Fernando Velázquez

León.- La pandemia cambió las reglas del juego para todos, y muchas empresas se toparon de frente con la disyuntiva de reinventarse o morir. Una de ellas fue el bar Bronson, ubicado en la calle Madero, y el cual desde junio es administrado por tres socios, aunque solo dos de ellos están en la operación diaria del lugar: Sendic Cárdenas Montiel y Luis González Dávila.

Ellos, como muchos otros, escuchaban el término “nuevo coronavirus” como algo distante, remoto, cuando en las noticias se advertía la irrupción del SARSCoV-2 en China. Sin embargo, al poco tiempo, llegó a México en febrero y sus estragos en la economía comenzaban a preocupar.

En entrevista para Correo, Sendic explicó que optaron por cerrar desde mediados de marzo, cuando la Federación decretó la jornada nacional de sana distancia, y reabrieron en junio, aunque prácticamente solo con cocteles embotellados y pizzas para llevar.

Con el avance gradual en el semáforo, los socios del Bronson reconocieron que también se percibió un relajamiento general en las medidas preventivas.

“Es muy curioso que en octubre registramos una venta récord en la historia del bar, entonces eso quiere decir que la gente un poco malentendió lo que era el regreso a la nueva normalidad, como que pensaron que ya no había virus y todos querían salir”, dijo.

Medida contraproducente

No obstante, el boom duró poco tiempo y en diciembre el semáforo regresó a rojo, pero ahora con una restricción adicional: no poder vender alcohol después de las 8 de la noche.

Esta medida, aseguraron Luis y Sendic, solo provoca que los clientes, en lugar de tomar en lugares donde se puede verificar que se cumplan protocolos de desinfección y sana distancia, se encierren en casas o departamentos, sin ningún tipo de medida.

“Incluso es peor que vayas y te compres unos pomos antes de las 8, vayas y te encierres en un departamento donde ni siquiera Fiscalización puede llegar a ver que se estén cumpliendo los protocolos o las medidas”, dijo Sendic.

Además, aseguraron que la autoridad no trata de forma pareja a todos los establecimientos, pues hay algunos que incluso sirven bebidas alcohólicas hasta la medianoche, y nadie los molesta.

“Imagínate nosotros que le decimos al cliente: ‘oye ya no puedes consumir por la restricción del horario’, y da la vuelta y ve otros lugares abiertos, nosotros cómo quedamos, como los malos y no vuelven con nosotros”, comentó Luis.

Explicaron que ellos, al igual que muchos otros dueños de pequeños negocios, no han recibido apoyos gubernamentales: los créditos del Gobierno del estado eran pocos y con muchos requisitos, y tampoco alcanzaron a ser beneficiarios de las ayudas del Municipio.

Sin embargo, el Bronson se mantiene en pie, abriendo de miércoles a domingo de 3 de la tarde a 10 de la noche -paran la venta de alcohol a las 8-, y promoviendo sus productos con envío a domicilio.

La expectativa es que para finales de marzo la situación sanitaria y económica sea mejor, lo cual permitiría en verano volver a contratar a los cinco trabajadores que tuvieron que despedir por la contingencia sanitaria.

“Tenemos que adaptarnos de alguna manera. Si nos pueden apoyar pidiendo para llevar, o cuando vengan siguiendo los protocolos y llegando a una hora pertinente, no solo nos apoyan a nosotros, sino apoyan a toda la comunidad porque hay familias que dependen de este trabajo”, comentó Sendic.

EZM