Óscar Jiménez

León.-“Cuando empezó a salir en la radio que supuestamente habían visto una nave, yo tendría unos 17 o 18 años, y todos corrimos”, cuenta Concha Moreno, que ahora, paradójicamente, vive encumbrada en una casona de la Mesa de Ibarrilla.

Desde ahí, recuerda aquella primera ocasión en la que se habló de Objetos Voladores No Identificados (OVNI) en la ciudad, durante la noche del viernes 10 de abril de 1987. Al momento, se generó alarma para algunos que comenzaron la escalada al cerro en autos e, incluso, acampaban con la intención de ver algo. Otros más incrédulos, desde el primer momento se unieron a las versiones oficiales que señalaban sólo una quema de pastizal por la zona.

“Por aquí, todos tienen una historia (…) en las pláticas, las personas mayores comentan que sí aterrizaron”.

En aquel momento, el ahora ufólogo Carlos Vivero Chicurel comenzaba a estudiar el fenómeno. Ahora, con 45 años de estar inmerso en el tema, recuerda cómo fue que aquella experiencia de abril cambió el rumbo de la ciudad leonesa.

“Haciendo preguntas, me encontré que antes de esa hora ya habían existido avistamientos; un doctor del centro de la ciudad me dijo que a las 20:00 horas había visto un objeto triangular que ya viajaba hacia aquella parte, la zona norte de la ciudad. Era curioso porque decía que era transparente y se podían ver las estrellas por ahí”, cuenta Carlos Vivero, al recordar los hechos.

Luego, Carlos tendría un programa de radio que duraría 16 años al aire en la ciudad. Desde ahí, recordó en múltiples ocasiones los hechos que le habían tocado presenciar: al día siguiente, acudió al lugar y se encontró con pastizal quemado, mucho barullo entre los lugareños y que la noticia ya estaba por todos lados, hasta en los grandes noticieros nacionales. León era el centro del mundo.

Se convirtió en un parteaguas

“¿OVNIS en León…?, bueno, muchos así lo creen”, se cabeceaba así una de las notas principales de un periódico en la localidad. En ella, se hacía alusión a los testigos que mencionaban luces brillantes, particularmente de color amarillo.

“Entre ellos, numerosos automovilistas insistieron en que se habían avistado varios OVNIS, incluso hubo quien aseguró que ‘eran ocho’”, se relataba en aquella nota, de la que se guarda una copia en el Archivo Histórico de León.

Esta situación generó que la ciudad se volviera una “romería”, como lo describe Carlos Vivero, pues los taxistas ya también aprovechaban la situación: ofrecían a los visitantes de la central camionera el recorrido por la zona “donde se aparecieron los OVNIS”, y por ello cobraban un buen ‘agosto’.

“Yo sí recuerdo que, con mi grupo, encontré el pastizal quemado, vimos que había huellas como si fueran de pollo, pero más grandes —como de 80 centímetros— y que sí eran de tres dedos. No nos podemos basar en eso, pero sí son datos que nos llevaron”, recuerda Carlos, que entonces percibía el fenómeno OVNI como algo ‘tabú’ en la ciudad. “Ahora ya es un juego de niños, pero en aquel entonces no era así”.

“Hay quienes hasta aseguran que los vieron, pero… ¿son en verdad OVNIS?”, señalaba una nota periodística de un medio local durante días posteriores, donde también se narra la psicosis generalizada en la ciudad por ver de cerca a los “platillos voladores”.

En ese espacio, el periodista Refugio Pedroza y el fotógrafo Mario Padierna reportaron lo que entonces pasaba: “en una auténtica controversia, se ha trasformado el caso del supuesto OVNI avistado en el norte de la ciudad”.

Foto: Archivo Histórico de León

Por los siguientes días también se confundían los faros de los autos que subían, los reflejos de la luz y diversas situaciones con la aparición de objetos no identificados por el hombre.

Al final, de aquella ocasión no existen registros fotográficos ni confirmaciones con fundamento científico que lo respalden… más que las voces ciudadanas que le recuerdan.

“Ya con el paso del tiempo, las versiones se desvirtúan, y ya no tienen ningún fundamento científico”, reconoce Carlos, “Nadie me ha mostrado una foto de Ibarrilla, no hay, no existen. Cuando yo acudí, encontramos a un fotógrafo que estaba tomando fotos de una boda y nos lo llevamos, pero me dijo que el rollo se echó a perder o nunca me las quiso dar. Pero si acaso eran puntitos lo que se podría ver”.

ndr