia Armando Rangel, ahora ocupa esa curul en el congreso. Igualmente, acudió al besamanos Miguel Ferro, quien meses después sería incluido como suplente en la fórmula de relección de Rangel por el distrito II.

Lo que pasa en Santa Catarina es una postal exacta de lugares donde la religión todavía es moneda de cambio electoral. Lo atractivo de la anécdota es que en ese pequeño municipio de plano Dios tiene en esta elección un dilema casi ontológico. Quién sabe al final de cuentas el “todopoderoso” a dónde inclinará la balanza, porque sus “angelitos” más fieles del lugar pelean desde dos trincheras opuestas.

Allá la contienda en realidad es entre PAN y PAN, sólo que unos vestidos de azul y otros de rojo marrón. Por un lado está el intento de relección de la alcaldesa panista Sonia García Toscano, quien está casada con un hermano de Monseñor Rogelio Cabrera, el cual habita en las alturas clericales y para la oriunda de Querétaro eso es su gran sostén político. Para irse a campaña dejó como interino a Rogelio Moya, sobrino en primer grado del prelado, este alcalde transitorio sabedor de sus influencias para obtener perdón exprés a sus pecados está siendo el encargado de operar desde presidencia el aparato electoral clientelar.

Pero estos “ángeles azules” se enfrentan a una legión también “bendita” que les está dando mucha batalla. Los exalcaldes panistas Filogonio Jiménez y Lázaro Cárdenas, han movido sus fieles hacia Morena para regresar al poder a través de la candidata Josefa Barrera. Con ellos se llevaron a buena parte de los que cotidianamente le ayudan al sacerdote del lugar a sacar la chamba en Semana Santa, la festividad de Santa Catarina Mártir o hasta la organización de la peregrinación a la basílica. Es tal el éxodo que en la segunda posición de la planilla morenista va Eduardo Ibarra, quien encabeza el consejo de las fiestas religiosas patronales, secretario de Ayuntamiento en la anterior administración panista y ligado estrechamente a los negocios político económicos del ex presidente Filogonio, quien para mantenerse vigente siempre ha estado cercano a las estructuras católicas. Ya se verá el 6 de junio, de qué lado se puso “Dios”.

Armando Rangel: lucrar con la tradición…

Al diputado local con licencia y candidato a relección por el PAN, Armando Rangel, se le conoce mucho la costumbre de utilizar las tradiciones culturales del noreste, sea para promoverse cuando está en algún cargo o cuando anda de candidato. Para producir sus videos lo mismo recluta huapangueros ávidos de reflector, campesinos nobles que ni idea tienen de como los usa, o indígenas algunos genuinos y otros piratas. Nunca ha tenido relación ni cercanía autentica con esas raíces culturales, pero ha desarrollado un discurso falso y hueco para sacarles provecho.

Sólo que en su último intento no le fue tan bien. Resulta que como parte de su estrategia de campaña difundió un video donde ayudado por el cronista de Tierra Blanca, pretende utilizar una tradición con rasgos muy profundos propia de la Congregación indígena otomí de ese municipio. El hecho despertó indignación entre pobladores quienes expresaron en redes sociales duras opiniones. Lo menos que escribieron, a él y a quienes se prestaron para esa patraña, fueron cosas como esta: “En estos días se aprovechan de nosotros los indígenas, ese señor se aprovecha de la identidad. Él nunca ha sido mayordomo, los que han sido y serán mayordomos son aquellos que comparten hasta la pobreza(…) No metan las costumbres y tradiciones en la política, no sean tan hipócritas (…) En estos tiempos políticos lucran con todo.. (…) Nunca jamás han ayudado y su manera de vestir no es esa, sí que se viste a su conveniencia, sólo cuando sacan provecho…”

¿Qué ocupará Armando Rangel para entender que las tradiciones del alma profunda de la sierra deben respetarse?