La pandemia deja muchos asuntos torales por atender. Entre ellos, el apego de las élites de la sociedad a los principios que deben defender, como parte de la integración del país que desean consolidar.

Es evidente que en materia de salud, se dejaron crecer rezagos que ahora reclaman la atención de las élites, para reconocer los errores que se cometieron, ante los espejismos que despertaron las ideas proclamadas por el liberalismo exacerbado.

En política, es necesario poner en la mesa de las discusiones, fuera de prejuicios generados en la búsqueda del poder por las utilidades económicas que genera, la vinculación de los partidos a plataformas ideológicas, que representen la pluralidad de intereses de los factores reales de poder. La representación debe ser fortalecida desde las cátedras, para que la relación dialógica en los institutos de educación superior, dignifiquen la libertad de cátedra y ésta, no se agote en los discursos al servicio de la ciencia del mercado.

No es conveniente ajustar los presupuestos de los partidos políticos si éstos sirven para la concientización de la sociedad y ayudan a fortalecer el sistema de partidos, pues no se aprecia otra forma de organización política que acerque a la democracia.

La democracia es la forma más útil para organizar a la sociedad, si deseamos integrarla a solucionar el problema de la violencia, que tiene su origen en la desigualdad social creciente y en los efectos que ésta tiene, en la salud mental de la población.

Rezago que es probable no se encuentre en las preocupaciones fundamentales de las élites: políticas, económicas, religiosas y culturales de la población.

La salud mental, requiere un gran esfuerzo desde las cúpulas empresarial y política, que deben abrir el diálogo sobre la mejor forma de abatir los rezagos que generaron la pandemia y sus negativos efectos en la economía y las relaciones afectivas entre la población. Es necesario crear un comisión para que investigue la cantidad de huérfanos y marginados de la fortuna que han ocasionado, la pandemia y la violencia, generada en la disputa por el merado de las drogas, que seguirá creciendo, en la medida que no atendamos las patologías generadas por la orfandad, que lastima severamente a la sociedad, cuya atención prioritaria, debe aparecer en la agenda de empresarios, políticos y factores reales de poder.

La sociedad requiere atención multifactorial, pero desde ahora debe empeñarse en iniciar un diálogo serio, atendiendo a los requerimientos urgentes, con los activos humanos que indiscutiblemente tenemos y, a los que es necesario convocar, sin prejuicios. Integrar a la sociedad y eliminar las divisiones que impiden su incorporación para solucionar problemas comunes, es un objetivo político de urgente realización.