Karla Silva

Silao.- Lo que comenzó como un proyecto para deshacerse de los residuos sanitarios de las comunidades La Chiripa y Guadalupe de Ramales, muy cerca de La Aldea, hoy mantiene bajo aguas negras a al menos una hectárea de cultivos de grano en el municipio de Silao, debido a que la planta tratadora fue abandonada por las autoridades.

De acuerdo con lo expuesto por don Tomás Salazar Cedillo -quien en 2019 donó los 1,104.82 metros cuadrados en los que se construyó la planta- el Municipio se comprometió a beneficiar a los campesinos con las aguas ya depuradas, para el riego de sus cultivos. Sin embargo ocurrió lo contrario y hoy han perdido parte de sus propiedades.

Narró que fueron autoridades municipales quienes le propusieron el proyecto y le pidieron aportar el terreno: “Esta planta tratadora de aguas residuales se terminó el 20 de marzo del año 2020, prácticamente ya van a ser dos años, pero esta planta ha quedado abandonada completamente y ha perjudicado mis tierras, son más de 400 metros (de sembradío) que se echan a perder. Me dijeron que iba a salir el agua tratada y el agua viene directamente del drenaje para acá (…) es agua sucia, en mal estado, que no se puede trabajar en ella ni se puede sembrar nada”.

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En su segundo informe de gobierno rendido en septiembre de ese mismo año, el alcalde José Antonio Trejo Valdepeña presumió la construcción de la red de drenaje en la comunidad Guadalupe de Ramales, así como la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales ‘La Chiripa’, con un monto global de 3 millones 90 mil 587 pesos. La construcción dista mucho de lo prometido. El humedal artificial está completamente seco.

Al recorrer el lugar se puede constatar que las fétidas aguas se desbordan y que invaden las oficinas y el barbecho. El equipamiento está averiado y la edificación mal levantada.

En el predio contiguo, sin autorización de su propietario, don Tomás, se hizo una zanja de aproximadamente tres metros de profundidad, 12 metros de largo y cinco metros de ancho, en la que se almacenan los residuos de la red sanitaria de ambas comunidades. “Lo hicieron sin mi consentimiento, sin pedirme permiso en absolutamente para nada (…) están invadiendo mi terreno, no me dieron permiso para echar el agua. Ellos (Obras Públicas) llegaron con maquinaria, hicieron eso sin mi consentimiento”, lamentó.

Exige que tapen el agujero: “Han hecho caso omiso, dicen que no tienen para la gasolina, que no tienen gente”.

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Otro de los afectados es Rafael Ríos Vargas, quien explicó que es aproximadamente una hectárea de cultivo lo que se ha pedido con el encharcamiento de aguas sucias. “Cada ocho días vienen y la sacan, pero ya para mañana lo de adentro está lleno y lo de aquí del hoyo, nunca lo sacan (…) sembramos maíz y sorgo pero en otras ocasiones elote o frijol, porque yo tengo agua limpia del pozo. A lo mejor (el agua) es buena tratada y controlada, pero ahorita anda aquí el agua desbalagada para todos rumbos”.

De la situación tienen conocimiento Obras Públicas, Promoción Rural, el SAPAS, Ecología Municipal, la oficina del alcalde y la Contraloría Municipal. En esta última instancia -dijo el afectado- lo tildaron de mentiroso, al argumentar que las aguas residuales no afectan sus cultivos, pese a las evidencias presentadas. También está enterado el Tribunal de Justicia Administrativa (TJA), la Dirección General de Protección Contra Riesgos Sanitarios de la Secretaría de Salud de Guanajuato, la Secretaría Particular del gobernador Diego Sinhue Rodríguez Vallejo y hasta la Secretaría de Medio Ambiente y Ordenamiento Territorial (SMAOT), pero nadie ha puesto fin al problema.

Lo anterior significa además un riesgo para la salud de los habitantes, pues de acuerdo con los quejosos, por el lugar pasan veneros y el agua de los pozos cercanos es utilizada para el consumo humano.

LC