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Gaudencio Rodríguez

Parentalidad

Cómo apoyar a los niños en tiempos de incertidumbre 

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Cómo apoyar a los niños en tiempos de incertidumbre 

Atravesamos un momento caracterizado por la incertidumbre y el temor donde todos estamos siendo afectados: adultos y niños, chicos y grandes. Pero no debemos perder de vista que es a los adultos a quienes nos corresponde apoyar a los niños, nos corresponde conservar el rol de grandes, de protectores para que ellos puedan seguir siendo niños.

Son días donde han dejado de asistir a la escuela y el espacio se les ha comprimido. Días donde la coexistencia entre padres e hijos aumentó. Días donde poco a poco se empieza a acumular la tensión familiar producto de la interacción y convivencia cotidiana.

Estamos ante un escenario inédito e impredecible, donde al día de hoy no existen certezas sobre lo que pasará. Lo cual se convierte en fuente de ansiedad y estrés. “Quienes no tienen un mínimo control sobre el presente no serán capaces de reunir el coraje necesario para controlar el futuro”, advierte el sociólogo Zygmunt Bauman. Falta de control de la vida es el sello de nuestros días que todos padecemos.

Los niños y las niñas no dejan de escuchar acerca del COVID-19. Pandemia, epidemia, infectados, virus, casos sospechosos, casos descartados, casos confirmados, muertos, son palabras y conceptos que llegan a sus oídos a través de los medios de comunicación y de la boca de los adultos que les rodean, lo cual sumado a los rostros de tensión, preocupación y estrés de estos, terminan por preocuparlo a ellos mismos. “¿Nos vamos a morir, mamá?”, preguntó abrumado un niño de cuatro o cinco años.

¿Cómo apoyar emocionalmente a nuestros hijos e hijas en esta situación? Te comparto diez líneas o coordenadas para tal fin.

1. Ofréceles tu calma, tu calidez y tu sabiduría. No pierdas estas cualidades, de lo contrario ellos se quedarán sin piso, y el miedo se los comerá.

2. Evítales la sobre exposición a los medios de comunicación. No pierdas de vista que tus hijos tienen a la mano los mensajes de estos medios y de boca de los adultos a su derredor. Procura que no estén solos ante dicha información; acompáñalos para que puedan interpretar atinadamente lo que escuchan, para clarificarles sus dudas o para corregir información errónea o inadecuada que pueda llegar a sus oídos.

3. Expliquémosles con precisión qué es el COVID-19 y el proceso de una pandemia con palabras comprensibles y frases cortas. La información ayuda a entender y a tener control de las situaciones.

4. Dimensiona los riesgos de la pandemia, sin minimizarlos pero tampoco maximizándolos.

5. Ahora que estarán en casa ofréceles un espacio rico en estímulos: juegos, juguetes, objetos, libros, revistas, todo aquello que permita que desplieguen su espíritu inquieto, explorador y creativo.

6. Sé flexible y paciente con su comportamiento. Recuerda que lo suyo es el movimiento, razón por la cual el confinamiento les será más difícil conforme pasen los días. Desde su inquietud tendrán pequeños accidentes (una lámpara tirada, una cortina rota, la leche derramada, etcétera), si su integridad no está en juego, déjalos pasar, no le grites, no le regañes, invítalo a que recoja y repare.

7. Tengan rutinas que no sean rígidas, sino flexibles. El objetivo de las rutinas no es someter al niño, sino organizarle la experiencia cotidiana.

8. Diviértete con ellos. Festeja que están juntos. Que el perciba que no es una carga desagradable para ti, sino una persona amada y respetada con la que se puede ser feliz.

  1. La sugerencia tal vez más pertinente para este momento: hazle sentir tu cariño y protección a través de tu sensibilidad y disponibilidad, porque si tu hijo siente que cuentan contigo, que estás para él, para acompañarlo en sus miedos y ansiedades, estas serán superadas, desaparecerán.
  2. ¡Cuídalos, cuídate!, en esto consiste este momento, en transitar la adversidad, en salir bien librados de la pandemia. La escuela, la formación en modales, el buen comportamiento, el rendimiento y demás cosas por el estilo pueden esperar.

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Gaudencio Rodríguez

¿Casa hogar u orfanato?

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¿Casa hogar u orfanato?

Hace algunos años, en un diplomado que cursaba, una alumna utilizó el adjetivo ‘orfanato’ y alguien más la corrigió señalándole que así se les llamaba décadas atrás pero que hoy se les llama ‘casas hogar’, instituciones residenciales o centros de asistencia social. De manera sucinta yo alcancé a decir que a mí, estos me parecían eufemismos, sobre todo el de ‘casa hogar’, debido a que muchas de estas en México y Latinoamérica no logran desempeñar adecuadamente su labor social, no asisten de manera suficiente y menos aún logran producir calor de hogar. Así lo deja en evidencia actualmente la Resolución A/RES/74/133, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 18 de diciembre de 2019.

Quienes más saben esto son los propios niños y niñas que ha pasado por dichas instituciones. Recientemente fui parte de un diálogo con una mamá adoptiva y su hijo Ernesto, de ocho años:

“Tú estabas en una casa hogar antes de que te adoptáramos, cuando aún no tenías ni un año de edad, cuando aún eras un bebé”, respondía dicha mamá a pregunta explícita de su hijo.

 “No es cierto, no era una casa hogar, era un orfanatorio”, la interrumpió con seguridad.

La mamá trataba de aclararle que se le llama casa hogar, pero el niño insistía en el otro adjetivo: orfanato. Se comenzaban a enfrascar en una discusión cerrada, por lo que decidí preguntarle al niño:

 “¿Por qué para ti aquello no era una casa hogar?”

“Pues porque esa ni es una casa ni tampoco es un hogar como en el que ahora vivo con mis papás”, respondió un tanto sorprendido de que no notáramos las diferencias.

“¿En qué son diferentes?”, lancé la pregunta con fines dialógicos, con la intención de permitir que verbalizara su subjetividad, su manera de ver las cosas. Y no desaprovechó la oportunidad:

“Pues todo es diferente: los niños que ahí viven son raros, las personas que nos cuidan son raros: nos miran raro, no como te miran los papás; las camas no son como las de una casa, sino que todas son igual, como de hospital, todo es raro…”.

Parecía que podría continuar arrojando evidencias que daban sustento a su dicho, pero ahora fue su mamá la que lo interrumpió para decir: “Ya, ya entendí”. Entonces me dirigí a la mamá:

“Tiene razón, esos centros no son como una casa, menos aún, un hogar. Se trata de centros de asistencia donde el personal hace su mejor esfuerzo para darles un cuidado profesional”.

Orfanato, orfelinato y orfanatorio es el nombre que se le dio siglos atrás a los lugares donde se les daba cobijo a los niños y niñas que habían perdido a sus padres, a los huérfanos. Con el tiempo las palabras cambiaron para quitar el estigma que se fue generando sobre estas instituciones y sobre estos niños y niñas. De tal manera que en la época moderna se les llama centros de asistencia social, instituciones residenciales, etcétera.

Los nuevos nombres también encierran intenciones positivas, las de dejar de ser lugares fríos, sombríos, impersonales y hasta abusivos. El conocimiento acerca de las consecuencias de la separación de los niños de sus padres y la institucionalización ha traído como consecuencias recomendaciones de la comunidad internacional a los Estados para mejorar los cuidados residenciales. En respuesta, apenas en las últimas décadas se han ido desarrollando leyes, normas, reglamentos y acciones para tal fin. Desafortunadamente, en lo general, las prácticas de cuidado en estas instituciones no han cambiado significativamente. Aún existe mucha carencia de todo tipo para las niñas, niños y adolescentes internados en estos centros.

En el mejor de los casos se cubren necesidades básicas y escolásticas, pero las necesidades más humanas, tales como las afectivas, vinculares, socio-emocionales y morales no logran ser cubiertas (y no necesariamente por falta de voluntad, sino por falta de personal y especialización), con lo que no se logra construir cerebros plenos.

Los seres humanos comienzan por cambiar las palabras (orfanato por institución residencial, asilo por centro de asistencia social, albergue por centro de protección integral) pero no necesariamente cambian las prácticas. Lo cual es constatado y verbalizado por niñas y niños que luego de vivir ahí, pueden vivir en un hogar real, en una familia adoptiva como el niño de nuestro relato, por ejemplo. Entonces lo mejor que podemos hacer es validarles su percepción, afinar el lenguaje y ponernos a trabajar para restituirles su derecho a vivir en una familia en lugar de una institución que por más que le digamos casa hogar, no lo será (y esto no es un insulto para estas instituciones y su personal, sino sólo un uso preciso del lenguaje que niños como Ernesto nos señala).

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Gaudencio Rodríguez

Garantizar el derecho a vivir en familia

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Garantizar el derecho a vivir en familia

Con motivo del 10° aniversario de la expedición de las Directrices sobre las Modalidades Alternativas de Cuidado de los Niños de las Naciones Unidas y con el fin de orientar la implementación del acogimiento alternativo de niñas, niños y adolescentes (NNA) de 0 a 18 años, que se encuentren privados de cuidados parentales o en riesgo de separación de sus familias y comunidades, la Federación Iberoamericana del Ombudsman, la Red de Niñez y Adolescencia, la Procuraduría de los Derechos Humanos del Estado de Guanajuato y la Red Latinoamericana de Acogimiento familiar, difundieron los siguientes 15 puntos a procurar, toda vez que el derecho a vivir en un ámbito familiar y comunitario es fundamental:

  1. Colaborar para que se prevenga la separación familiar dotando de otros recursos de ayuda social a las familias (escuelas de padres, guarderías, servicios de mediación familiar, tratamiento para adicciones, etc.).
  2. Tener certeza de haber agotado todas las posibilidades para que el NNA permanezca en su propia familia o se reintegre a ella antes de separarle.
  3. Generar un proceso de separación participativo, escuchando a NNA y a todos los involucrados, siendo informados, consultados y orientados según sus formas particulares de entendimiento (edad, idioma, etc.) de forma clara y sencilla.
  4. Detectar en cada caso particular la respuesta de cuidado más adecuada, buscando en un plazo razonable una familia permanente en los casos donde nadie del entorno de NNA pueda asumir el cuidado.
  5. Generar estabilidad en el ámbito de cuidado, evitando la circulación de NNA por distintos ámbitos, garantizando un hogar estable brindando un vínculo seguro y continuo con sus acogedores.
  6. Respetar los vínculos de hermandad, procurando la permanencia en un mismo ámbito o garantizar el contacto entre sí en casos contrarios.
  7. Resguardar la historia de cada NNA a fin de facilitar la conformación de la identidad de cada uno.
  8. Atender el cuidado y protección de NNA en condiciones de vulnerabilidad (víctimas de abusos y explotación, abandonados, migrantes, desplazados, refugiados, no acompañados, que viven con VIH, entre otros) procurando en todo momento su bienestar.
  9. Trabajar la autonomía de las y los adolescentes para facilitar su emancipación, inserción en el mundo laboral e independencia económica.
  10. Educar con respeto en la dignidad humana de NNA, prohibiendo el uso de la violencia física o psicológica como medidas disciplinarias o la medicación para controlar comportamiento.
  11. Involucrar a la comunidad para que colabore de manera activa en la integración de NNA, evitando el desarraigo y minimizando el trastorno a su vida educativa, cultural y social.
  12. Revisar periódicamente la medida entendiendo la transitoriedad del cuidado alternativo.
  13. Construir y actualizar expedientes confidenciales que estarán al alcance de NNA y les acompañarán en nuevas intervenciones.
  14. Mantener canales o mecanismos de comunicación conocidos, eficaces e imparciales mediante los cuales NNA puedan notificar quejas e inquietudes.
  15. Capacitar y evaluar a los cuidadores para asegurar que tengan la idoneidad y aptitudes necesarias para proveer de cuidados alternativos, generando una evaluación periódica al desempeño y un acompañamiento constante.

Los organismos nos recuerdan que:

– La atención debe ser individualizada, centrada en la singularidad de cada NNA.

– Se debe procurar la desinstitucionalización, eliminando de manera progresiva los grandes centros de alojamiento, teniendo a cortas estadías como medida transitoria hasta que NNA sean acogidos por familias.

– Niñas y niños menores de 3 años de edad no deben ser institucionalizados.

– Se deben tomar las medidas pertinentes para evitar la estigmatización de NNA que se encuentran en cuidados alternativos.

Son miles de NNA en México con el derecho a vivir en un ámbito familiar y comunitario vulnerado. Su restitución es responsabilidad del Estado.

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Gaudencio Rodríguez

El perjuicio del autoritarismo en la crianza

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El perjuicio del autoritarismo en la crianza

“Soy madre de tres hijos, casi 6 años la mayor, 4 el segundo y el menor de un año. A diario hago todos mis esfuerzos por una crianza respetuosa, sin golpes, ni gritos, pero hay momentos en que la paciencia se me agota, sobre todo se hace más difícil cuando hay otras miradas adultas que no comprenden la crianza con respeto y te hacen sentir que deberías ser más dura en la forma de criar… Vivimos a diario en el adultocentrismo, el cual es muy dañino para los niños. Qué bueno que cada vez se hable más sobre eso, son los pequeños granitos de arena para cambiar el mundo…Viva el mundo de los niños y la crianza con respeto… ¡Vamos que se puede!”; el comentario firmado por Paola, fue detonado por uno de mis artículos.

Sucede que las actuales generaciones de padres fuimos criados mediante métodos caracterizados por el autoritarismo, en los cuales el uso del poder —y no de la razón y la sensibilidad—, el miedo —y no la influencia ganada gracias a la presencia, constancia y congruencia—, la rudeza —y no el amor y el respeto—, fueron los instrumentos de uso cotidiano.

La dependencia natural de los niños/niñas hacia sus padres/madres hace imposible rebelarse ante tales prácticas. Posteriormente la cultura adultocéntrica y patriarcal con todos sus dispositivos ideológicos e institucionales dificulta en la adultez reflexionar, cuestionar y llamar a las cosas por su nombre.

De ahí que aún hoy, convertidos en adultos y padres/madres, resulte difícil sacudirse aquellos estilos impositivos y hasta se les siga defendiendo, ensalzando y promocionando; por ejemplo, la gente suele decir: “Antes con una mirada nos ponían en nuestro lugar”, invisibilizando el temor que dichas miradas generaban y la distancia emocional que se instalaba ante el padre/madre.

“A mí me dieron un par de cintarazos y mírame, no me pasó nada, al contrario soy una persona recta”, argumento que perpetúa la transmisión de los malos tratos al recetarle ahora lo mismo a los respectivos hijos/hijas, perdiendo de vista, de paso, que justo lo que a esa persona le pasó fue algo muy grave: la instalación del “permiso” para agredir a un cuerpo ajeno, el de su propio hijo/hija.

Está más que comprobada la inutilidad y perjuicio del castigo corporal (y cualquier otro de castigo. Las consecuencias en términos de salud mental son para tenerse en cuenta. Por ejemplo, estudios de UNICEF concluyen que los niños/niñas que crecen con padres autoritarios que emplean métodos disciplinarios violentos de forma regular, tienden a mostrar una menor autoestima y peores resultados académicos, son más hostiles y agresivos, menos populares entre otros niños, menos independientes y más proclives a al abuso de sustancias peligrosas durante la adolescencia.

Además, la exposición prolongada a un estrés tóxico, puede alterar el desarrollo fisiológico del cerebro y repercutir así en el crecimiento físico, cognitivo, emocional y social del niño. La exposición repetida a la violencia durante la infancia aumenta la probabilidad de caer en la delincuencia u otros comportamientos criminales en la vida adulta.

La lista de evidencias y argumentos es muy muy larga y la encuentras en “Cero golpes. 100 Ideas para la erradicación del maltrato infantil”, obra de mi autoría escrita con la intención de difundir el perjuicio de las malas prácticas disciplinarias y ofrecer alternativas basadas en el buen trato, respetuosas de los derechos de la infancia.

Fue escrito para que personas como Paola, encuentren argumentos a sus intuiciones bien tratantes que hagan contrapeso a la presión social del autoritarismo imperante. ¡Que viva la crianza con respeto, apego, amor, dignidad; positiva, bientratante, inteligente, humanizada…, para que vivan los niños/niñas y no solo sobrevivan!

Estudiemos, aprendamos, leamos, dialoguemos, reflexionemos acerca de esta función trascendental para la sociedad: la formación de las nuevas generaciones. Habilitémonos para construir cerebros plenos, integrales, capaces de alcanzar niveles altos de empatía, compasión, respeto, amor, solidaridad, atributos en los que se juega la permanencia de la humanidad.

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