Luz Zárate

Celaya.- Los familiares de Juan Carlos Padilla Aranda, el vendedor de tamales que presuntamente murió cuando iban a arrestarlo unos policías ministeriales, siguen exigiendo justicia y que se deslinden responsabilidades.

A poco más de mes y medio de la tragedia, Rosa Yolanda Zamudio, esposa de Juan Carlos, ha tenido que enfrentarse al desgaste físico, moral y económico, pues su anhelo de que se haga justicia en el caso de la muerte su esposo, llevó a su familia a contratar a un abogado defensor y pagar con sus propios medios los estudios y peritos necesarios para la defensa legal. 

Ella y sus hijos solo tienen una exigencia: que la memoria y el nombre de su familiar quede limpio y que se deslinden responsabilidades.

“Nosotros pedimos que no se pierda en el olvido este caso, que a mi esposo se le haga justicia, que se llegue hasta la verdad, nosotros queremos que se esclarezca todo esto, que no sea un caso más y que quede en el olvido. Mis hijos están tristes con todo esto y también quieren lo mismo, queremos que se llegue hasta las últimas consecuencias y que quede todo claro. Que la memoria de mi esposo quede limpia”, afirmó Yolanda.

Aunque saben que no será fácil, tienen fe en que se haga justicia, pues aquel 23 de noviembre del 2020 fue un antes y un después en la vida de ella y de su familia. Hasta ese día que fue aprehendido por policías ministeriales Juan Carlos no había tenido problemas con nadie.

Desconoce acusaciones

Rosa Yolanda ignora quién acusó a su esposo de cometer una presunta violación, y asegura que estaría dispuesta a carearse con la persona que lo denunció.

Ella no cuenta con información formal sobre cómo va el caso y lo que pasó con los policías ministeriales que participaron en la detención. 

Lo que sí tiene claro es que quieren que se haga justicia.

“Ahorita no tenemos nosotros ninguna información, no nos han dicho nada, no sabemos”.

De los tres policías ministeriales que participaron en la detención, dijo desconocer si se llevaron ante el juez, o si ya están trabajando como si nada hubiera pasado.

“Queremos que no se quede impune la muerte de mi esposo. No puede ser posible que (los policías) actúen de esa manera. Si había la orden la hubieran mostrado, y si no la tenían no fue el modo de hacer las cosas”.

Enfatizó que a Juan Carlos le debieron dar el derecho de defenderse de las acusaciones que había en su contra y no tratarlo como lo hicieron.

“Nosotros no sabíamos de ninguna orden de aprehensión, porque incluso estas personas nunca se la mostraron. Si ellos hubieran mostrado esta orden, a lo mejor esto no hubiera pasado”.

Tenía una salud muy frágil

Juan Carlos Padilla padecía diabetes e hipertensión, padecimientos que le acaban de diagnosticar meses atrás, pero estaba controlado y nunca tuvo alguna complicación.

El diagnóstico que dio el médico legista que en la carta de defunción especificó que murió a consecuencia de un infarto, Yolanda insiste que fue a causa de cómo lo sometieron.

“Posiblemente le pudo haber dado un infarto a mi esposo, pero él no se hubiera muerto. Uno puede estar enfermo pero no sabe si hoy mañana o pasado le va a pasar algo, esto fue a raíz, a consecuencia de su aprehensión, es difícil que tú digas estoy enferma y me voy a morir mañana, o sea no. Esto fue a raíz de la aprehensión, por el estrés que vivió mi marido”. 

“Él tenía controlada su diabetes, su hipertensión. Mi hija es médica y continuamente lo checaba. En el acta de defunción decía que le dio un infarto pero fue a consecuencia de lo vivido”.

Yolanda citó que en el acta de defunción no se especificó el estado físico de su esposo, es decir, no menciona que tenía golpes en varias partes del cuerpo. 

No obstante, en el parte médico que expidió el Hospital General de Celaya sí advierte que llevaba moretones y que incluso al llegar a la clínica ya no contaba con signos vitales.

Era el sostén de la familia

Yolanda y Juan Carlos comenzaban a trabajar desde las 5:00 de la mañana, pues a esa hora cocinaban los tamales y en la tarde-noche salían a venderlos. 

El 23 de noviembre vivían esa misma rutina, hasta que por la tarde dos hombres y una mujer llegaron y lo sometieron, sin identificarse ni mostrarle la orden de aprehensión. 

“Para nosotros, para la familia fue un dolor muy fuerte, porque somos gente que trabajamos. Tú sabes que no debes nada, que puedes caminar en la calle con tu frente en alto sin pensar que alguien te va a tomar por sorpresa diciéndote que tienes una orden de aprehensión”. 

A su esposo lo define como un buen hombre, de conducta intachable, que nunca tuvo problemas con nadie. Era un hombre trabajador, que no fumaba ni tomaba, y siempre su motivación fue sacar adelante a su familia.

“Ha sido muy difícil desde que murió porque él era el sostén de la casa. Ahorita nos es difícil para mi familia estar así en esta situación. Se siente impotencia porque uno no entiende que actúen de esa manera porque están para cuidarnos y no para que nos traten de esa manera”. 

LC