Palabras Mayores

PALABRAS MAYORES

 

“Ningún muro que obstruya el libre tránsito puede ser aceptado, sobre todo si no hay una actuación que esté dentro de los reglamentos”

Octavio Villasana

Alcalde de León (y el muro entre Jardines de Providencia y El Cortijo que con su inoperancia, la autoridad ayudó a levantar)

Máscara vs. cabellera

¿De verdad alguien cree que el formato de la gira que lleva a cabo Santiago García López, donde sus críticos no son convocados y solo tienen cabidas críticas ‘light’ e insulsos discursos del tipo “únete a los optimistas” y “sonríe y la fuerza estará contigo”, levantará sus bonos, convencerá a quienes lo cuestionan y se convertirá en el dirigente que necesita un partido derrotado, maltrecho y dividido?

Ayer, la gira pasó por León, y un primer dato saltó a la vista. Fue más exitosa en el poder de convocatoria la alcaldesa con licencia Bárbara Botello que el propio jefe estatal tricolor.

Claro, Santiago no necesitaba multitudes para la autocomplacencia y las fintas de supuesta apertura que quiere obtener en esta gira. Pero eso que está haciendo no puede tomarse como un diagnóstico real de la situación que vive el partido.

Tampoco lo sería si convida a sus críticos a esas tertulias porque aquello terminaría como una carnicería y en un espectáculo mediático que mucho agradaría a periodistas porque desnudaría al PRI, pero que tampoco serviría como revulsivo para este partido.

En realidad, Santiago ni siquiera necesita estas giras de justificación y petición de clemencia. Por lo menos, no las requiere para quedarse en el cargo. El PRI es un partido acostumbrado al verticalismo en las decisiones.

García López tiene un seguro de vida política por lo menos mientras dura el proceso de renovación de la dirigencia nacional pero además juega a su favor el tema estatutario. Ganó una elección interna y no lo pueden echar fácilmente.

Tarjeta roja directa

Pero ese no es el tema. La pregunta de fondo es qué le puede abonar a la resurrección del PRI en Guanajuato un político como Santiago García que, como algunos de sus antecesores, fue sectario en sus decisiones, excluyente a más no poder.

El ‘agandalle’ fue la marca  de la casa en campaña en la definición de candidaturas. Algunos de quienes lo critican tampoco tienen mucha autoridad moral para hacerlo porque cuando les tocó dirigir y formar parte de quienes tomaban las decisiones, lo hicieron de la misma manera.

Y ese ha sido el gran pecado del PRI de los últimos 20 años en Guanajuato. Salvo algunos pasajes muy cortos, el tricolor no ha sabido procesar sus diferencias.

Los que se quejan de la antidemocracia y la exclusión hoy, son los que ayer se despechaban con la cuchara grande y no hay partido político que no caiga en esos vicios pero en el PRI los daños se han maximizado porque han tenido pocos espacios de poder en Guanajuato.

En el PAN guanajuatense también se han agarrado de la greña bien y bonito las corrientes y tribus pero finalmente, a casi todos les tocan espacios de poder y eso le da cierta estabilidad a los conflictos.

En el PRI hay épocas en que unos se llevan los pocos espacios que rescatan en las elecciones y el resto se queda con las manos vacías. El fuego amigo entonces, es inmisericorde y las venganzas suelen ser implacables.

García López repartió candidaturas y espacios nomás para los suyos como en su momento lo hicieron los wintilistas o los arroyistas. Pero además, Santiago tiene un serio problema: Su fuerte dependencia de Gerardo Sánchez García quien por cierto no ha aparecido en esta crítica hora tricolor.

“Dejemos de criticar, de culparnos, de buscar culpables y de preguntar porqué perdimos la elección. He escuchado comentarios tan absurdos como que vendimos la estructura estatal del partido”, dijo ayer Santiago García en su intervención luego de escuchar a priistas leoneses.

“Dejemos a un lado la división y las críticas que nos desgastan y nos dividen”, dijo en otro pasaje de su discurso, el jerarca tricolor quien comentó que no se explicaba cómo es que habían perdido León cuando las encuestas no vaticinaban la catástrofe que ocurrió aquí.

No personalizó. No habló de Ángel Córdova en lo particular ni de los problemas con el partido Verde. Todo el objetivo era justificar el resultado y salvar el pellejo.

En la mesa principal le acompañaron puros barbaristas (Martín Ortiz, Verónica García Barrios y Luis Aviña). Algunos le cuestionaron en redes sociales a José Pedroza la exclusión y el hecho de que invitara a puros cuates.

Pero Pedroza tiene poco margen de maniobra. Él solo cumple instrucciones e invitó a quienes le dijeron. No se trataba de poner en el altar de sacrificios a Santiago que cerró su discurso con el candor a flor de fiel: Vamos por el gobierno del estado en 2018. Ternurita.

 Contra las cuerdas

No puede ni debe ser anecdótica la queja que hizo el gobernador Miguel Márquez sobre la intermitente presencia de miembros de la Gendarmería nacional en Guanajuato. Es un asunto de fondo y de forma.

De fondo porque es parte de un proyecto de mejoramiento de la estrategia de seguridad en el país y porque Márquez ya se había quejado de manera más enérgica hace algunos meses.

Esta semana lo hizo pero suavecito, como para no incomodar al gobierno federal. “Vienen y se van los de la Gendarmería y ya no sé. Salvo eso, en lo demás hay gran coordinación con la Federación”.

Ojo, no es una queja de cualquier diputado o senador. Es el gobernador de un estado. Acaso no merece una explicación más clara o mejor dicho, no tendría que ser más contundente Márquez con su reclamo? De vez en cuando viene bien perder un poco las formas.

 

GRILLA Miguel Zacarias

El (des) encanto por la alternancia

La ruptura de hegemonías políticas en nuestro país nos ha dado suficientes muestras de que el encanto por la alternancia en los partidos que gobiernan, puede durar un suspiro entre los votantes que de inmediato pueden quitarle ese respaldo mayoritario que dieron en las urnas a quienes representaron opción de cambio.

Esta semana se cumplieron 15 años de que Vicente Fox ganó la presidencia de la República y tres de que Bárbara Botello ganó la alcaldía en León.

Fox terminaba con el reinado del PRI, que durante más de 70 años había gobernado el país de manera  ininterrumpida; mientras tanto, Botello en León tumbó al PAN que había acumulado ocho trienios de una hegemonía que parecía infranqueable.

En ambos casos, los ciudadanos manifestaron primero su desencanto y luego su voto de castigo en las urnas. En el caso de Vicente Fox lo resintió en la elección intermedia de 2003 cuando el PRI recobró la mayoría en el Congreso de la Unión y puso contra las cuerdas al mandatario en la segunda mitad de su sexenio.

Todavía le alcanzó al PAN para ganar apretadamente la presidencia de la República en 2006, pero en sí misma, la emoción por el cambio que había prometido el entonces bronco y echado para adelante político guanajuatense, duro muy poco.

El exgobernador de Guanajuato, primer gran producto de la mercadotecnia política en la era moderna en el país, decepcionó a quienes ponían grandes esperanzas en él y dio la razón a quienes lo veían como un político de pocas ideas, pero sorprendió a todos cuando su determinación se fue diluyendo en frivolidades y chabacanerías.

Mientras tanto, en León la esperanza que depositaron miles de leoneses en la abogada priista Bárbara Botello se convirtió en decepción tres años después cuando los electores determinaron rápidamente que la oportunidad para el PRI se había esfumado.

Desde luego que acá se pueden argüir otros factores como el candidato que se designó y la división entre los partidos que lo postularon, pero la forma en que se vino abajo la calificación de este gobierno que prometía ‘cambio tranquilo’, fue impresionante a partir del primer año de la administración.

Guardando las debidas proporciones, Fox y Botello se convirtieron en dos fenómenos de mercadotecnia política que fueron exitosos gracias a sus respectivas personalidades que pudieron remontar las limitaciones de sus respectivos partidos que por sí solos no tenían fuerza ni estructura para derrotar a sus adversarios.

La forma en que dilapidaron ese bono de la alternancia fue tan sorprendente como la victoria que fraguaron.

La imagen del día

Diputados federales: Recursos inoperantes y solo para el ego de cada quien

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La realidad sobre el destino de los recursos que recibe directamente cada diputado federal para hacer obras en su distrito o en su estado, dista mucho de la efectividad según detalló hace unos días la Tesorería municipal de León.

En otras palabras, una cosa es el ‘blof’ de los legisladores cuando anuncian a dónde destinarán los recursos que, de unos años a la fecha, les etiquetan en el presupuesto federal para darles el papel de gestores y otra lo que realmente aterriza entre sus representados.

Le hablo de esos 10 o 15 millones de pesos que cada diputado federal dispone en el presupuesto para gestionar obra que tenga que ver con educación, cultura y deporte. Es decir, obras para que los diputados se levanten el cuello como gestores.

En el caso de León, por ejemplo, según datos del gobierno municipal, de los 70.2 millones que diputados federales registraron para León este 2015, 25%, es decir 17.5 millones, los ejecuta el Municipio; otros 15, asociaciones civiles y los 37.4 millones restantes que representan el 53% lo hace la entidad.

Pero por ejemplo, del dinero que se ejecuta directamente a través del Municipio, sólo el 48% del recurso corresponde a obras factibles mientras que el restante 52% se destina para obras, medianamente factibles o sin factibilidad.

Se estima que estas proporciones son similares en el resto de los recursos que se aplican por el Estado o por organizaciones civiles.

Más allá de lo cuestionable que puede ser que de origen, se pulverice de esa manera el recurso federal (son 500 diputados con 10 millones de pesos cada uno que suman 5 mil millones de pesos del presupuesto), hay un serio problema para ejecutar ese dinero.

Y no hablamos de dolo, mala intención o corrupción. El diputado quiere cubrirse de gloria, promoviendo una pequeña obra pero esta debe tener proyecto ejecutivo, ser viable y tener suficiencia presupuestal.

El diputado Francisco Arroyo aportó 5 millones de pesos para la plaza de Gallos en León que son insuficientes para esa obra; la autoridad tiene que aportar para completar. El año pasado, los diputados Juan Carlos Muñoz, Liz  Vargas, Rosa Elba Pérez y Diego Rodríguez destinaron 31 millones a León, pero ni siquiera 10 se pudieron ejecutar porque el resto iban a recursos inviables. Sólo los proyectos del actual secretario de Desarrollo Social resultaron válidos.

Sirvan estos ejemplos para confirmar que la buena voluntad no es suficiente en política. Una cosa es lo que se promete y otra cosa lo que se ejecuta. Hay que darle orden, planeación y, por supuesto, sintonía política. ¿Será mucho pedir o seguiremos viendo diputados que se sacan la foto con el cheque y al final del ejercicio, recursos que se devuelven porque se trata de proyectos inviables?