¿Qué significa (la detención de “El Azul”)? Que vamos caminando hacia la paz y armonía de Guanajuato y que los delincuentes no tienen espacio en este estado, que siempre van a vivir incómodos, que cualquier grupo delictivo sabe que en Guanajuato hay Estado de Derecho e instituciones con guanajuatenses capaces, que están entregando su vocación para pacificar el estado”. Sophia Huett, Comisionada para la Seguridad

¿Qué haríamos sin ella y sus declaraciones en modo “Únete a los optimistas”?

a capacidad que tienen los integrantes de Morena para golpearse internamente en una contienda o aunque no la haya, es infinita. Realmente no son muy diferentes a la hora de emplear las tácticas que panistas, priistas y perredistas en las últimas décadas.

Las cargadas, los golpes bajos, los ataques arteros, las descalificaciones personales, el lodazal interno, el buscar ganar a costa de lo que sea se muestra sin el menor pudor de quienes se dicen diferentes a los de antes.

Ocurre hoy con Mario Delgado y Porfirio Muñoz Ledo en la contienda nacional pero ya ocurre aquí en Guanajuato desde hace varios años con Ernesto Prieto y Alma Alcaraz que se han atacado de forma inmisericorde.

La guerra intestina en Morena se ha extendido incluso a terrenos institucionales. Hemos visto por ejemplo al diputado local Ernesto Prieto Gallardo enviar recados y misiles mediáticos en contra de la alcaldesa Beatriz Hernández, de su ciudad natal, Salamanca, por la polémica adquisición de luminarias y una camioneta blindada.

Muñoz Ledo le tunde a Mario Delgado por un supuesto despilfarro en su campaña por la dirigencia nacional y este le responde con señalamientos que alcanzan la responsabilidad de presunto acoso en contra de una mujer.

Los morenistas no reparan en recursos para ganar. Ayer, llamaron de una empresa encuestadora que no se identifica, al teléfono de un servidor como lo han hecho en los últimos días con cientos de personas (según acusó ayer Muñoz Ledo) para sondear sobre las preferencias de los entrevistados aunque en la batería de preguntas solo citan a Mario Delgado y nunca a Porfirio.

Que si conoce o no al coordinador de los diputados federales, que si lo apoya o no, que cuál debe ser su principal tarea en caso de ganar la contienda, que cuál es la frase que mejor lo define. Y no es que la contienda amenace con convertirse en un lodazal.

En lo hechos, ya lo es. Y la pregunta es cuándo terminará la inmunidad del partido gobernante a la imagen que proyecta como institución, de inestabilidad y eterno fuego amigo. Hasta ahora, han salido bien librados. Ya empiezan las elecciones en los estados y ahí veremos si logran sobreponerse a su propio arsenal o sucumben ante la imagen rijosa que proyectan.

Si se mantienen indemnes, será un caso digno de estudio.

Si alguien tiene dudas del encarecimiento de nuestra democracia, cheque este dato.

Hace seis años el IEEG aprobó el presupuesto para la elección 2015 que ascendió a 479 millones de pesos; el viernes pasado se aprobó el que regirá el año electoral 2021 y será de 750 millones.

Es decir, en seis años, el proceso electoral intermedio (en el que no se elige gobernador y presidente de la república) aumentará en 271 millones de pesos, es decir, un incremento del 36.13%.

La comparación es así porque son elecciones similares: congreso federal, congreso estatal y alcaldías solamente. Hace 6 años, el presupuesto para partidos políticos fue de 173 millones y ahora, de 214 millones. El aumento fue de 23.69%

El incremento mayor se da en la operación del IEEG. Hace seis años costó 306 millones y ahora, 536 millones. Esos 230 millones de pesos representan un 75.15% adicional.

Es decir, la operación del organismo que será árbitro electoral, será mucho más onerosa. Que alguien lo explique.

GERARDO MOSQUEDA: DE MÁRQUEZ A OLIVA, EL CONTROL DEL GABINETE

Todos los gobernadores del PAN cambiaron en algún momento de su gestión en Guanajuato pero ningún relevo resultó tan necesario y tormentoso como el que tuvo que concretar hace exactamente una década el entonces mandatario estatal Juan Manuel Oliva Ramírez quien no tuvo más remedio que despedir a Gerardo Mosqueda Martínez que se había convertido en un lastre para su administración.

“He decidido aceptar la renuncia del ciudadano licenciado José Gerardo Mosqueda Martínez al cargo de Secretario de Gobierno que venía desempeñando; agradezco a Gerardo Mosqueda por el trabajo desarrollado estos cuatro años al frente de la Secretaría y de las diferentes tareas que le encomendé”.

Una salida, necesaria pero que resultó muy tardía. Juan Manuel Oliva dejó crecer la percepción de la manga ancha que tenía su segundo de a bordo para operar en el gobierno, parcelas de poder que hicieron ver rebasado al propio Oliva.

Aún más que eso, el secretario de Gobierno que por definición está para ahorrarle problemas al jefe del ejecutivo y de ser necesario, se inmola para sacar a flote a su jefe, se convirtió en ese sexenio en el artífice de los escándalos que enfrentó el mandatario como en la organización de la llamada Expo Bicentenario y en el control que en ese entonces, ejercía en el gabinete de seguridad.

Más que su bombero se convirtió en el fuego mismo. Con agenda propia y sin respeto a las jerarquías de gobierno.

Se peleó con directivos de medios, atizó la pugna con adversarios partidistas, activó  la polémica por la estatua de la victoria alada. El colmo fue su aparición en la oficina del entonces del secretario de Elecciones del Comité Ejecutivo Nacional del PAN José Espina y enviar a los medios de comunicación una fotografía de su encuentro para destaparse como aspirante a la gubernatura.

Carlos Medina relevó en su momento a su secretario de Gobierno original, Felipe Camarena; Vicente Fox se fue y Ramón Martín Huerta que fue su eficaz número 2, le sustituyó en la gubernatura; Juan Carlos Romero tuvo que relevar al propio Oliva, por Torres Origel cuando su activismo resultaba nocivo para su administración; Oliva llamó a Héctor López tras la salida de Mosqueda y Márquez sacrificó a Antonio Salvador García para llevar a Gustavo Rodríguez Junquera.

Quizá solo la obligada renuncia del propio Oliva pudo acercarse a aquel escándalo. Era la naturaleza de quien ha llevado la polémica como compañera permanente.

EL GENERAL CIENFUEGOS: CUANDO GUANAJUATO DESPUNTABA EN LA VIOLENCIA

Que hoy sea el nombre del escándalo político en México le da un gran valor a esta entrevista que le hizo hace cuatro años mi compañero Damián Godoy en Zacatecas durante una reunión de gobernadores a la que asistió el entonces mandatario estatal Miguel Márquez acompañado de Carlos Zamarripa y Álvar Cabeza de Vaca quienes entonces y ahora se mantienen como el dúo que encabeza el combate al crimen organizado en el Estado.

Salvador Cienfuegos habló en 2016 de su visión de los embates de la delincuencia de alto impacto que de manera incipiente ya se vivía en Guanajuato. Su diagnóstico no puede descalificarse por la condición que ahora tiene.

Parece más realista de hecho que lo que en su momento decían las autoridades guanajuatenses que minimizaban el problema y no creían que podía escalar hasta donde hoy se encuentra.

“No tengo cómo afirmarlo sustantivamente, pero sí me hace pensar que debe haber una relación entre personas que han estado y conocen cómo manejar los ductos y la delincuencia. Es un problema de carácter federal que tenemos que resolver entre todos”, dijo el extitular de la Secretaría de la Defensa Nacional, hoy detenido en Estados Unidos por presuntos vínculos con el narco.

En aquella entrevista, ya se mencionaba el robo de combustible como uno de los delitos importantes. Lo curioso es que aún no se citara al cartel Santa Rosa de Lima, el más importante grupo criminal de manufactura guanajuatense que haya aparecido hasta este momento.

En la entrevista, en cambio, el jefe del Ejército Mexicano reconoció que grupos como La Familia Michoacana, Los Caballeros Templarios y el Cártel Jalisco Nueva Generación, peleaban el control del estado, por tratarse de un territorio clave para el trasiego de droga.

En 2016, Guanajuato registró 1 mil 96 víctimas de homicidios dolosos y en 2019, alcanzó 3 mil 540 víctimas en 2019, es decir, un incremento del 222%.

Cienfuegos ya decía en aquel entonces que el mayor problema que enfrentaba Guanajuato era el robo de hidrocarburos y aceptaba que directivos y personal de Pemex podrían estar coludidos. Poco se hizo al respecto como ha quedado en evidencia.

Él no hablaba de un cártel guanajuatense, aunque este ya operaba y hacía daño. Mucho menos hablaban de él, Zamarripa y Cabeza de Vaca.

Durante los últimos cuatro años en Guanajuato, en radiopasillo hemos escuchado historias diversas sobre el papel del Ejército en la lucha contra el narcotráfico. En algún momento al inicio del sexenio de Diego Sinhue Rodríguez Vallejo, arribaron a Guanajuato elementos de la Marina lo que representó motivo de júbilo en la autoridad estatal. Cuando el gobierno federal decidió llevarse a esos elementos, hubo un dejo de decepción.

Es evidente que había más confianza en la Marina. Hasta la alcaldesa de Salamanca Beatriz Hernández imploraba por marinos.

En el Estado, la confianza hacia la milicia ha tenido sus altas y sus bajas. Diego Sinhue ha mostrado mucho mayor empeño en el combate al crimen organizado que el exhibido por su antecesor y los resultados siguen siendo insuficientes.

De aquella foto en la que aparece el llamado dúo dinámico con Márquez y el general Cienfuegos, este se encuentra bajo proceso y el esquema trazado por Márquez ya fue desechado por Rodríguez Vallejo. Lo único que sobrevive es la confianza del gobernador en turno en Álvar y Zamarripa.