Scarlett Pérez

León.- La casi recién declarada Área Natural Protegida, llamada La Patiña sobrevive a una nave industrial para la producción de pieles sintéticas, extractoras de recursos pétreos (arena y grava) legales y varias ilegales, ladrilleras y una trituradora de plásticos.

El 7 de septiembre de 2020 se reconoció a La Patiña como Área Natural Protegida Municipal (ANPM), un mes después se publicó en el Periódico Oficial del Gobierno del Estado. La Patiña y sus más de 5 mil hectáreas se sumaron al Área Natural Protegida de Sierra de Lobos, conectando con el Parque Metropolitano y la presa del Palote. La ANPM La Patiña tiene por objetivo conservar como una zona de captación de recursos hídricos, servicios ambientales, de protección a la biodiversidad y al ecosistema.

Este 23 de septiembre en el Periódico Oficial se publicó el Programa de Manejo de la zona de conservación ecológica. Sin embargo, a un año de la declarada zona protegida, el propietario de una recolectora de plásticos y un fabricante de ladrillos desconocen que el lugar en el que están asentados es una zona protegida.

“Yo tengo todos mis permisos en orden, no creo que me muevan”, apunta Miguel Becerra, el dueño de la trituradora. “Tengo aquí más de 40 años establecido como ladrillero, tengo mis papeles de que estoy poniéndome al corriente con mis permisos”, dice Alberto Martínez.

De difícil acceso

Para llegar al La Patiña hay dos caminos, uno por la zona residencial y otro, por la carretera antigua León-San Felipe. Los caminos son de terracería, con baches profundos causados por la constante circulación de Tolvas provenientes de los sitios de extracción de grava y arena.

En el acceso por el norte de León hay que atravesar el río, si la corriente es alta, los vehículos pequeños se atascan. El paso es el mismo para la ruta 76 del transporte público, además, de las suburbanas 101 y 105, todas sólo llegan a Hacienda Arriba.

“Pasa unas cinco veces al día (la ruta suburbana), a lo mucho, y cuando llueve ni pasa”, dice María Barrientos, mientras espera a sus nietas cruzar una a una por el inestable y viejo puente peatonal, mismo que en sus láminas de base presenta desprendimientos.

María Barrientos platica que el puente peatonal ubicado en el acceso sur de La Patiña es el único que no se cubre cuando la corriente sube, por lo que se convierte en el acceso peatonal único. Don Alberto, el ladrillero, relata que hace más de 20 años, los habitantes de la zona reunieron los 80 mil pesos que costó ese puente.

En este mismo río, se aprecian las huellas de la corriente -que en días recientes aumentó casi dos metros de altura- donde todo tipo de desechos, permanecen atascados en las orillas del cauce.

Pasando la temporada de lluvias, un grupo de mujeres del lugar se organizan para limpiar el río. A las localidades el sistema de limpia pasa una vez a la semana, por lo que muchos tenían la costumbre de lanzarla al río, “ya se le ha quitado” dice Alberto.

Explotación de recursos naturales

La falta de limpieza en los distintos ríos y riachuelos no es el único problema que enfrentan en la zona protegida, las extractoras legales de grava y arena, ambas con irregularidades en su operación han impactado superficies de más de 242 mil metros cuadrados, en el caso de la ubicada en La Tambora; y más de 82 mil, en el caso del banco Acalsa.

Estas extractoras no cumplen con la norma que regula la restauración del banco y sus materiales (NTE-IEG-002/2007). Además, se han identificado otros sitios de explotación irregulares y sin registros, los cuales representan una fuente importante de empleo para los hombres de La Patiña.

Riqueza vegetal

En vegetación predominan las cactáceas con 16 especies, de las cuales seis están bajo alguna categoría de riesgo según Semarnat, también hay matorrales, seguido por encinas y bosque tropical caducifolio disperso (árboles que pierden sus hojas durante seis meses), además de árboles identificados en los ríos como sauce, fresno y álamo, por último, pastizales.

Riqueza animal

En su fauna, los animales habitantes de La Patiña son: 109 especies de aves, patos, pájaros carpinteros, calandrias, cenzontles, entre otros; 12 de anfibios como ranas leopardo Moctezuma y neovolcánicas; en reptiles 20 especies de las que destacan las lagartijas, tortugas casquito, culebras acuáticas y cascabeles; en mamíferos se han registrado 61 especies como roedores, ardillas, musarañas, murciélagos, cacomixtles, mapaches, coyotes, zorra gris, tlacuaches, venados cola blanca y linces americanos.

Buscan regularizar la tierra que habitan hace 40 años

De las más de 5 mil hectáreas que conforman la ANPM La Patiña, 9.7 hectáreas son ocupadas por los 13 centros de producción de ladrillo artesanal, uno de los productores más antiguos es Alberto Martínez, quien ha vivido en el lugar desde hace más de 40 años, tiempo que ha luchado por conseguir la escritura de las tierras propias y familiares.

“Ahora batallamos con las escrituras, sin escrituración no tenemos nada”, dice don Alberto, “los que tienen escrituras, decimos nosotros, son falsas”.

El señor Martínez explica que el nombre de Las Ladrilleras es Fraccionamiento Campestre Alloschia, “el apoderado es mi hermano, tengo más de 40 años aquí, nosotros no hemos podido escriturar ¿cómo es posible que otros sí?, dicen que aquí todo es irregular”.

En Las Ladrilleras pocos son los domicilios que tienen piso y muros firmes, las casitas están hechas de lámina, lonas y tablas. El grado de marginación es muy alto, según el índice por localidad del Consejo Nacional de Población. Las únicas localidades que cuentan con agua entubada son Hacienda Arriba y La Patiña, mientras que los restantes se abastecen por medio de manantiales, pozo y pipas. El mismo escenario para el suministro eléctrico, los diablitos y en pocos casos, paneles solares, son la fuente de energía.

“Aquí batallamos mucho con el agua, y antes la luz, ahora ya la pusieron, pero no querían ponerla; nosotros aquí tenemos agua, ahí está el pozo, pero en el tiempo de sequía se acaba y quedamos como unos dos meses que no le sale ni gota”, platica Alberto.

La escasez de agua es una prueba a librar en temporada de calor para la elaboración de ladrillo artesanal, pero en lluvias, el exceso del líquido no deja trabajar a don Alberto, “tengo unos 35 días sin trabajar, por la lluvia, ya estoy endeudado; me salen trabajos, como viajes de escombros, pero ¿y mis ladrillos? el agua no me deja prender los hornos”.

La contraparte

La planta industrial Creplas no vive la misma realidad que sus vecinos, ellos si tienen agua los 365 días del año. En 1994 se instaló el Rancho de Creaciones Plásticas San Francisco S.A. de C.V. dedicado a la fabricación y comercialización internacionalmente reconocida de productos de piel sintética, su territorio consta de una nave industrial de unos 100 metros de largo por unos 80 de fondo, además del amplio terreno que conforma su perímetro. Aquí trabaja otro tanto de los habitantes de La Patiña.